La tokenización, que consiste en convertir activos y derechos en representaciones digitales almacenadas en blockchain, está emergiendo como un cambio disruptivo en el mundo financiero. Según Sandy Kaul, directora de Innovación de Franklin Templeton, esta tecnología transformará por completo el sistema financiero en los próximos tres años, al punto de que "la gente no reconocerá el sistema financiero".
Los activos tokenizados ya suman más de 31.400 millones de dólares, pero Binance Research proyecta que podrían alcanzar los 300 billones de dólares para 2030, marcando un crecimiento exponencial que impulsará nuevas formas de gestionar, transferir y controlar activos.
Cuatro motores tecnológicos y los beneficios clave de la tokenización
La tokenización surge como resultado de una evolución tecnológica impulsada por la computación, las redes, la encriptación y las tecnologías de comunicación. Estas tendencias han permitido que la blockchain y la tokenización maduren hasta crear nuevas capacidades para la gestión de activos.
Entre los principales beneficios destacan tres puntos: la automatización de operaciones como dividendos o votaciones, la sincronización inmediata de pagos y transferencias de activos (reduciendo la liquidación de días a segundos), y la posibilidad de gestionar dinero y activos tokenizados en una misma billetera digital.
Actualmente, la tokenización más extendida es la gestión de garantías para transacciones financieras, incluyendo derivados y operaciones repo, mientras que la inversión en acciones y fondos tokenizados empieza a ganar peso y promete ser la próxima gran ola de esta transformación.
Democratización, desafíos tecnológicos y regulación
La tokenización abre la puerta a que cualquier persona gestione sus inversiones con la misma sofisticación que grandes instituciones. Permite, por ejemplo, pedir prestado o prestar activos de forma eficiente, haciendo que cada activo pueda generar más valor.
Sin embargo, la falta de billeteras digitales universales limita su adopción masiva. Se espera que la Unión Europea implemente un sistema oficial de billeteras a partir de 2027, impulsando un salto en la popularización cuando estas herramientas se hagan tan comunes como los móviles.
En cuanto a la regulación, Europa ha establecido el marco MiCA específico para activos cripto, que convive con MiFID, regulando los productos tradicionales. En contraste, Estados Unidos busca integrar todos bajo marcos existentes de valores o commodities, sin generar normativas separadas.
La entrada de la banca tradicional y la competencia con stablecoins
El interés creciente del sector financiero tradicional responde al temor a perder terreno ante las stablecoins, que están desplazando depósitos tradicionales y creando ecosistemas paralelos. Los bancos buscan ofrecer sus propios activos tokenizados para mantener la confianza de los clientes y aprovechar la tecnología, anticipando que en el futuro predominarán las transacciones con tokens emitidos por bancos frente a las stablecoins emitidas por empresas privadas.
Las gestoras de fondos y plataformas de inversión también participan en esta transición, lanzando activos y fondos tokenizados para inversores particulares en Europa. La competencia entre nuevos actores y bancos tradicionales ha generado un movimiento defensivo por mantener el control sobre los valores y el negocio de inversión.
Innovación y futuro inmediato
Los próximos meses estarán marcados por experimentos con gemelos digitales, que representan activos fuera de la blockchain. Sin embargo, se prevé que estos productos den paso a activos nativos digitales más avanzados, impulsando una nueva ola de innovación en el sector.
La colaboración entre Franklin Templeton y Kraken busca precisamente explorar estas nuevas audiencias y modelos descentralizados de préstamos e inversión, confirmando cómo la transformación por tokenización obliga a gestores, reguladores y usuarios a adaptarse rápido para no quedarse atrás.
La tokenización no solo redefine cómo se gestionan y transfieren los activos, sino que también invita a repensar el futuro del sistema financiero global, con una digitalización que promete hacerlo más accesible, eficiente y participativo.