El temor a posibles interrupciones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz y el paso marítimo de Mandeb ha impulsado un notable aumento en el precio del petróleo desde el comienzo de la guerra en Irán el 27 de febrero. El barril de Brent, referencia en Europa, suma un incremento cercano al 34%, cotizando a cierre del viernes en 96,78 dólares, 33,5% más que los 72,48 dólares previos al conflicto.
Durante julio, el crudo ha subido un 32,95% respecto a junio, mes en que parecía inminente una solución pacífica. Sin embargo, la reciente escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán ha disparado nuevamente los precios, con un pico superior a 100 dólares el pasado jueves, dato que no se veía desde finales de mayo. Paralelamente, el West Texas Intermediate (WTI), principal referencia en EE. UU., también protagonizó incrementos del 33,25% situándose cerca de los 90 dólares por barril.
El mercado del gas natural europeo, representado por el TTF, también está en niveles máximos desde enero, con el megavatio/hora a 63,04 euros, a escasa distancia del récord histórico de marzo. Estas subidas reflejan la elevada preocupación ante la estabilidad en las principales rutas de suministro energético y la limitada capacidad de producción actual.
Tensiones en rutas estratégicas y su impacto
La atención de inversores y analistas se ha desplazado del estrecho de Ormuz al mar Rojo, particularmente al estrecho de Mandeb, un corredor clave entre el mar Rojo y el golfo de Adén. Cualquier agravamiento de los incidentes en esta zona podría complicar aún más el equilibrio entre oferta y demanda, ya que aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasa por estas vías marítimas.
El contexto político añade incertidumbre, con amenazas de mayores ataques por parte del presidente estadounidense Donald Trump contra Irán, antes de las elecciones legislativas de otoño. Esta posibilidad mantiene el riesgo de nuevos episodios de volatilidad en los precios del crudo y en los mercados globales.
Consecuencias económicas y financieras
El aumento del petróleo ejerce presión sobre las rentabilidades de la deuda pública y puede motivar que bancos centrales mantengan tipos de interés elevados para contener la inflación. Los costes energéticos más elevados afectan a sectores como el transporte, la industria y la generación eléctrica, reduciendo las previsiones de crecimiento económico.
Expertos en economía destacan la amenaza de efectos de segunda ronda en la inflación derivados de esta situación. Christian Schermann, economista jefe de DWS para Estados Unidos, y Karsten Junius, jefe económico en J. Safra Sarasin Sustainable AM, coinciden en que el repunte petrolero puede prolongar un ciclo inflacionario complicado y difícil de revertir sin medidas significativas.
Aunque el Brent aún se mantiene lejos de sus picos históricos, como los 118,35 dólares registrados en marzo, la tendencia al alza y la elevada incertidumbre geopolítica siguen siendo motivo de atención para mercados, empresas y consumidores.
Las próximas semanas serán clave para observar la evolución de las tensiones en Oriente Medio y sus efectos en una economía mundial aún frágil. La capacidad limitada de producción combinada con riesgos en las principales rutas de suministro hacen que la volatilidad energética sea una constante en el corto plazo.
Para más detalles sobre la evolución del mercado energético global, se puede consultar el análisis actualizado del Bureau of Economic Analysis y el seguimiento de precios en Investing.com.