Las dos primeras semanas de abril de 2026 han dejado oscilaciones térmicas de hasta 20 grados en cuestión de horas, con caídas bruscas seguidas de ascensos igual de rápidos. Ese comportamiento errático ha generado una pregunta concreta entre meteorólogos y ciudadanos: ¿estamos ya en el camino definitivo hacia el verano o cabe esperar más episodios fríos? La respuesta, aunque no es categórica, apunta en una dirección bastante clara.
El primer elemento que condiciona el análisis es la previsión estacional de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), que sitúa abril, mayo y junio en el tercil superior de temperaturas para la península ibérica. Esto significa que, estadísticamente, es más probable que los tres meses sean más cálidos de lo habitual que lo contrario. La previsión estacional no es infalible —enero de 2026 sorprendió con temperaturas por encima de lo esperado en algunas zonas—, pero sí ofrece una orientación general que ha demostrado solidez en los últimos años.
A eso se suma la transición en curso hacia el fenómeno de El Niño. Su impacto directo sobre España es más ambiguo que en otras regiones del planeta y se manifiesta sobre todo en las precipitaciones, pero los registros recientes apuntan a que también actúa como un factor adicional a favor de las temperaturas elevadas. No es un determinante absoluto, pero refuerza la tendencia que ya marcan otros indicadores.
El chorro polar es, en este contexto, la principal variable que podría alterar el escenario. Abril es históricamente el mes en que este flujo de vientos en altura presenta mayor ondulación, lo que puede provocar intrusiones de aire frío procedente del Atlántico norte. Sin embargo, los episodios que pudieran producirse serían, según los modelos disponibles, cada vez más cortos y menos intensos. El margen para un golpe de frío significativo se estrecha a medida que avanza la primavera.
El dato que lo cambia todo
Más allá de las previsiones a corto plazo, hay un hecho que pone en perspectiva todo lo anterior. Según los registros de la AEMET, el último récord de temperatura mínima en la España peninsular se registró la noche del 2 al 3 de abril de 2022. Desde esa fecha, en cuatro años, no se ha producido ningún nuevo récord de frío. En el mismo período, en cambio, se han contabilizado alrededor de 100 récords de calor.
Esa asimetría no es normal ni esperable en condiciones climáticas estables. En un clima sin señal de cambio, lo lógico sería observar un equilibrio aproximado: unos cinco récords de frío y cinco de calor por año, lo que equivaldría a unos 20 de cada tipo desde enero de 2022. La realidad es que solo se han producido dos récords fríos —ambos en abril de ese mismo año— frente al centenar de cálidos. Esta divergencia es, en sí misma, uno de los indicadores más elocuentes del cambio climático aplicado al territorio español.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ha documentado en sus informes que la reducción en la frecuencia e intensidad de los episodios de frío extremo es una de las señales más consistentes del calentamiento global en latitudes medias. España, por su posición geográfica y sus características orográficas, está entre los países europeos más expuestos a estas transformaciones.
Qué cabe esperar de aquí al verano
Con todos estos elementos sobre la mesa, el escenario más probable para las próximas semanas es el de una primavera con temperaturas por encima de la media, interrumpida puntualmente por episodios de descenso térmico que no alcanzarían la intensidad de los registrados en años anteriores. La variabilidad que caracteriza a abril no desaparece de golpe, pero su impacto real sobre el cómputo global del mes tiende a ser menor.
Lo relevante no es tanto lo que ocurra en los próximos días como la dirección general que marcan los datos acumulados. España es, en términos estadísticos, un país cada vez más cálido. Las olas de frío no han desaparecido del todo, pero se han vuelto menos frecuentes, menos intensas y más breves. Ese proceso, que lleva años en marcha según los registros históricos de la AEMET disponibles en su portal de climatología, es el contexto en el que hay que interpretar cada oscilación térmica de la primavera de 2026.