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Atención Primaria en Asturias: vocación frente a sobrecarga

Profesionales sanitarias denuncian agendas excesivas, burocracia y falta de tiempo por paciente en los centros de salud asturianos

Por Carlos García·domingo, 12 de abril de 2026·4 min lectura

Tres profesionales sanitarias que trabajan en centros de salud de Asturias retratan la realidad de la Atención Primaria en la comunidad: una especialidad que adoran ejercer, pero que se ve lastrada por agendas saturadas, exceso de trámites administrativos y una organización que, según denuncian, no aprovecha bien los recursos disponibles. Sus testimonios coinciden con el Día Internacional de la Atención Primaria y llegan en plena reorganización del mapa sanitario asturiano.

Beatriz Ibaseta, médica de Familia de 43 años en el centro de salud de Grado, reconoce que la esencia de su trabajo —la cercanía con el paciente, el seguimiento continuado, el enfoque integral— es enormemente gratificante. Sin embargo, la presión del sistema le impide dedicar a cada persona el tiempo que necesitaría. Según describe, las agendas están sobrecargadas, la burocracia consume buena parte de la jornada y las derivaciones a otras especialidades chocan con listas de espera interminables para pruebas y valoraciones.

La pediatría, entre la vocación y la falta de recursos

Sandra Rodríguez, pediatra de 33 años que atiende en los consultorios de La Camocha y Nuevo Roces en Gijón, comparte un diagnóstico similar. Tras cinco años como especialista y tres con el mismo cupo de unos 700 niños, valora enormemente la relación de confianza que establece con las familias. Pero advierte de que la sobrecarga le resta tiempo para tareas esenciales como la prevención y la educación sanitaria. Su receta es clara: más enfermeras pediátricas, agendas razonables y una mejor gestión de lo que ya existe. Dedicar más minutos a cada consulta infantil, argumenta, evitaría muchas visitas futuras.

Irene Pascual, enfermera madrileña de 29 años que se formó y decidió quedarse en el occidente asturiano, ejerce en el consultorio de El Espín, en Coaña. En ese entorno rural mantiene la puerta de su consulta abierta para fomentar la cercanía con los vecinos, a quienes describe como "muy agradecidos y cariñosos". Pese a ello, denuncia que la carga de trabajo empuja la labor comunitaria fuera del horario laboral y que el seguimiento de pacientes crónicos se ha ido deteriorando.

Un sistema que "abusa de la vocación"

Las tres profesionales coinciden en que los problemas son sobre todo estructurales y organizativos. No cuestionan el modelo —de hecho, lo defienden con pasión—, sino las condiciones en que lo ejercen. Pascual señala además un problema específico de la Enfermería Familiar y Comunitaria: la Administración autonómica tarda en reconocer plenamente esta especialidad y la falta de continuidad en los contratos impide la longitudinalidad, es decir, el seguimiento sostenido de los mismos pacientes a lo largo del tiempo.

El Principado de Asturias lleva años prometiendo reforzar la Atención Primaria como eje del sistema sanitario público. Sin embargo, las casi dos mil profesionales que sostienen esta red asistencial en la comunidad siguen esperando cambios tangibles. Como resume Irene Pascual, el sistema depende en exceso de la vocación y la voluntariedad de quienes trabajan en él, una fórmula que, según advierten estas sanitarias, tiene fecha de caducidad.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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