La inteligencia artificial (IA) está cambiando la forma de trabajar en el sector sanitario. Según un estudio reciente de Adecco, el 86% de los profesionales del área se adapta a esta tecnología y el 61% reconoce que está transformando sus roles laborales. Sin embargo, solo el 13% de las empresas del sector admite estar preparada para este cambio disruptivo.
Los trabajadores en salud ahorran una media de dos horas cada día gracias a la IA, un tiempo que rededican a tareas estratégicas y a su formación. Este ahorro impulsa la flexibilidad y la adaptación entre el personal, que busca ganar agilidad en su jornada de trabajo. Sin embargo, solo un 32% se siente partícipe en el rediseño de su puesto, lo que genera la sensación de que la IA es una imposición y no una herramienta integrada en la planificación profesional.
El sector salud es uno de los más intensivos en mano de obra en España, empleando a más de 1,6 millones de personas según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Comprende la sanidad pública y privada, la industria farmacéutica y la biotecnológica y aporta casi un 10% al PIB nacional. Además, es el principal inversor en I+D industrial, con la industria farmacéutica concentrando aproximadamente el 20% de los recursos destinados a investigación en este campo.
El informe de Adecco destaca que la IA representa no solo un avance tecnológico, sino un cambio en la relación entre talento y tecnología. Los profesionales esperan que la IA elimine la carga administrativa para recuperar el trato humano que exige la atención sanitaria. Sin embargo, lamentan la falta de una estrategia clara en las empresas para integrar el talento con la tecnología, lo que limita la capacidad de adaptación de la plantilla.
La falta de políticas de IA es preocupante para el 42% de los empleados, quienes reclaman un marco ético y práctico que defina qué está permitido en el uso de estas herramientas. La baja confianza en la gestión del cambio tecnológico se refleja en una puntuación de apenas 4 sobre 10. Los profesionales temen que la IA se utilice para aumentar la carga de trabajo o reducir plantilla en lugar de mejorar la calidad laboral y el bienestar.
Por contraste, los trabajadores no muestran temor a ser desplazados por la IA. Solo un 21% piensa que sus tareas pueden ser reemplazadas totalmente por la tecnología. La mayoría, un 73%, cree que la IA creará nuevos empleos y que sus roles evolucionarán hacia puestos más técnicos y analíticos. Se asoman nuevas profesiones híbridas, como el científico de datos clínicos, que fusionan la ciencia con la tecnología. Sin embargo, confían en que sus empresas faciliten esa transición profesional.
El liderazgo actual parece insuficiente para acompañar a los equipos en esta transformación. Solo un 37% confía en que sus superiores tienen las competencias necesarias para liderar la digitalización, lo que provoca incertidumbre y sensación de ser empujados a un cambio sin apoyo claro. Por ello, un 72% de los empleados se forman por iniciativa propia en IA ante la falta de programas corporativos robustos.
Las estructuras jerárquicas rígidas dificultan además la movilidad y el desarrollo profesional. Apenas el 39% de las organizaciones ofrece alternativas claras de carrera. Los empleados piden que la IA sirva para detectar sus habilidades y proponer movimientos internos no explorados, y que el aprendizaje continuo se incorpore al ADN de las organizaciones, no como un curso aislado anual.
El informe concluye que la resiliencia de las organizaciones no está garantizada solo por la tecnología, sino por las personas. Los profesionales del sector sanitario están dispuestos a ser el nexo entre la IA y la realidad clínica, siempre que se les considere socios en la transformación, se proteja su bienestar y se mantenga la prioridad del contacto humano en la atención a pacientes.
Para profundizar, se puede consultar el análisis completo de Adecco en su informe oficial y los datos del INE sobre empleo en salud.
Esta dualidad entre avance tecnológico y falta de preparación refleja un gran desafío para el sector, que tendrá que acelerar la formación, mejorar el liderazgo y definir estrategias claras si quiere aprovechar el potencial total de la IA sin perder el componente humano que define la sanidad.