La historia de Maurice Flitcroft es una de las anécdotas más singulares y sorprendentes en la historia del golf. En 1976, este operario de grúa inglés de 46 años decidió, sin experiencia previa en golf, apuntarse a la ronda clasificatoria para el prestigioso Open Británico, uno de los cuatro grandes torneos de este deporte.
Nacido en Manchester en 1929 y con una vida laboral variada, que incluyó ser marinero, vendedor de betún o heladero, Flitcroft se aficionó al golf viendo el campeonato mundial Piccadilly World Match Play por televisión en 1974. Desde entonces, aprendió de forma autodidacta, practicando putts en su salón y golpeando pelotas en playas y campos cercanos.
Su intento de jugar el Open comenzó con un pequeño fraude: sin tener hándicap oficial, requisito para jugar como amateur, se registró como profesional en la inscripción, una casilla que en esa época no requería comprobación. Inspirado por un antecedente similar de 1965 en Estados Unidos, Flitcroft apostó por colarse en la clasificación con pocos recursos y escasa preparación.
El día de la ronda en el Royal Birkdale Golf Club, llegó tarde, sin calentar y con palos comprados por catálogo. Su actuación fue desastrosa: firmó una tarjeta de 121 golpes, la peor en la historia de ese torneo. Su golpe de salida apenas se desplazó y muchos de sus golpes terminaron entre los matorrales. Sin embargo, su valentía y la ridiculez del episodio atraparon a espectadores y profesionales por igual.
Uno de los golfistas profesionales que compartió partida con él llegó a reclamar la devolución de su inscripción, argumentando que la situación era una falta de respeto. El propio Flitcroft decidió retirarse al día siguiente, al darse cuenta de que necesitaba un rendimiento inalcanzable para avanzar.
La organización del Open Británico no tomó a la ligera la situación. El Royal and Ancient Golf Club de St Andrews, organismo rector del torneo, prohibió a Flitcroft participar en futuras competiciones de por vida y empezó a llamarle en broma "el conejo del Royal & Ancient".
Lejos de amedrentarse, Maurice continuó intentando clasificarse en ediciones posteriores, a menudo disfrazándose y usando alias como Gerald Hoppy o James Beau Jolley, disfrazándose con bigotes postizos y gafas oscuras para tratar de burlar a los organizadores. En total intentó competir en seis ocasiones más, logrando resultados anecdóticos como un parcial de 63 golpes en nueve hoyos antes de ser descubierto.
Con el paso de las décadas, la figura de Flitcroft cambió de ser objeto de burla a un icono de la perseverancia y la pasión por el golf, aunque fuera desde una perspectiva poco ortodoxa. Su historia ha inspirado libros, como "El Fantasma del Open" y una película homónima estrenada en 2022 con Mark Rylance como protagonista.
El legado de Flitcroft también traspasó fronteras: en Estados Unidos, el Blythefield Country Club creó un torneo en 1978 dedicado a celebrar a los golfistas mediocres, llamado en su honor, una muestra del cariño que sus anécdotas despertaron entre aficionados.
Maurice Flitcroft falleció en 2007 en su ciudad natal, Barrow-in-Furness, tras haber quedado viudo y dejando a sus hijos, entre ellos Gene, que fue su caddie aquel memorable día en 1976.
Aunque nunca llegó a la fama deportiva tradicional, Flitcroft consiguió algo pocas veces visto: convertirse en un símbolo entrañable de la lucha contra las normas rígidas del deporte y una leyenda imperecedera para el mundo del golf.
La historia del Open Británico de 1976, además de recordar el talento de estrellas como Seve Ballesteros o Johnny Miller, tiene este curioso capítulo que refleja cómo la pasión y la audacia pueden convertir un fracaso absoluto en un mito, en ocasiones incluso más recordado que las hazañas de los grandes campeones.
Para más detalles sobre el Open Británico y sus figuras históricas, puede consultarse la web oficial o los archivos del Royal and Ancient Golf Club.
El caso Flitcroft también invita a reflexionar sobre la evolución de las reglas en el golf profesional y la importancia de los controles en inscripciones y hándicaps, asuntos que han cambiado sustancialmente desde aquel verano de 1976.