El anuncio de un alto el fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos ha dado un respiro a los mercados globales este miércoles. Las bolsas europeas suben, el petróleo y el gas caen, y dos activos en principio muy distintos —el oro y el bitcoin— han reaccionado con subidas destacadas: el metal precioso llegó a repuntar más de un 3%, aunque modera su avance hasta el entorno del 1%, mientras que la criptomoneda original llegó a ganar cerca de un 5% y recupera niveles de hace tres semanas. El resto del mercado cripto sigue la misma senda, con tokens registrando avances superiores al 5%.
Lo llamativo no es solo la magnitud de las subidas, sino que se produzcan al mismo tiempo y por el mismo motivo. El oro lleva meses comportándose de forma inusual para un activo considerado refugio: su subida del 70% en el último año atrajo a inversores de corto plazo que, ante las primeras señales de alarma, vendieron sin contemplaciones. Así, el metal retrocedió un 12% en marzo, su peor mes desde junio de 2013, moviéndose al ritmo de las acciones en lugar de amortiguarlas. Según el World Gold Council, esa caída fue "pronunciada y contraintuitiva", pero explicable: el proceso de desapalancamiento y las necesidades de liquidez de muchos inversores inclinaron la balanza hacia los vendedores.
Javier Molina, analista de eToro, reconoce que ha habido una entrada de "dinero más nervioso" en el oro, aunque considera que esa fase especulativa se está agotando. "Vuelve a ser cobertura contra la depreciación de la moneda fiat", afirma. Este miércoles, la onza cotiza por encima de los 4.800 dólares, lejos aún de los máximos históricos cercanos a los 5.500 dólares que marcó en enero.
Bitcoin, por su parte, aspira a ocupar ese mismo rol de reserva de valor —lo que el sector llama "oro digital"—, pero los hechos recientes complican esa narrativa. En las primeras semanas del conflicto, la criptomoneda aguantó bien mientras las bolsas se hundían; incluso repuntó. Sin embargo, cuando Irán atacó instalaciones energéticas, bitcoin también sucumbió a la volatilidad, aunque con movimientos más moderados que otros activos de riesgo. Para Molina, el mercado está en una fase de transición: el inversor minorista sale y entra el institucional, lo que redefine cómo se moverá el precio. "Bitcoin está ante su test más importante: demostrar si actúa como cobertura o como especulación", señala el analista, que no descarta un desacoplamiento a medio plazo respecto a los activos de riesgo.
Los analistas de XTB apuntan que los mercados empiezan a anticipar posibles estímulos para amortiguar el impacto de los costes energéticos y un eventual giro de la Reserva Federal hacia recortes de tipos de interés, lo que reforzaría el atractivo tanto del oro como de las criptomonedas. Jeff Mei, director de operaciones de BTSE, advierte sin embargo que un mercado alcista sostenido depende de cómo evolucione el suministro de petróleo y gas y su impacto en la inflación.
La cautela sigue siendo la nota dominante. Ahmad Assiri, de Pepperstone Group, explica que el avance del oro refleja una "recalibración del riesgo", no un cambio de tendencia estructural. El alto el fuego ofrece alivio, pero es frágil: cualquier ruptura, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, podría reintroducir volatilidad con rapidez. Y Trump, que en menos de 24 horas pasó de amenazar con destruir una civilización entera a anunciar una tregua, ha dejado claro que la imprevisibilidad seguirá siendo el factor dominante en los mercados durante las próximas semanas.