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La política y el toreo: lecciones sobre liderazgo y ética

Domingo Ortega aplicaba en el toreo tres reglas que revelan cómo debería actuar la política actual

Por Redacción El Diario Joven·lunes, 6 de julio de 2026·4 min lectura·5 vistas
Ilustración: La política y el toreo: lecciones sobre liderazgo y ética · El Diario Joven

La política demanda talento, convicción y ética. Domingo Ortega, figura clave del toreo en los años treinta, que tras su retiro reflexionó sobre su profesión, definió tres reglas de oro para el toreo: parar, templar y mandar. Estas reglas ofrecen una mirada reveladora para analizar la actuación política.

El arte del toreo no consiste simplemente en dar pases al toro, sino que implica control, armonía y estrategia. Ortega diferenciaba el arte de torear del simple acto de pegar pases, algo que puede aplicarse también a la política, donde no basta con actuar sin dirección o ética.

Parar, según Ortega, es la acción inicial de detener la violencia del toro, calmando sus embestidas. En política, semejante 'parada' sería frenar el ímpetu de la violencia o el discurso extremo que aparece en ciertos momentos, como cuando en manifestaciones o mítines surgen clamores agresivos o sin sentido lógico. Este primer paso es fundamental para que el debate sea constructivo.

A continuación, el toreo requiere de "templar", que significa acompasar los movimientos del toro, controlar su embestida y guiarla con sumo cuidado. En el terreno político, ese paralelo se traduce en saber armonizar las demandas sociales y las expectativas ciudadanas, moderando pasiones y dirigiendo el rumbo para que un grupo o masa no se desboque.

Finalmente, el matador debe "mandar", que implica dominar la situación y preparar el momento culminante, la "suerte suprema" donde se busca la precisión definitiva. Para la política, este punto se vincula al cumplimiento de las promesas electorales y al ejercicio responsable del poder tras ganar una elección. El líder político debe, por tanto, ser capaz de dirigir con claridad y sin evasivas.

Además de estas tres reglas, Ortega remarcaba la importancia de "cargar la suerte", que es asumir la verdad y el compromiso con la realidad, no esconderse ni eludir responsabilidades. En tiempos de fake news y desinformación, esta idea cobra especial relevancia para asegurar la confianza ciudadana y el decoro público.

La comparación de Ortega entre toreo y política no es trivial. Mientras el toreo es un arte con normas claras y un público crítico, la política contemporánea enfrenta retos similares: la necesidad de liderazgo ético, argumentos sólidos y la capacidad de conducir con sentido común a la sociedad. Como reconocía el torero, no basta con ejecutar sin propósito, sea en las plazas o en los debates políticos.

En la actualidad, la ausencia de ese talante puede generar desconcierto, desencanto y enfrentamientos que afectan a la democracia. Por tanto, la lección del maestro Ortega invita a una política más reflexiva, que "cargue la suerte" con convicción y responsabilidad, buscando la verdad y evitando los artificios vacíos.

Esta perspectiva resulta fundamental para enfrentarse a los desafíos presentes sin perder de vista la ética ni la necesaria sintonía con la ciudadanía, sosteniendo un liderazgo no sólo firme, sino también justo y efectivo.

Para profundizar en estas ideas, valdría la pena consultar los escritos de Ortega y las interpretaciones que se han hecho sobre su legado en Ateneo de Madrid, así como análisis actuales de liderazgo y ética política en publicaciones especializadas como El País.

La relación entre arte y política no solo enriquece el entendimiento, sino que ofrece un enfoque innovador para la regeneración democrática, basada en el compromiso real y en la autenticidad de quienes lideran.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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