Los mercados financieros globales han amanecido con una notable inquietud este jueves, impulsada principalmente por el resurgimiento de las tensiones en el golfo Pérsico. El precio del petróleo ha vuelto a captar la atención de los inversores, con el barril de Brent llegando a rozar los 127 dólares, una cifra no vista desde el inicio del conflicto en Ucrania, aunque posteriormente se moderó hasta los 122 dólares. Esta subida se produce ante el riesgo creciente de una escalada militar en la región y la posibilidad real de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el tránsito de crudo mundial.
La falta de avances diplomáticos para reabrir el estrecho de Ormuz es la principal causa de esta preocupación. Recientemente, el expresidente estadounidense Donald Trump declaró a Axios que no levantaría el bloqueo naval sobre los puertos iraníes sin un acuerdo nuclear con Teherán. Posteriormente, la misma agencia informó de que los mandos militares de EE. UU. presentarían opciones de acción militar a la Casa Blanca, intensificando el temor a un conflicto que podría paralizar una ruta marítima crucial y agravar significativamente la crisis energética global, ya de por sí compleja.
Impacto en los Mercados y la Economía Global
La reacción de las bolsas europeas no se ha hecho esperar, con el Euro Stoxx 50 registrando una caída cercana al 0,6% y el Ibex 35 español cediendo un 0,5% durante la primera parte de la negociación. A pesar de que abril cerrará con subidas en los mercados, la agudización de la crisis energética genera nerviosismo. El sector bancario español, con valores como Mapfre y Santander a la baja, así como empresas como Cellnex e Indra, reflejan esta sesión bajista. Los buenos resultados trimestrales de gigantes tecnológicos como Alphabet y Amazon, que reportaron ganancias por la demanda de la nube, IA y publicidad, no han sido suficientes para disipar la preocupación, mientras los futuros de Wall Street mostraban un comportamiento mixto.
Expertos del sector, como los analistas de ING, advierten que el mercado petrolero ha transitado de un optimismo desmedido a la cruda realidad de la interrupción de suministro que se observa en el golfo Pérsico. Estiman una destrucción de la demanda de aproximadamente 1,6 millones de barriles diarios, una cifra insuficiente para compensar el déficit de suministro actual. Subrayan que cuanto más dure esta interrupción, menos podrán los mercados depender de sus reservas estratégicas y mayor será la necesidad de una destrucción de demanda más pronunciada, lo que solo se lograría mediante precios del petróleo aún más elevados.
Charu Chanana, estratega jefe de inversiones en Saxo, explicó a Reuters que si bien una subida temporal del crudo puede ser ignorada por los mercados, una interrupción prolongada en Ormuz es un factor de cambio radical. Esto se debe a su influencia directa en los costes de transporte, los márgenes de beneficio empresariales, las expectativas de inflación y, consecuentemente, las decisiones de los bancos centrales. El petróleo ya acumula un incremento superior al 100% en lo que va de año, y las perspectivas apuntan a que esta tendencia al alza podría mantenerse si la situación en el golfo Pérsico no se resuelve pronto.
Bancos Centrales y Tipos de Interés
La incertidumbre geopolítica también influye en las decisiones de los bancos centrales. El Banco Central Europeo (BCE) mantuvo, como se esperaba, los tipos de interés sin cambios en su reunión de abril. Konstantin Veit, gestor de carteras en Pimco, comentó que el Consejo de Gobierno mantiene una postura de vigilancia en un entorno de "incertidumbre excepcionalmente elevada". La institución monetaria europea prioriza esperar a las proyecciones de junio antes de cualquier ajuste, ante los altos riesgos para el crecimiento y la inflación. Por su parte, el Banco de Inglaterra también se reunía en este contexto, con expectativas similares de mantener la cautela.
En Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) optó por mantener los tipos por tercera reunión consecutiva. Sin embargo, esta decisión reveló crecientes divisiones internas, con cuatro miembros votando en contra, una situación no vista desde 1992. Uno de ellos abogaba por bajadas de tipos, mientras que otros tres discrepaban con la asignación de igual peso a los riesgos de inflación y crecimiento en un escenario tan volátil. Morgan Stanley, por ejemplo, anticipa que la Fed podría mantener las tasas sin cambios durante todo 2026. Jerome Powell, presidente de la Fed, ha indicado su intención de permanecer en el consejo tras su mandato, ante los desafíos legales planteados por Donald Trump a la presidencia de la autoridad monetaria.
David Kohl, economista jefe de Julius Baer, señala que el robusto crecimiento económico estadounidense, impulsado por una fuerte inversión en tecnología, pone en entredicho la necesidad de flexibilizar la política monetaria. Esto ocurre incluso cuando la inflación, ligada al conflicto en la región de Irán, podría disminuir. Esta situación ha llevado a ajustar las previsiones, esperando ahora un único recorte de tipos a finales de año, seguido de un periodo de política monetaria estable. Los mercados de futuros, por su parte, otorgan una probabilidad de una entre tres a una subida de tipos en el próximo año, y una de diez a un incremento de 50 puntos básicos, lo que refleja la disparidad de expectativas.
En el mercado de deuda, la rentabilidad del bono soberano alemán a una década escaló al 3,1%, marcando máximos desde 2011. Igualmente, el rendimiento del bono español a diez años se situó en el 3,57% y el de EE. UU. a igual plazo alcanzó el 4,4%. Los expertos de ING sugieren que vender bonos a largo plazo es una estrategia sensata en el actual escenario de incertidumbre sobre la resolución del conflicto, con la posibilidad de que el bono estadounidense a diez años retorne a niveles del 4,5% vistos semanas atrás. La cotización del euro, en contraste, se mantuvo relativamente estable, anclada en 1,168 dólares frente al billete verde.