La guerra en Irán ha sacudido el mercado energético mundial con una violencia que no se veía desde el covid. La Agencia Internacional de la Energía acaba de publicar su informe mensual de marzo con una conclusión demoledora: por primera vez desde 2020, la demanda global de petróleo podría contraerse este año, no por un parón económico, sino por el encarecimiento brutal del crudo derivado del cierre del estrecho de Ormuz.
El dato de partida es histórico. En marzo, la producción de petróleo se desplomó en 10,1 millones de barriles diarios, la mayor caída jamás registrada, después de que Arabia Saudí, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos se vieran obligados a paralizar su actividad. Por ese estrecho transitaba hasta hace pocas semanas cerca del 20% del petróleo y el gas que consume el planeta. Con el paso cerrado, las exportaciones del Golfo Pérsico prácticamente se han evaporado, y la AIE ya anticipa que las pérdidas de suministro serán aún mayores en abril.
La agencia maneja ahora un escenario central que ella misma admite podría ser "demasiado optimista": el consumo mundial retrocedería en unos 80.000 barriles diarios este año, hasta una media de 104,26 millones de barriles diarios, con el peor momento concentrado en el segundo trimestre, cuando la media caería a 102,1 millones. Si el conflicto se prolonga, la destrucción de demanda podría alcanzar los cinco millones de barriles diarios entre el segundo y el cuarto trimestre respecto al año anterior. "Los mercados energéticos y las economías de todo el mundo deben prepararse para importantes perturbaciones", avisa el organismo.
Incluso si el conflicto terminara hoy, la recuperación no sería inmediata. La AIE estima que podría recuperarse la mitad de la producción paralizada en dos semanas y llegar al 80% en un mes más, pero el 20% restante tardaría más tiempo en volver a funcionar. Asia es la región más expuesta, dado su alto grado de dependencia del crudo del Golfo: si en mayo no se ha normalizado el suministro, las refinerías asiáticas podrían quedarse literalmente sin crudo para procesar.
Europa, en el punto de mira por el combustible de aviación
La advertencia que más puede impactar a los europeos tiene que ver con el transporte aéreo. Según la AIE, Oriente Próximo suministra habitualmente unos 375.000 barriles diarios de combustible para aviones a Europa, el equivalente al 75% de las importaciones netas del continente. Aunque las reservas actuales ofrecen un colchón del 20%, el organismo calcula que si Europa no logra asegurar al menos la mitad de los volúmenes perdidos desde esa región, las reservas podrían caer a un nivel crítico de 23 días tan pronto como en junio, justo en plena temporada alta de vuelos.
Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, señaló este lunes que los mercados de futuros todavía no recogen en su totalidad la gravedad de la situación, aunque los precios de los contratos a plazo ya han registrado subidas sin precedentes en marzo. La agencia insta a Europa a buscar con urgencia fuentes alternativas de suministro de queroseno antes de que empiece el verano, ya que la competencia mundial por hacerse con el combustible disponible se va a recrudecer en los próximos meses.
El escenario que dibuja la AIE combina así menor oferta, menor demanda y precios más elevados, una combinación que amenaza tanto a la actividad económica como a sectores concretos como la aviación o la industria petroquímica. Las estimaciones de la agencia resultan además más pesimistas que las publicadas un día antes por la OPEP, lo que da una idea de la magnitud del desafío al que se enfrenta la economía global mientras el conflicto siga abierto.