Japón da un paso firme hacia la soberanía tecnológica en inteligencia artificial. SoftBank ha puesto en marcha un consorcio formado por nueve grandes empresas japonesas con el objetivo de desarrollar un modelo de IA fundacional de fabricación nacional, orientado al control autónomo de robots y maquinaria en entornos industriales. El proyecto, según adelanta Nikkei, apunta a tener resultados operativos antes de que acabe la década.
La alianza reúne nombres de peso del tejido empresarial japonés. Junto a SoftBank participan Sony y Honda Motor en representación del sector tecnológico y el automovilístico; NEC como referente en tecnología; los fabricantes de acero Kobe Steel y Nippon Steel; y tres de los bancos más grandes del país: MUFG Bank, Mizuho Bank y Sumitomo Mitsui Banking Corp. A este grupo se suma Preferred Networks, una de las firmas japonesas con mayor trayectoria en el desarrollo de inteligencia artificial, que será la encargada de construir el modelo en sí.
El foco de la iniciativa está en lo que la industria denomina IA física o embodied AI: sistemas capaces de percibir el entorno y actuar sobre él de forma autónoma, sin intervención humana constante. El objetivo declarado es acelerar la integración de la inteligencia artificial en las líneas de producción. Si el proyecto avanza según lo previsto, las primeras aplicaciones en fábricas japonesas podrían estar operativas en 2030.
Un modelo multimodal con ambiciones globales
Los detalles técnicos publicados hasta ahora ofrecen una imagen ambiciosa del modelo que se quiere construir. El consorcio aspira a que la IA resultante figure entre las más potentes del mundo, con capacidades multimodales que integren texto, imágenes, vídeo y audio. También se habla de una ventana de contexto de un billón de parámetros, aunque los propios promotores reconocen que estas especificaciones pueden cambiar conforme avance el desarrollo y evolucione el estado del arte.
En cuanto a la infraestructura necesaria, SoftBank tiene previsto habilitar un centro de datos en Japón dedicado exclusivamente a este proyecto. La instalación se ubicará en Osaka, en una antigua planta de fabricación de paneles LCD que perteneció a Sharp. La reconversión industrial de ese espacio en un centro neurálgico para la IA es, en sí misma, una declaración de intenciones sobre el tipo de transformación que Japón quiere liderar.
La distribución inicial del modelo se producirá entre las propias empresas del consorcio, pero el plan contempla abrirlo a terceros en una fase posterior. Aún no está decidido si ese acceso externo quedará restringido al mercado japonés o si el modelo se ofrecerá también a escala internacional, lo que podría convertirlo en un competidor directo de los modelos occidentales y chinos que actualmente dominan el sector.
El Estado, posible socio financiero
El proyecto no es exclusivamente privado. El gobierno japonés está evaluando la posibilidad de apoyar económicamente al consorcio dentro de un programa de cinco años con una dotación de hasta un billón de yenes destinada a iniciativas de inteligencia artificial. El consorcio tiene previsto solicitar estas ayudas en los próximos días, a la espera de que las autoridades den luz verde.
Esta implicación estatal encaja con la estrategia que Tokio lleva tiempo desarrollando para no quedarse rezagado en la carrera global por la IA. El gobierno japonés ha identificado la inteligencia artificial como una prioridad estratégica, especialmente en su aplicación industrial, un terreno en el que Japón tiene una ventaja histórica gracias a su tradición en robótica y manufactura de precisión.
La apuesta tiene también una lectura geopolítica. En un contexto en el que Estados Unidos y China compiten por el liderazgo en IA y en el que Europa trata de articular su propia respuesta regulatoria e industrial, Japón opta por construir capacidad propia en lugar de depender de modelos desarrollados fuera de sus fronteras. El control sobre la infraestructura, los datos y el modelo en sí mismo es una forma de autonomía estratégica que varios países están persiguiendo con distintas fórmulas.
Lo que distingue a esta iniciativa japonesa de otros intentos similares es la naturaleza del consorcio: no se trata de una apuesta estatal pura ni de una sola empresa tecnológica, sino de una coalición que abarca finanzas, industria pesada, electrónica de consumo y automoción. Esa diversidad sectorial sugiere que el modelo de IA que se desarrolle estará pensado desde el principio para casos de uso industriales muy concretos, lo que podría darle una ventaja competitiva frente a modelos de propósito general que luego se adaptan a entornos físicos con mayor dificultad.
Los plazos son largos y los detalles todavía escasos, pero la señal es clara: Japón quiere estar en la primera fila de la IA industrial, y lo hace con algunas de sus empresas más reconocidas apostando en bloque.