El verano suele traer consigo una menor liquidez en los mercados financieros, un factor que puede potenciar la volatilidad y provocar correcciones notables. En 2024, una súbita subida del yen frente al dólar desencadenó una caída dramática del 24% en la Bolsa de Tokio en apenas semanas, afectando también al Ibex 35, que perdió cerca del 8%. Este fenómeno, que se extendió por miedo a la reversión del carry trade financiado desde Japón, mantiene atentos a los inversores ante la posibilidad de que se repita en 2026.
Actualmente, el yen permanece relativamente barato en comparación con 2024, mientras que el mercado bursátil japonés cotiza muy por encima de los niveles de hace dos años. Esto genera inquietud, especialmente porque una apreciación brusca de la divisa podría perjudicar a los exportadores japoneses, que constituyen una parte importante del índice Topix. La dependencia de estos sectores hace que el parqué nipón sea vulnerable a movimientos repentinos del yen.
Según un informe de Goldman Sachs, la constante depreciación del yen y las especulaciones sobre medidas del gobierno japonés para fortalecer la moneda, como la posible repatriación de fondos de pensiones, ponen de nuevo en el punto de mira el riesgo de una corrección similar a la de 2024. Sin embargo, desde la firma estadounidense señalan que ahora el mercado está más preparado. El diferencial de tipos de interés entre Estados Unidos y Japón no señala un impulso fuerte para el yen por el momento.
Aun así, Goldman Sachs advierte que un evento inesperado podría aumentar la volatilidad. Un choque geopolítico o un cambio negativo en las expectativas sobre el crecimiento global, centrado en EE. UU., podrían sacudir la confianza en las divisas y provocar caídas violentas en la Bolsa japonesa. En ese escenario, proponen a los inversores buscar refugio en valores nacionales japoneses menos expuestos a exportaciones.
La experiencia del verano de 2024 dejó también lecciones para otros mercados. En España, a pesar de la caída del Ibex por el contagio de la crisis japonesa, sectores como las eléctricas demostraron resiliencia. Iberdrola, por ejemplo, resistió bien el envite del movimiento en el yen y la consiguiente turbulencia financiera. Esto refuerza la idea de que, ante la incertidumbre, seleccionar activos defensivos puede ser clave para navegar periodos de alta volatilidad.
El contexto global para el verano de 2026 añade además otras fuentes de tensión. Las altas valoraciones en empresas ligadas a la inteligencia artificial mantienen a los inversores en alerta, como también lo hace la persistencia de conflictos como el de Irán. Por si fuera poco, las decisiones que tomen los bancos centrales respecto a la inflación serán determinantes para los mercados. El riesgo que representa Japón, en este caso a través del yen, es un factor extra a vigilar.
En definitiva, el verano se presenta como un periodo donde la combinación de factores geopolíticos, macroeconómicos y monetarios podría impulsar correcciones en los mercados. La fluctuación del yen, que ya ha demostrado su capacidad de generar crisis bursátiles, está en el centro de las preocupaciones, y tanto inversores como analistas propondrán ajustes estratégicos para minimizar riesgos y aprovechar oportunidades en este escenario incierto.
Para estar al día sobre la evolución del yen y la Bolsa japonesa, se recomienda seguir informes de entidades como Goldman Sachs y datos oficiales de la Bolsa de Tokio, además de análisis sobre el impacto en mercados internacionales como el Ibex 35.