La seguridad del presidente ruso, Vladimir Putin, se ha reforzado significativamente en los últimos meses debido a un creciente temor a atentados, especialmente a través de ataques con drones. Con un enfoque casi exclusivo en la guerra en Ucrania, Putin ha limitado su contacto con asuntos civiles y se ha recluido en búnkeres subterráneos ubicados en diferentes regiones de Rusia, incluyendo Krasnodar, en el sur del país.
Según fuentes vinculadas a los servicios de inteligencia europeos y cercanas a Putin, el Servicio Federal de Protección (FSO) ha incrementado las medidas de seguridad para el presidente y su círculo cercano. Estas acciones incluyen restricciones severas para el personal próximo, que deben evitar el uso de teléfonos móviles o dispositivos con acceso a internet, así como la prohibición de utilizar transporte público.
Desde marzo, el Kremlin ha manifestado una preocupación particular por la posible ocurrencia de intentos de asesinato mediante drones, una amenaza que se ha reforzado tras la llamada "Operación Telaraña" de Ucrania que llevó ataques a aeródromos más allá del Círculo Polar Ártico el año pasado. Esta situación ha llevado al aumento de controles estrictos realizados por el Servicio Federal de Seguridad (FSB) y a la instalación de sistemas de vigilancia especiales en las residencias del presidente y en zonas estratégicas, como las riberas del río Moscova.
El aislamiento de Putin también se refleja en su agenda y en su participación pública. Ha reducido notablemente sus visitas oficiales y reuniones con funcionarios no relacionados directamente con el conflicto, dedicando hasta un 70 % de su tiempo a asuntos militares. La mayoría de sus encuentros con otros cargos se centran en decisiones y detalles operativos de la guerra en territorio ucraniano. Este cambio contrasta con su tradición previa de implicarse más en la política nacional y geopolítica en general.
Paralelamente, el presidente y su familia han dejado de acudir a residencias habituales alrededor de Moscú y en Valdai, optando por permanecer en búnkeres y espacios protegidos con mayor medida. Los medios estatales, por su parte, continúan difundiendo imágenes pregrabadas para mantener una impresión de normalidad y control.
No solo la vida de Putin está en juego. La inseguridad sobre la protección de altos mandos militares ha generado tensiones internas. Tras el asesinato del teniente general Fanil Sarvarov, representantes del FSB y el Ministerio de Defensa se han culpado mutuamente por las brechas en la seguridad. Finalmente, el Servicio Federal de Protección ha asumido la responsabilidad de cuidar a un grupo selecto de generales clave, una medida ordenada directamente por Putin.
Este endurecimiento de seguridad coincide con una notable disminución de la popularidad del presidente entre la sociedad rusa, que también refleja un cansancio creciente hacia el conflicto armado y la situación interna del país. Encuestas oficiales e independientes confirman que los índices de apoyo a Putin están en mínimos desde la movilización parcial anunciada en otoño de 2022, que provocó una oleada masiva de emigración juvenil.
En las redes sociales, numerosas críticas hacia el gobierno, la represión en internet y la gestión económica se hacen cada vez más visibles, con figuras públicas como la bloguera Viktoria Bonya mostrando abiertamente el temor y molestia de la población.
Pese a ello, el Kremlin continúa promoviendo actividades públicas cuidadosamente escenificadas para proyectar cercanía, como la reciente visita de Putin a una escuela de gimnasia rítmica en San Petersburgo. Sin embargo, expertos como el analista Andrei Kolesnikov destacan que la comunicación del presidente se limita cada vez más a escuchar a los servicios de seguridad y evitar la confrontación directa con la realidad nacional.
El distanciamiento y la preocupación por su seguridad personal dibujan una imagen de Putin cada vez más aislado y enfocado en mantener el control militar, dejando de lado la gestión política regular y profundizando una brecha creciente entre lo que se espera de su liderazgo y las acciones que está dispuesto a asumir.
Fuentes: según reportes de Financial Times, análisis de inteligencia europea y declaraciones de expertos en Moscú.