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La nuclear de Zaporiyia pierde suministro externo

Los generadores diésel de emergencia asumen el control tras desconectarse una línea de alta tensión de 330 kV.

Por Carlos García·martes, 14 de abril de 2026Actualizado hace 26 min·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: La nuclear de Zaporiyia pierde suministro externo · El Diario Joven

La central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa y la novena del mundo por capacidad instalada, volvió a situarse este martes en el centro de la preocupación internacional tras perder su conexión con la red eléctrica externa. Según informó la propia administración de la planta a través de su canal oficial de Telegram, una desconexión automática de la línea de alta tensión Ferrosplavnaya-1 de 330 kV dejó a las instalaciones sin suministro exterior, lo que obligó a activar los generadores diésel de emergencia para garantizar la seguridad de los reactores.

El incidente, aunque manejado de forma inmediata por los sistemas automatizados de la planta, reabre el debate sobre la fragilidad de las condiciones operativas en las que se encuentra esta infraestructura crítica desde que Rusia tomó el control físico del recinto en marzo de 2022, pocos días después de iniciar la invasión a gran escala de Ucrania. Desde entonces, el complejo ha protagonizado una decena de episodios similares en los que la conexión eléctrica externa ha quedado interrumpida, situaciones que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha catalogado repetidamente como de alto riesgo.

Los seis reactores de la planta llevan meses en estado de parada fría, lo que reduce considerablemente la cantidad de calor residual que hay que disipar. Sin embargo, incluso en esa situación, la refrigeración continua de los núcleos es imprescindible. Si los generadores diésel fallasen y no hubiera una fuente alternativa de energía, las consecuencias podrían escalar rápidamente hacia un escenario de fusión del núcleo, comparable en gravedad al accidente de Fukushima de 2011. Los generadores de respaldo tienen una autonomía limitada en función del combustible disponible, y su operatividad continua depende de un suministro logístico que, en zona de conflicto activo, no está garantizado.

El OIEA, organismo de Naciones Unidas encargado de supervisar la seguridad nuclear a nivel mundial, mantiene un equipo de inspectores en la planta de forma permanente desde septiembre de 2022. En sus informes periódicos, el organismo ha insistido en que la situación en Zaporiyia vulnera los siete pilares de la seguridad nuclear que cualquier instalación de este tipo debe cumplir. Entre las preocupaciones más recurrentes figuran precisamente la disponibilidad de energía externa, la integridad física del recinto y las condiciones laborales del personal técnico, que trabaja bajo control militar ruso.

La planta se construyó en la era soviética y entró en funcionamiento entre 1984 y 1995. Con sus seis unidades de 950 megavatios cada una, llegó a suministrar un quinto de la electricidad consumida en Ucrania antes de la guerra. Hoy no genera electricidad para ninguna red: su función se limita a mantenerse en un estado de parada segura mientras el conflicto armado continúa a su alrededor. La ciudad más cercana, Enerhodar, donde viven la mayoría de los trabajadores de la central, está bajo administración rusa desde los primeros compases de la invasión.

Desde el punto de vista geopolítico, el control de Zaporiyia ha sido uno de los objetivos estratégicos más disputados del conflicto. Rusia la incorporó formalmente al territorio que considera propio tras los referéndums no reconocidos internacionalmente celebrados en septiembre de 2022, aunque las líneas del frente se han mantenido relativamente estables en las proximidades del recinto. Ucrania, por su parte, no ha renunciado a reclamar la soberanía sobre la planta y la zona que la rodea, y ha denunciado en múltiples ocasiones que las fuerzas rusas han utilizado el perímetro de la central como escudo militar, algo que Moscú niega.

La comunidad internacional sigue reclamando la creación de una zona de protección alrededor del complejo, propuesta que el OIEA lleva impulsando desde el verano de 2022 sin que ninguna de las partes haya aceptado formalmente las condiciones necesarias para implementarla. El director general del organismo, Rafael Grossi, ha visitado la planta en varias ocasiones y ha alertado de que cada nuevo incidente de este tipo agota los márgenes de seguridad disponibles.

Por ahora, los generadores diésel están operativos y la situación en Zaporiyia se describe como estable. Pero la recurrencia de estos episodios, combinada con la ausencia de un acuerdo político que proteja la instalación, mantiene el foco de atención sobre una central que, pese a no producir electricidad, sigue siendo uno de los puntos más sensibles de la guerra entre Rusia y Ucrania.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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