La tensión geopolítica en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz tienen al mercado petrolero bajo presión creciente. Analistas señalan que si la crisis persiste, el precio del barril podría dispararse hasta cerca de 140 dólares a finales de año, un nivel que no se veía desde la crisis de 2008.
El cierre de Ormuz ha provocado una caída drástica en el suministro de crudo y derivados a los países consumidores, especialmente afectando al diésel, clave para el transporte y la industria. Aunque al inicio los países intentaron compensar esta escasez mediante vías alternativas, reducción de demanda y uso de reservas estratégicas, estas están ya muy mermadas, agudizando la falta de producto.
Esta situación crítica lleva al mercado a un punto de inflexión donde la capacidad de absorber interrupciones en la cadena de suministro se agota, forzando un aumento significativo de precios para equilibrar oferta y demanda. Economistas de Capital Economics estiman que, si el bloqueo en Ormuz continúa y las reservas de la OCDE se siguen agotando, el precio del petróleo podría superar los 120 dólares por barril antes del cuarto trimestre y llegar hasta los 140, según datos históricos.
Los inventarios de crudo en los países de la OCDE han disminuido en 240 millones de barriles desde el inicio del conflicto, alcanzando niveles mínimos desde 1990. A pesar de una breve recuperación en junio, las reservas son insuficientes para sostener el mercado ante una prolongación del bloqueo. China, por su parte, ha incrementado su consumo recientemente, presionando aún más la demanda global, según Energy Aspects.
Los expertos de Bank of America indican que el tráfico de buques petroleros a través de Ormuz ha caído de 140 diarios a entre 5 y 10, lo que profundiza la escasez. Solo una recuperación hasta 80-100 buques al día podría estabilizar los mercados energéticos. Mientras tanto, existe un déficit grave en productos finales como diésel y gasolina que agrava la crisis global.
Consultoras como Wood Mackenzie y bancos de inversión como Goldman Sachs y JPMorgan coinciden en que la prolongación del bloqueo puede desencadenar precios históricos, con escenarios entre 120 y 150 dólares por barril, capaz de frenar el crecimiento económico mundial.
El impacto no se limita al mercado energético. La inflación ya acentúa su ritmo, especialmente en Estados Unidos, donde el precio de la gasolina y la energía tienen un peso considerable en el índice de precios al consumo. La inflación estadounidense creció del 2,4% en febrero al 4,2% en mayo, y aunque ha dado una pequeña tregua en junio y julio, la incertidumbre crece ante el riesgo de nuevas alzas por el petróleo. La situación es especialmente compleja ante las elecciones de medio mandato en noviembre, sin medidas claras para contener el impacto en los consumidores.
En Europa, a pesar de medidas gubernamentales para contener los precios, la inflación también registra avances, desde el 1,9% en febrero hasta el 2,9% en julio, reflejando la dependencia energética y los efectos de la crisis petrolera.
En conjunto, el mercado mundial enfrenta una coyuntura delicada. La incertidumbre se mantiene entre la esperanza de que Ormuz se reabra pronto y la posibilidad de un cierre prolongado que pondría en jaque la estabilidad energética y económica global. La evolución de este conflicto será clave para determinar si los precios del crudo continúan escalando y cuál será el impacto real en las economías más vulnerables.
Para seguir la evolución y entender los riesgos, conviene estar atentos a informes oficiales como los de la Agencia Internacional de la Energía y a los movimientos de las reservas estratégicas de crudo, que serán determinantes en los próximos meses.