Santander ha puesto el freno de mano en su ambicioso programa de recompra de acciones. El banco cántabro, que en febrero anunció un plan de adquisición de títulos propios por valor de más de 5.000 millones de euros, ha pasado de comprar entre varios millones y hasta diez millones de acciones en una sola jornada a adquirir únicamente 1.000 títulos al día desde el pasado 31 de marzo. Así consta en las comunicaciones que el propio banco ha registrado ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).
La ejecución del programa recae en Goldman Sachs, entidad que actúa como intermediario y toma las decisiones de compra de forma autónoma, según la propia estructura del plan. Las adquisiciones realizadas durante el mes en curso se han cerrado a precios de entre 9,53 euros y 10,63 euros por acción, siendo este último nivel aproximadamente el precio al que cotiza el banco en estos momentos.
El programa de recompra total de 5.000 millones de euros se compone de dos partes diferenciadas. Por un lado, 1.830 millones de euros que corresponden al 25% del resultado ordinario del segundo semestre de 2024, es decir, la retribución ordinaria al accionista. Por otro, 3.200 millones adicionales de carácter extraordinario, financiados con la plusvalía obtenida tras la venta del 49% de Santander Polonia a principios de año. Hasta la fecha, el banco ha ejecutado compras por 2.705 millones de euros, lo que equivale al 53,8% del total previsto. El horizonte de finalización del programa está fijado para julio de 2025.
Tomando como referencia un precio de cotización de alrededor de 10,6 euros por título, el techo máximo de acciones a adquirir se situaría en torno a los 470 millones, lo que equivaldría aproximadamente al 3,2% del capital total del banco. Santander tiene actualmente en circulación cerca de 14.689 millones de títulos, lo que da una idea del volumen relativo de la operación en términos de estructura accionarial.
La operación Webster, la clave del frenazo
La reducción tan drástica del ritmo de compras no es casual. El calendario del programa de recompra choca de frente con otra operación corporativa de gran calado: la adquisición del banco estadounidense Webster Financial. El cierre de esa transacción está previsto para el segundo semestre de 2025 y conlleva una ampliación de capital de Santander equivalente al 2,3% del total, con la emisión de hasta 334,80 millones de nuevas acciones.
El problema es normativo. La legislación estadounidense obliga a las empresas involucradas en fusiones y adquisiciones a suspender temporalmente sus programas de recompra de acciones durante el periodo que va desde la convocatoria de la junta de accionistas de la empresa adquirida —en este caso Webster— hasta la celebración de dicha junta. Esa reunión debe aprobar formalmente la operación.
Hasta ahora, Webster Financial no ha publicado la convocatoria ni ha anunciado la fecha de su junta de accionistas, algo que se espera que ocurra en junio. Mientras esa fecha no se concrete, Santander navega en una zona de incertidumbre que explica, al menos en parte, la práctica paralización del ritmo de recompra. El banco no puede arriesgarse a tener que interrumpir el programa de golpe si las fechas se solapan de forma desordenada.
Qué implica esto para el accionista
Para el inversor minorista, la situación tiene una lectura doble. Por un lado, el frenazo técnico en la recompra no implica que el programa vaya a cancelarse: el banco sigue comprometido con ejecutarlo antes de julio y ya lleva más de la mitad completada. Por otro lado, la coincidencia con la ampliación de capital ligada a Webster genera cierta dilución potencial en el horizonte, aunque el efecto neto dependerá del precio al que se materialice esa emisión y del momento exacto en que concluyan ambas operaciones.
Lo que sí queda claro es que Santander está gestionando con cuidado los tiempos para no incurrir en incumplimientos regulatorios en Estados Unidos, mercado en el que la entidad lleva años reforzando su presencia. La operación Webster supone un paso más en esa estrategia de consolidación en el mercado norteamericano, y la gestión de la recompra refleja que el banco prioriza no poner en riesgo el cierre de esa transacción. En definitiva, un frenazo técnico con fecha de caducidad, pero que conviene seguir de cerca.