La Ermita de San Antonio de la Florida en Madrid, escenario destacado de la obra de Francisco de Goya, ha reabierto sus puertas tras una profunda rehabilitación financiada con 2,22 millones de euros procedentes de fondos Next Generation de la Unión Europea. Este templo, famoso por sus frescos pintados en 1798 por Goya y por ser el lugar donde reposan sus restos, ha visto restaurada su estructura y modernizados sus sistemas de iluminación y climatización sin tocar la valiosa obra pictórica.
Francisco de Goya emprendió la realización de los frescos de la ermita hace más de dos siglos, concretamente entre el 15 de junio y el 20 de diciembre de 1798. Gracias a documentos económicos de la época, se conoce que el pintor invirtió en pigmentos, brochas y también el alquiler de coche de caballos un total de 6.240 reales de vellón. Este encargo, promovido por el arquitecto Felipe Fontana por orden de Carlos IV, marcó un punto de inflexión en la carrera de Goya, quien hasta entonces se había especializado en retratos y cartones para tapices.
Desde su construcción, la ermita ha tenido un papel destacado en el patrimonio artístico madrileño y español. En 1919, los restos mortales de Goya fueron trasladados desde el cementerio de San Isidro a esta ermita, tras una reclamación amistosa a Francia tras la muerte del artista en Burdeos en 1828. Desde entonces, este lugar se ha convertido en un referente cultural y punto de peregrinación para admiradores del pintor.
El trabajo de conservación ha sido una labor conjunta entre el Ayuntamiento de Madrid, Patrimonio Nacional y la Real Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución que vela por la integridad artística del conjunto. Ángel Balao, jefe del departamento de Restauración de Patrimonio Nacional, señala que ha sido una prioridad mantener la obra con la mínima intervención posible, respetando las anteriores restauraciones, que ya habían abarcado un 75% de los frescos entre 2002 y 2005.
La restauración reciente ha puesto especial atención en la envolvente del edificio, que incluye la cubierta, fachadas y carpinterías. Un trabajo crucial fue la sustitución de las planchas de plomo de la cubierta para evitar filtraciones que pudieran dañar los frescos. Además, la climatización se ha limitado a las salas alrededor de la nave central para garantizar que las condiciones de temperatura y humedad que han protegido los frescos durante más de dos siglos se mantengan intactas.
La iluminación de la ermita también ha sido modernizada: se ha pasado de fluorescentes a tecnología LED con una alta calidad de reproducción cromática para que los colores originales de Goya se aprecien con mayor nitidez. Este detalle es fundamental para la experiencia de los visitantes, que cada año aumentan, especialmente en turistas internacionales que consideran la visita un imprescindible cultural en Madrid.
Pedro Moleón, académico y presidente de la Comisión de Monumentos y Patrimonio Histórico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, destaca la relevancia artística de estos frescos. Para él, este trabajo refleja el momento en que Goya dejó atrás su faceta de pintor de cámara para demostrar su maestría en el fresco, con un trazo innovador y licencias poco convencionales para la época, como la inclusión de ángeles femeninos con vestimenta cortesana, una imagen revolucionaria en el siglo XVIII.
La ermita no solo es un museo del arte, sino un espacio vivo con actividades programadas. El Ayuntamiento de Madrid, como gestor desde 1987, planea recuperar talleres de grabado, dibujo y técnica del fresco, así como reabrir una biblioteca especializada para investigadores y promover conciertos y visitas teatralizadas que cuentan anécdotas inéditas sobre la vida de Goya, como detalles de su tumba, ubicada sin cabeza y acompañada de su suegro.
Un atractivo adicional para los visitantes es la existencia de una ermita gemela, levantada en 1928 para proteger los frescos del humo de las velas y el incienso. Tras la restauración, la ermita original recupera además su color vainilla original en puertas y fachadas, resaltando su esplendor histórico frente a su réplica.
La estatua de Goya emplazada frente a la ermita es un recordatorio visual del legado artístico y cultural que el pintor dejó en Madrid. Este espacio no solo preserva la memoria de Goya como uno de los grandes maestros de la pintura, sino que también reafirma el compromiso español y europeo con la conservación del patrimonio histórico.
La Ermita de San Antonio de la Florida continúa siendo un símbolo vivo de la historia del arte en España, donde el pasado y el presente se conjugan para mantener vigente la obra de uno de sus artistas más universales. Su reciente reapertura es un ejemplo de cómo la colaboración institucional y el uso de la tecnología moderna pueden garantizar que las joyas del patrimonio sigan brillando para las futuras generaciones.
Para conocer más detalles sobre la restauración y las visitas, se puede consultar la página oficial del Ayuntamiento de Madrid y la información de Patrimonio Nacional.