Un empresario finlandés ha recibido una multa de 120.000 euros por exceso de velocidad en una zona urbana. No iba a 200 km/h por una autopista ni se saltó un control policial: circulaba a 59 kilómetros por hora por las calles de Mariehamn, la capital del archipiélago de Åland, donde el límite permitido es de 30 km/h. Duplicó la velocidad máxima, sí, pero lo que convierte este caso en noticia global no es la infracción en sí, sino la cuantía de la sanción y el sistema legal que la hace posible.
El multado es Anders Wiklöf, uno de los empresarios más conocidos y acaudalados de Åland, una región autónoma sueca de Finlandia situada en el mar Báltico. Cuando los agentes le pararon, Wiklöf admitió ante el diario local Nya Åland que conducía demasiado rápido y que no tenía intención de recurrir la sanción. Sus palabras fueron directas: reconoció el error, dijo que los policías se limitaban a hacer su trabajo y zanjó el asunto. Sin apelaciones, sin abogados, sin excusas.
Cómo funciona el sistema de días-multa en Finlandia
El caso llama la atención porque, en la mayoría de países europeos, una multa de tráfico tiene un importe fijo que varía en función de la gravedad de la infracción, no de quién la comete. En España, por ejemplo, superar el límite de velocidad en más del doble en zona urbana puede acarrear sanciones de entre 400 y 600 euros, con posible pérdida de puntos en el carné.
Finlandia funciona de manera radicalmente distinta. El país nórdico aplica un sistema conocido como "días-multa" (päiväsakko en finés), que vincula el importe de la sanción a los ingresos netos del infractor. El cálculo toma como referencia la renta declarada del conductor, divide su salario diario neto entre dos y multiplica el resultado por un número de días determinado según la gravedad de la infracción. Cuanto más ganas, más pagas por cometer exactamente la misma falta.
Este mecanismo no es exclusivo de Finlandia. Países como Suecia, Dinamarca, Alemania o Suiza también contemplan sanciones proporcionales a la renta en algunos ámbitos del derecho, aunque con distintas variantes. La lógica detrás del modelo es que una multa fija tiene un impacto económico muy desigual: 600 euros suponen un golpe significativo para alguien que gana 1.200 euros al mes, pero son apenas perceptibles para quien ingresa 30.000 euros mensuales. El efecto disuasorio, en teoría, debería ser equivalente para todos si la sanción es proporcional.
El debate sobre equidad y seguridad vial
El caso de Wiklöf reabre un debate que no es nuevo pero que pocas veces alcanza esta visibilidad. ¿Es justo que dos conductores que cometen exactamente la misma infracción paguen cantidades radicalmente diferentes? Desde el punto de vista de la equidad económica, el argumento a favor del sistema proporcional tiene peso: si el objetivo de la multa es que duela lo suficiente como para modificar el comportamiento, parece razonable adaptarla a la capacidad de pago.
Sin embargo, desde la perspectiva de la seguridad vial, el argumento se complica. La peligrosidad de circular a 59 km/h donde el límite es 30 es idéntica independientemente de cuánto cobra el conductor. El riesgo para los peatones y otros vehículos no varía según la nómina del infractor. Algunos expertos en movilidad apuntan que el sistema proporcional puede generar la percepción de que la ley trata de manera diferente a ciudadanos iguales ante la misma infracción, aunque el objetivo final sea precisamente el contrario.
Finlandia lleva décadas aplicando este modelo y los datos generales de seguridad vial del país se encuentran entre los mejores de Europa, con tasas de mortalidad en carretera muy por debajo de la media comunitaria según las estadísticas de la Comisión Europea sobre transporte. Eso no demuestra por sí solo que el sistema de días-multa sea la causa directa de esos resultados, pero sí indica que el modelo no ha impedido que Finlandia sea uno de los países más seguros para circular.
En cualquier caso, el episodio de Wiklöf ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda que los legisladores de muchos países evitan: ¿debería el importe de una multa de tráfico depender de lo que ganas? La respuesta, al menos en Finlandia, lleva décadas siendo que sí. Y a juzgar por la reacción del propio multado, que aceptó el cargo sin rechistar, parece que incluso quienes pagan las sanciones más altas lo asumen como parte de las reglas del juego.