La tensión entre Irán y Occidente ha escalado mucho más allá del conflicto directo en Oriente Próximo. El régimen iraní ha intensificado sus acciones encubiertas contra opositores y objetivos estratégicos en varios países, utilizando redes sofisticadas para intimidar, secuestrar e incluso asesinar.
A mediados de abril, en plena fragilidad del alto el fuego entre Irán, Estados Unidos e Israel, la embajada iraní en Londres lanzó una campaña en Telegram dirigida a iraníes residentes en Reino Unido para unirse a una iniciativa llamada "sacrificio por la patria". La respuesta británica fue tajante: la diplomacia del Reino Unido llamó al embajador iraní para exigir la suspensión de cualquier mensaje que pudiera interpretarse como incitación a la violencia tanto a nivel nacional como internacional.
Este episodio refleja la preocupación creciente en Europa y otros territorios occidentales por las actividades encubiertas de Irán, que se atribuyen a una estrategia de represalia contra ataques previos. Los servicios de inteligencia occidentales llevan años denunciando campañas de intimidación que incluyen agresiones físicas, secuestros y atentados contra disidentes iraníes y objetivos vinculados a Israel y comunidades judías.
En diciembre de 2024, un ataque en Wimbledon contra Pouria Zeraati, presentadora del canal Iran International, ejemplificó estos métodos. Dos acusados serán juzgados por este episodio, mientras que se han registrado múltiples agresiones que las autoridades europeas vinculan provisionalmente con Teherán, lo que ha generado un ambiente de alarma por posibles represalias futuras.
Las represalias iraníes irán probablemente dirigidas a figuras de alto perfil, buscando vengar el asesinato de prominentes líderes iraníes como el ayatolá Ali Jamenei. Expertos en seguridad señalan que Irán apuesta por ataques de impacto pero planificados a largo plazo, en línea con su doctrina de capacidades asimétricas y operaciones en el extranjero.
El jefe del MI5 de Reino Unido, Ken McCallum, describió en 2024 esta escalada como una "ola de agresión transnacional iraní" que incluía intentos de asesinatos en múltiples países, lo que llevó a detenciones y procesos judiciales contra varios ciudadanos iraníes en Europa. Entre estos complots destaca el intento en 2022 de asesinar en Nueva York al activista Masih Alinejad, frustrado gracias a la infiltración de agentes de seguridad.
Por otro lado, en Estados Unidos, Shahram Poursafi, presunto miembro de la Guardia Revolucionaria Islámica, fue acusado de planear el asesinato del exasesor de seguridad John Bolton, mostrando el alcance y la ambición de estas operaciones. La inteligencia estadounidense proporcionó protección a figuras políticas amenazadas, como Mike Pompeo y Brian Hook, en respuesta a estas amenazas.
La estructura de estas operaciones es compleja y busca diluir la responsabilidad directa de Teherán. Organizaciones criminales, intermediarios y agentes locales facilitan las acciones, creando una cadena de mando que dificulta su trazabilidad. Según exfuncionarios, la División de Operaciones Especiales de la Guardia Revolucionaria se divide en unidades con objetivos específicos: una contra disidentes iraníes y otra contra objetivos extranjeros, incluyendo diplomáticos y empresarios israelíes en diversos continentes.
Sin embargo, el asesinato de altos cargos de seguridad iraníes ha limitado la capacidad de Teherán para llevar a cabo acciones coordinadas de gran escala en el corto plazo. El vacío de liderazgo y la falta de continuidad han provocado una disminución en la actividad de la Fuerza Quds en el exterior, aunque siguen activas ciertas células.
Además, muchos agentes colaboran por convicciones ideológicas, no solamente bajo órdenes, lo que añade un componente fanático que aumenta la peligrosidad de la campaña.
En definitiva, la guerra secreta de Irán contra sus opositores en el extranjero representa un desafío complejo para las agencias de seguridad occidentales, que deben equilibrar la respuesta entre la vigilancia, la diplomacia y la prevención para evitar una escalada directa que podría desestabilizar aún más la región, mientras continúa el conflicto más amplio en Oriente Próximo.
Más información en Financial Times y análisis detallados en los informes del MI5 y de Inteligencia Europea.