El centro de salud de El Coto, en Gijón, ha alcanzado los cuarenta años de funcionamiento ininterrumpido como uno de los pilares de la Atención Primaria en la ciudad. Se trata del segundo equipamiento de este tipo que abrió sus puertas en Gijón, solo por detrás del de Contrueces, y su trayectoria lo ha convertido en una referencia sanitaria para los vecinos del barrio.
Pablo Belderrain, actual director del centro, lleva dos décadas vinculado a este equipamiento, los últimos doce como coordinador. En ese puesto tomó el relevo de Alicia Rodríguez. Belderrain es uno de los tres profesionales más veteranos que siguen en activo en el centro, junto a la fisioterapeuta Araceli Gosende y la administrativa Maite Fernández Chimeno. Tres nombres que representan la continuidad y el compromiso de un equipo que ha ido renovándose pero que mantiene un núcleo estable de profesionales con décadas de experiencia a sus espaldas.
Un referente de la Atención Primaria en Gijón
La apertura del centro de salud de El Coto, a mediados de los años ochenta, formó parte de la expansión de la red de Atención Primaria en Asturias, un proceso que buscaba acercar la asistencia sanitaria básica a los barrios y descentralizar la atención que hasta entonces se concentraba en los grandes hospitales. Contrueces fue el primero en abrir en Gijón y El Coto le siguió de cerca, sentando las bases de un modelo que después se extendería al resto de la ciudad y de la región.
La Atención Primaria es, según el Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA), la puerta de entrada al sistema sanitario público y el nivel asistencial más cercano al ciudadano. Los centros de salud como el de El Coto atienden consultas de medicina de familia, pediatría, enfermería y, en muchos casos, también ofrecen servicios de fisioterapia y trabajo social. Su papel es esencial tanto en la prevención como en el seguimiento de enfermedades crónicas, y la pandemia de COVID-19 puso de relieve su importancia como primer filtro del sistema.
Vínculo con el barrio y sentimiento de pertenencia
Más allá de su función estrictamente sanitaria, el centro de salud de El Coto se ha convertido en un elemento identitario para los vecinos de la zona. Pablo Belderrain relata con humor cómo un paciente le preguntó recientemente si él ya trabajaba allí cuando el centro abrió hace cuarenta años. La anécdota refleja el arraigo que genera un equipamiento que ha acompañado a varias generaciones de familias del barrio, desde la infancia hasta la vejez.
Ese vínculo entre los profesionales sanitarios y la comunidad es uno de los valores diferenciales de la Atención Primaria frente a otros niveles asistenciales. La continuidad en la atención —ver siempre al mismo médico de cabecera, a la misma enfermera— genera una relación de confianza que resulta difícil de replicar en otros entornos. Los veinte años de Belderrain en el centro, o la trayectoria de Gosende y Fernández Chimeno, son ejemplo de esa estabilidad que los pacientes valoran.
Retos actuales de la Atención Primaria asturiana
La celebración de estos cuarenta años llega en un momento complejo para la Atención Primaria en Asturias y en el conjunto de España. La falta de profesionales, especialmente médicos de familia, las listas de espera y la presión asistencial son problemas que afectan a la mayoría de centros de salud del país. Según datos del Ministerio de Sanidad, la ratio de médicos de Atención Primaria por habitante sigue por debajo de las recomendaciones de los principales organismos internacionales.
En Asturias, la demografía añade una capa extra de complejidad. El envejecimiento de la población —la comunidad es una de las que presenta una pirámide demográfica más invertida de toda España— eleva la demanda de atención a crónicos y de cuidados en domicilio, tareas que recaen directamente sobre los equipos de Atención Primaria. Centros como el de El Coto afrontan esa realidad con plantillas que no siempre se han reforzado al mismo ritmo que ha crecido la carga de trabajo.
A pesar de estas dificultades, la permanencia de profesionales con larga trayectoria en el centro refleja también un grado de compromiso que va más allá de lo laboral. Conocer a los pacientes por su nombre, recordar su historial sin necesidad de mirar la pantalla o saber qué les preocupa antes de que lo digan son habilidades que solo da el tiempo y que constituyen un activo invisible pero fundamental para la calidad asistencial.
Cuarenta años después de su apertura, el centro de salud de El Coto sigue siendo un engranaje esencial del sistema sanitario gijonés y un motivo de orgullo para un barrio que lo siente como propio. Su aniversario es también una oportunidad para reivindicar el papel de la Atención Primaria como base sobre la que se sostiene todo el edificio de la sanidad pública.