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Hospitales de Beirut identifican víctimas con ADN tras el mayor ataque en décadas

El bombardeo israelí dejó 357 muertos y más de 1.150 heridos; los centros médicos trabajan bajo órdenes de evacuación y con escasez de equipos

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026Actualizado hace 1 h·4 min lectura·1 vistas
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Tres días después del mayor ataque aéreo que ha sufrido Beirut en las últimas décadas, los hospitales de la capital libanesa trabajan contrarreloj para identificar a decenas de víctimas que llegaron a las morgues en condiciones irreconocibles. El bombardeo israelí, que descargó 160 bombas en apenas diez minutos sobre distintos puntos del territorio libanés, se cobró al menos 357 vidas y dejó más de 1.150 heridos, según las cifras del Ministerio de Salud del Líbano. Los laboratorios forenses han comenzado a cotejar muestras de ADN de familiares con los restos que siguen sin nombre.

Mohammad Chaito, jefe de enfermería del hospital universitario Rafic Hariri, el mayor centro público del país, ha descrito una situación sin precedentes en la atención sanitaria libanesa. Según su testimonio, recogido por medios internacionales, muchas de las víctimas llegaron en fragmentos repartidos en varias bolsas de plástico. Algunas familias solo han podido reconocer a sus seres queridos por la ropa o el calzado que llevaban en el momento del impacto. Para el resto, el único recurso disponible es el análisis genético, un proceso que puede prolongarse durante semanas.

Hospitales bajo orden de evacuación

La situación se ha complicado aún más porque varios de los principales centros médicos de Beirut se encuentran en zonas incluidas en las órdenes de evacuación forzosa emitidas por el Ejército israelí desde el jueves posterior al ataque. Tanto el Rafic Hariri como el hospital Zahraa, separados por apenas 600 metros, están ubicados en áreas afectadas por esas instrucciones. A pesar de ello, el personal sanitario se niega a abandonar a los pacientes. Trabajadores de ambos hospitales han declarado que seguirán atendiendo a heridos y enfermos como han hecho desde que comenzó el conflicto, aunque reconocen que el miedo es una constante.

La Organización Mundial de la Salud intervino para mediar y anunció que había obtenido garantías de que estos dos hospitales no serían objetivo directo de futuros ataques. Sin embargo, esas garantías no eliminan la incertidumbre. Chaito señaló que están preparados para cualquier escenario, incluida una posible evacuación o un bombardeo directo. El centro atiende actualmente a entre 180 y 220 pacientes, muchos de ellos en estado crítico.

Durante la ofensiva militar israelí de 2024, que se prolongó durante dos meses, el Rafic Hariri ya experimentó ataques en sus inmediaciones, aunque en aquella ocasión no estuvo sujeto a una orden de desalojo. Chaito reconoce que la experiencia acumulada les ha permitido mejorar sus protocolos, pero también admite que el nivel de temor es mayor que entonces.

Familias a las puertas de los hospitales

Frente a las entradas de los centros médicos se agolpan decenas de familias en estado de agotamiento físico y emocional. Hombres y mujeres permanecen sentados en las aceras, con la mirada perdida, esperando noticias sobre el destino de sus allegados. Entre ellos se encuentran personas como Mariam, cuyo padre resultó gravemente herido cuando se encontraba en su floristería del barrio de Corniche al Mazraa, una zona comercial que sufrió uno de los impactos más devastadores.

Según su relato, cuatro explosivos alcanzaron un almacén situado junto al negocio de su padre. Los fragmentos del edificio impactaron contra él, dejándolo con todas las costillas fracturadas, una hemorragia interna cerebral y la incapacidad de respirar de forma autónoma. Cuando llegó al Rafic Hariri, la unidad de cuidados intensivos estaba completamente saturada y no había espacio para ingresarlo. Solo después de varias horas y del empeoramiento de su estado se consiguió trasladarlo a una cama en esa unidad, donde permanece conectado a un respirador en estado inconsciente.

La situación de seguridad ha dificultado además el acceso de los familiares a los hospitales. Tras la inclusión del barrio de Jnah en las órdenes de desalojo israelíes, muchas personas tuvieron que sortear restricciones de movilidad para llegar hasta los centros donde se encuentran sus seres queridos.

Una tragedia que supera la explosión del puerto de 2020

La magnitud de este ataque no tiene comparación reciente en la historia del Líbano. La cifra de víctimas mortales ya ha superado las 218 personas que perdieron la vida en la explosión del puerto de Beirut en agosto de 2020, considerada una de las mayores explosiones no nucleares jamás registradas. El Ministerio de Salud libanés ha precisado que al menos 110 de los fallecidos del miércoles eran niños, mujeres y personas ancianas.

Entre los supervivientes se encuentra Ola, una mujer originaria del sur del Líbano que reside en el barrio de Jnah y que ha sobrevivido a tres ataques israelíes a lo largo de su vida. De su vivienda solo quedaron en pie el baño y la cocina. Desde entonces duerme en su coche durante la noche y pasa el día en el recinto del hospital, que considera más seguro que cualquier otro lugar. Ola relató que durante la ofensiva de 2024 el edificio en el que se encontraba colapsó por un bombardeo; cuatro de los niños que estaba cuidando murieron y ella misma tuvo que sacar a otros dos de entre los escombros.

Escasez de equipos médicos

Más allá de la crisis humanitaria inmediata, el sistema sanitario libanés afronta un problema logístico grave. La OMS ha alertado de que varios hospitales del país podrían quedarse sin botiquines médicos para traumatismos en cuestión de días, dado el volumen de víctimas generado por los ataques a gran escala. Los suministros de material fungible están a punto de agotarse.

En el caso del Rafic Hariri, los medicamentos y materiales básicos aún están disponibles, pero existe una carencia significativa de equipos médicos especializados, como monitores de constantes vitales y respiradores artificiales. Estos últimos son precisamente los aparatos que mantienen con vida a pacientes como el padre de Mariam, lo que convierte la escasez en una amenaza directa para los heridos más graves.

La comunidad internacional observa con creciente alarma la situación en Beirut. Las ambulancias, los hospitales y los propios trabajadores sanitarios se han convertido en objetivos dentro del conflicto, según han denunciado organismos internacionales y el propio gobierno libanés. Mientras los laboratorios forenses continúan su lento trabajo de identificación genética, decenas de familias siguen esperando frente a las puertas de unos hospitales que funcionan al límite de su capacidad y bajo la amenaza constante de nuevos bombardeos.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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