Reed Hastings, el hombre que transformó el alquiler de DVD por correo en uno de los gigantes globales del entretenimiento, abandonará el consejo de administración de Netflix en la junta anual de junio. La propia compañía lo confirmó en el comunicado que acompañó a sus resultados del primer trimestre: Hastings no se presentará a la reelección para centrarse en proyectos filantrópicos y en otras iniciativas personales. Así concluye una etapa de casi tres décadas al frente de la empresa que cofundó en 1997.
La salida de Hastings cierra un ciclo fundacional. El ejecutivo nacido en Massachusetts arrancó Netflix con una idea tan sencilla como efectiva: enviar películas en DVD a domicilio mediante una suscripción mensual, sin multas por retraso. Según cuenta la leyenda corporativa, la chispa surgió cuando Blockbuster le cobró 40 dólares por perder una copia de *Apollo 13*. Aquella multa le resultó tan embarazosa que no se lo contó a su mujer. Poco después, ese malestar se convirtió en modelo de negocio. Su formación en ciencias de la computación le permitió anticipar que Internet sería el canal definitivo para distribuir contenido audiovisual, y en los años siguientes Netflix fue absorbiendo cuota de mercado hasta dejar en quiebra a la propia Blockbuster.
En su carta de despedida, Hastings destacó que su mayor contribución no fue ninguna decisión puntual, sino la cultura que construyó dentro de la empresa: el foco en la satisfacción del suscriptor, una organización capaz de heredarse y mejorarse por las siguientes generaciones. También señaló como su recuerdo más destacado el momento de enero de 2016 en que Netflix completó su expansión simultánea a casi todos los países del planeta. Hoy la plataforma opera en más de 190 territorios y acumula más de 325 millones de suscriptores, con una capitalización bursátil que ronda los 450.000 millones de dólares.
Resultados trimestrales que no convencen al mercado
La noticia de la salida de Hastings llegó al mismo tiempo que los resultados del primer trimestre, y la combinación no sentó bien en bolsa: las acciones de Netflix cayeron más de un 8% en las operaciones posteriores al cierre del mercado. Los números en sí no son malos en términos absolutos, pero los inversores esperaban más. La compañía ingresó 12.250 millones de dólares entre enero y marzo, un 16% más que en el mismo periodo del año anterior. El beneficio neto alcanzó los 5.283 millones de dólares, un 83% por encima del trimestre equivalente de 2024.
Sin embargo, ese beneficio incluye una partida extraordinaria que distorsiona la lectura: 2.800 millones de dólares que Netflix recibió de Warner Bros. Discovery como compensación por la ruptura del acuerdo de venta de sus activos. Los históricos estudios de Hollywood habían negociado en febrero una operación para traspasar su negocio a Paramount Skydance, propiedad de la familia Ellison, lo que dejó a Netflix fuera de la ecuación. La plataforma admitió que la adquisición de Warner Bros. habría supuesto un acelerador interesante para su estrategia, pero que no estaba dispuesta a entrar en una guerra de precios con sus rivales. El resultado fue retirarse de lo que algunos analistas han calificado como la mayor batalla corporativa del sector audiovisual en la última década.
Sarandos y Peters, al mando de la nueva etapa
Con la marcha de Hastings, la dirección ejecutiva de Netflix queda en manos de Ted Sarandos y Greg Peters, que comparten el puesto de consejero delegado. Sarandos, arquitecto de la apuesta por el contenido original que dio a la plataforma series como *Stranger Things* o *La Casa de Papel*, y Peters, responsable de la evolución tecnológica y del modelo de monetización, tendrán que demostrar que la empresa mantiene su dinamismo sin su fundador.
La hoja de ruta que Netflix presentó junto a los resultados se articula en tres ejes: ofrecer mayor valor de entretenimiento, aprovechar la tecnología para mejorar el servicio y optimizar la monetización. En un mercado en el que Disney+, Amazon Prime Video y Max compiten por los mismos millones de hogares, la plataforma insiste en que su ventaja competitiva reside en la capacidad de mejorar más rápido que sus rivales. La presión sobre los márgenes y el escrutinio de los analistas seguirán siendo la prueba de fuego para el nuevo liderazgo en los próximos trimestres.