La Autoridad Bancaria Europea (EBA) ha pedido a los 110 mayores bancos de la eurozona que evalúen mediante test de estrés inversos cuáles serían los impactos geopolíticos capaces de erosionar severamente su capital, hasta 300 puntos básicos de CET1. A diferencia de los test tradicionales que aplican un escenario común, esta vez son las propias entidades las que identifican las condiciones que podrían poner en riesgo su solvencia utilizando sus propios modelos.
Aunque cada banco mantendrá en secreto su evaluación, la EBA publicará datos agregados por países en julio. Este enfoque refleja la creciente incertidumbre global, con conflictos abiertos entre EE.UU. e Irán, la guerra en Ucrania y Gaza, y tensiones comerciales internacionales que amenazan la estabilidad económica.
Los bancos más resistentes serán aquellos capaces de soportar escenarios particularmente adversos, pero partiendo de una situación ya compleja. En este contexto, las entidades españolas parecen estar en una posición relativamente sólida por su robusto modelo de negocio, capitalización holgada y limitada exposición a las zonas en conflicto, según fuentes financieras. Sin embargo, BBVA destaca por su presencia en Turquía, que supone alrededor del 8% de sus resultados.
Estos ejercicios de estrés no conllevarán cambios inmediatos en los requisitos de capital, que se han triplicado desde la crisis de 2007, pero sí influirán en las revisiones anuales que el Banco Central Europeo (BCE) realiza sobre cada entidad, especialmente en la normativa Pilar 2R que regula las exigencias adicionales de solvencia. El informe de PwC señala que estos resultados serán valorados junto a los del test genérico de 2023, que por primera vez incorporó riesgos geopolíticos y en el que los bancos españoles mostraron buena resistencia.
En dicho test, bajo un escenario adverso con fuerte contracción económica, subida del desempleo, descenso de precios inmobiliarios y alta volatilidad, la destrucción de capital CET1 fue de 198 puntos básicos para la banca española, significativamente inferior a la media europea de 389 y mucho menor que la de bancos italianos, franceses o alemanes.
El BCE insiste en que las entidades deben integrar el riesgo geopolítico en su gestión diaria para adaptarse a esta nueva realidad. La inestabilidad global no solo eleva el riesgo crediticio, sino que también incrementa amenazas como ciberataques y riesgos operativos. Por ello, recomienda a los bancos evaluar la viabilidad de sus operaciones en determinados países, analizar sus dependencias en cadenas de suministro y posibles concentraciones sectoriales.
Además, insta a prepararse para escenarios extremos que podrían obligar a desinvertir o segregar ciertas exposiciones o unidades de negocio para proteger la solvencia. Así, la banca europea debe adaptarse a un entorno cada vez más volátil y complejo, donde el riesgo geopolítico puede impactar de forma directa en la estabilidad financiera.
Estas medidas no solo reflejan una evolución en la supervisión bancaria, sino también un reconocimiento de que los conflictos y las tensiones políticas internacionales tienen un efecto tangible en las finanzas y deben gestionarse como un elemento estructural, no puntual, en la estrategia de los bancos.
Además, estas evaluaciones permiten identificar vulnerabilidades específicas y promover planes de contingencia para mitigar posibles pérdidas, garantizando que el sistema financiero europeo pueda resistir choques externos derivados de la inestabilidad global.
Para más información sobre la supervisión del BCE y los test de estrés, puede consultarse el sitio oficial del Banco Central Europeo y el informe de la Autoridad Bancaria Europea.