Arsenal está en semifinales de la Champions League. El conjunto londinense selló su pase a la última ronda previa a la final con un empate a cero ante el Sporting CP en el Emirates Stadium, resultado que le bastaba tras el partido de ida. Mikel Arteta logra así meter al club por segundo año consecutivo entre los cuatro mejores equipos de Europa, algo que el Arsenal no conseguía desde la temporada 2008-2009, cuando llegó a esas mismas semifinales.
El choque del martes fue un reflejo bastante fiel de lo que ha sido el Arsenal en los últimos tramos de esta temporada: un equipo que sabe gestionar, que no se viene abajo, pero que también ha perdido parte de la intensidad y la claridad en el juego que mostraba meses atrás. Ante un Sporting que necesitaba remontar para seguir vivo en la competición, los gunners se limitaron a no arriesgar, a mantener el orden defensivo y a dejar que el tiempo corriera a su favor. El objetivo estaba claro desde el pitido inicial: no conceder.
El Sporting intentó proponer desde el principio, consciente de que la eliminatoria requería atacar sí o sí. Los portugueses tuvieron el balón en varios tramos del partido y buscaron espacios por las bandas, pero su capacidad para generar ocasiones claras fue muy limitada. Cada vez que llegaban a zonas de peligro, encontraban una defensa bien organizada y sin fisuras aparentes. El equipo de Rúben Amorim, que dejó el banquillo del Sporting a mitad de temporada para hacerse cargo del Manchester United, no pudo aprovechar la cita europea más importante de su temporada.
En el otro lado, el Arsenal tampoco brilló con luz propia en ataque. Las ocasiones fueron escasas para ambos equipos, y el partido no pasó de ser un trámite para los locales. Los hombres de Arteta tuvieron el partido perfectamente controlado en lo táctico, pero el nivel colectivo estuvo muy por debajo del que mostraron en el tramo inicial de la competición, cuando golearon al Atlético de Madrid en el Metropolitano en la fase de grupos de octubre.
Ese Arsenal de octubre era un equipo diferente: más vertical, más intenso, capaz de presionar alto y de crear situaciones de peligro constantes. El que se vio el martes en el Emirates fue una versión más conservadora, que parece haber perdido algo de frescura a medida que avanzaba el curso. No es un diagnóstico nuevo: varios analistas y medios especializados llevan semanas señalando que el rendimiento del equipo ha bajado con respecto al inicio de temporada.
En cualquier caso, el pase está conseguido. Y el premio es mayúsculo: en semifinales espera el Atlético de Madrid, que eliminó a su rival en los cuartos de final. El cruce entre ambos equipos promete ser uno de los duelos más atractivos de esta fase, precisamente porque ya se midieron en la Champions esta misma temporada y el recuerdo del Arsenal es doloroso para los colchoneros: los ingleses ganaron con claridad en el Metropolitano en aquel encuentro de la liga de grupos.
Ahora bien, el Atlético de Simeone en semifinales es un animal diferente. El Cholo lleva años demostrando que su equipo aparece cuando más importa, especialmente en eliminatorias directas de Champions. La experiencia del conjunto rojiblanco en este tipo de cruces contrasta con la de un Arsenal que vuelve a estas cotas casi dos décadas después. La presión, el ambiente y el peso histórico jugarán un papel relevante en ambas eliminatorias.
Arteta, por su parte, tiene motivos para estar satisfecho. Llevar al Arsenal a dos semifinales de Champions consecutivas no es un logro menor, y la solidez defensiva mostrada ante el Sporting es una prueba de que el equipo tiene argumentos para competir en la élite europea. El reto ahora es recuperar la mejor versión del equipo antes de medirse al Atlético. Según recogen las estadísticas de UEFA para esta Champions League, el Arsenal es uno de los equipos menos goleados de la competición en lo que va de torneo, un dato que refleja la solidez de su bloque defensivo. El partido de ida de las semifinales definirá en buena medida las posibilidades reales de llegar a la final.