Masayoshi Son, fundador y alma de SoftBank, ha llevado a la empresa a convertirse en la compañía más valiosa de Japón, superando a Toyota por primera vez desde principios de los 2000. Con una trayectoria llena de altibajos, Son ha transformado la estrategia de inversión del grupo enfocándola en la inteligencia artificial (IA), un sector al que destina miles de millones de dólares.
La clave de esta nueva era para SoftBank son los "cuatro pilares de la IA": centros de datos, modelos de IA, chips y robótica. En este marco, la mayor apuesta es OpenAI, con una inversión de 64.600 millones de dólares que otorga al grupo una participación cercana al 13%. Los planes de salida a bolsa de esta empresa y otros negocios tecnológicos respaldados por SoftBank como la robótica Roze y SB Energy, centran la atención de los inversores.
Son ha reestructurado SoftBank, ampliando significativamente su equipo directivo y alineando a la empresa bajo su visión personal, lo que genera confianza entre algunos inversores pero también dudas sobre la concentración de poder y el secretismo que rodea las operaciones del grupo. Los críticos recuerdan episodios como la fallida inversión en WeWork y advierten del alto riesgo ante la fuerte dependencia financiera y de deuda para sostener estas apuestas.
La reciente caída del 25% en la acción de SoftBank, atribuida en parte a rumores sobre posibles retrasos en la OPV de OpenAI y la competencia que presentan otras salidas a bolsa como SpaceX o Anthropic, ha aumentado la cautela en el mercado. Además, algunos analistas señalan la excesiva dependencia de OpenAI de SoftBank y advierten sobre la volatilidad que podría generar esta estrategia si el escenario global cambia.
A pesar de esto, Son mantiene una visión firme y optimista sobre el futuro de la IA, considerando que aún está en sus primeros pasos y que las crisis económicas u otros desafíos son oportunidades para invertir. Su plan a largo plazo incluye un ecosistema tecnológico integrado: chips fabricados por Arm, centros de datos alimentados por energía propia y productos desarrollados en alianza con OpenAI.
Este enfoque más integrado contrasta con la dispersión de inversiones que caracterizó a SoftBank en décadas anteriores. No obstante, la estrategia genera inquietud sobre la gobernanza interna, la exposición financiera y posibles conflictos de interés derivados de las participaciones personales de Son en fondos vinculados a la empresa.
Desde la influencia política de Son en Japón y su creciente protagonismo global hasta su ambiciosa promesa de elevar el valor neto de SoftBank hasta 1.000 billones de yenes con la ayuda de la superinteligencia artificial, el futuro del grupo parece definido por su fundador. Aunque ha pospuesto su jubilación y asume unos años más al frente, la cuestión de la sucesión y la capacidad del equipo para seguir su ritmo quedan abiertas.
En definitiva, SoftBank refleja hoy la fuerte personalidad de Son, con un riesgo elevado al calor de la transformación tecnológica pero también con la posibilidad de marcar el ritmo en la próxima generación de empresas impulsadas por la IA, un sector en plena efervescencia y competencia global creciente.
Para profundizar en el auge de SoftBank y la apuesta de Son, se pueden consultar fuentes como Financial Times o Expansión.