La selección femenina de baloncesto de España tiene una cita clave este verano: el Mundial que se disputa en Berlín entre el 4 y el 13 de septiembre de 2026. La ausencia en la edición anterior de 2022 rompió una racha histórica de tres podios consecutivos (bronce en 2010 y 2018, plata en 2014). Ahora, con un equipo renovado bajo la dirección de Miguel Méndez, la Federación Española de Baloncesto (FEB) aspira a recuperar ese nivel y soñar de nuevo con estar entre las mejores.
El seleccionador nacional ha confeccionado una lista inicial de 21 jugadoras, incluyendo un balance entre veteranas de reconocido prestigio y promesas emergentes que han demostrado rápido progreso en competiciones internacionales. Entre esas jugadoras destacan nombres como Alba Torrens, Raquel Carrera o Maite Cazorla, junto a jóvenes talentos como Iyana Martín o Aina Ayuso. La extensión de la convocatoria responde a la situación de varias jugadoras comprometidas en la WNBA, cuya temporada finaliza pocos días antes del Mundial. Tras las evaluaciones previas, el equipo definitivo se reducirá a una docena para el inicio de la competición.
España encara el torneo dentro del grupo A, junto a Alemania —país anfitrión—, Mali y Japón. El debut será el 4 de septiembre frente a las alemanas a las 17:45 horas. La intención manifiesta del cuerpo técnico es terminar líderes de grupo para evitar la ronda preliminar de eliminación directa que complicaría el camino hacia las medallas. En caso de avanzar, España podría enfrentar en cuartos de final a Bélgica o Australia, con la posibilidad de cruzarse en semifinales ante la todopoderosa selección estadounidense.
Las estadounidenses parten como grandes favoritas, habiendo ganado las cuatro últimas ediciones y seis de las siete celebradas en los últimos años. Se espera que presenten un equipo repleto de estrellas, muchas con presencia en la WNBA, lo que aumentará la exigencia para el combinado español.
El Mundial presenta además tres grupos más: el B, con Hungría, Corea del Sur, Nigeria y Francia; el C, con Bélgica, Australia, Puerto Rico y Turquía; y el D, que incluye a Estados Unidos, China, Italia y República Checa. Algunos formatos nuevos implican que solo los primeros de cada grupo avanzan directamente a cuartos, mientras que segundos y terceros deben disputar una ronda previa, y los cuartos clasificados quedan eliminados.
La preparación de España para esta competición incluye concentraciones desde el 4 de agosto y la participación en tres torneos amistosos en Alemania, Tenerife y Zaragoza. Estas pruebas sirven para ajustar el rendimiento del equipo y afianzar la química entre las jugadoras.
Miguel Méndez se mostró optimista sobre el potencial del equipo: “Las expectativas son máximas. Nos enfrentamos a un torneo de gran nivel tras varios años sin disputar esta competición, aunque hemos medido fuerzas contra las mejores en Juegos Olímpicos. Vamos con el objetivo de ganar cada partido independientemente del rival”.
Por su parte, Elisa Aguilar, presidenta de la FEB, destacó que España llega como subcampeona de Europa en las últimas dos ediciones (2023 y 2025), con una base sólida y un relevo generacional que promete mantener el alto nivel del baloncesto femenino español.
El Mundial de Berlín representa una oportunidad para que España demuestre que la transición generacional está dando frutos y que la selección puede volver a pelear por un lugar en el podio internacional.