La tensión geopolítica en Oriente Próximo ha sacudido los mercados durante las últimas semanas, pero desde Ibercaja Gestión —cuarta gestora española por patrimonio, con 33.000 millones de euros bajo gestión— piden no dejarse llevar por el pánico ni por el optimismo excesivo. Beatriz Catalán, directora de inversiones de la firma, reconoce que ha observado a muchos inversores tratando de reducir posiciones o buscar activos refugio, una reacción que considera, en muchos casos, contraproducente.
En su opinión, los eventos geopolíticos rara vez cambian el patrón económico de fondo, por lo que la respuesta adecuada suele ser mantener la calma y permanecer invertido. La aparición de una tregua en el conflicto ha impulsado una recuperación de los mercados, pero Catalán advierte de que no conviene pasarse al otro extremo. La crisis no está completamente resuelta y el precio del petróleo, clave en esta corrección, tardará en volver a los niveles anteriores: estima que el barril podría mantenerse entre los 80 y los 85 dólares antes de regresar al rango de los 60-70 dólares.
Pese a la cautela general, la responsable de inversiones de Ibercaja Gestión sí identifica sectores que han quedado atractivos tras las caídas. El financiero encabeza su lista: los bancos españoles ofrecen buenos ratios de solvencia, se benefician de una curva de tipos al alza y operan en un entorno macroeconómico que no se ha deteriorado de forma significativa en España. No espera una remontada tan espectacular como la de 2025, pero sí un soporte de valoración sólido. También señala el sector industrial como otro segmento cíclico penalizado injustamente durante el episodio.
En cuanto al índice de referencia de la bolsa española, Catalán mantiene su previsión de que el Ibex 35 cierre 2026 con una subida de entre el 10% y el 15%, impulsada principalmente por el peso del sector bancario. A fecha de elaboración de este análisis, el índice acumula una revalorización superior al 4% en el año, aunque aún no ha recuperado los máximos cercanos a los 18.500 puntos anteriores al conflicto.
La cartera 60/40 ya no es suficiente
Uno de los mensajes más claros de la directiva aragonesa es que la diversificación ha sido la gran protagonista de este episodio. La cartera clásica compuesta por un 60% en renta variable y un 40% en renta fija ha sufrido considerablemente, ya que la subida del petróleo elevó las expectativas de inflación y presionó a la baja tanto las bolsas como los precios de los bonos. Incluso los metales preciosos, considerados activos refugio tradicionales, experimentaron caídas. Lo que sí funcionó fue tener exposición a materias primas.
Por ello, Catalán recomienda complementar la cartera estándar con una proporción de commodities y, sobre todo, apostar por una diversificación geográfica real. Las carteras deben ser globales: hay que buscar las mejores empresas estén donde estén, lo que implica tener tecnología a través de compañías estadounidenses y combinar banca española con banca norteamericana, por ejemplo.
Los bonos, una oportunidad a aprovechar
El repunte de las curvas de tipos provocado por la prima de inflación asociada al petróleo ha dejado las valoraciones de la renta fija en niveles que Catalán califica de muy atractivos. En su opinión, los mercados han descontado subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo que considera excesivas, lo que abre una ventana interesante tanto en deuda soberana como, especialmente, en crédito privado de calidad. Las empresas mantienen su rentabilidad y su capacidad de pago, por lo que la renta fija corporativa con buena calificación crediticia y plazos medios resulta especialmente interesante para el inversor más conservador.