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Por qué la bajada del petróleo no llega a la gasolinera

El bloqueo del estrecho de Ormuz y la lógica del mercado físico frenan el abaratamiento de los combustibles en España.

Por Carlos García·lunes, 13 de abril de 2026Actualizado hace 2 h·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Por qué la bajada del petróleo no llega a la gasolinera · El Diario Joven

El Gobierno español aprobó a finales de marzo una rebaja fiscal sobre los combustibles —recortando el IVA del 21% al 10% y reduciendo el impuesto especial sobre hidrocarburos— que le cuesta más de 1.000 millones de euros en tres meses. El objetivo era aliviar el golpe de la guerra de Irán en el bolsillo de los conductores. Sin embargo, apenas dos semanas después, buena parte de ese alivio se ha evaporado sin que el precio en el surtidor haya seguido la misma senda bajista que el barril de crudo.

Según los datos que publica semanalmente la Comisión Europea, la gasolina apenas bajó un 0,25% en la última semana, mientras que el diésel subió un 2%. Y eso en un periodo en el que el petróleo Brent, la referencia internacional, sí cayó con fuerza ante las expectativas de recuperación del suministro. El gasóleo, que mueve seis de cada diez vehículos en España, sigue estando menos de un 4% por debajo del precio previo a la rebaja fiscal.

Hay una explicación estructural detrás de este desacople. El Brent que aparece en los titulares es un activo financiero que se negocia en bolsa, como una acción. Útil para protegerse de la volatilidad, pero distinto al petróleo físico que descarga un petrolero o que llega por oleoducto a una refinería. En condiciones normales, ambos precios van de la mano. Pero el bloqueo del estrecho de Ormuz ha roto esa sincronía: el precio de entrega inmediata llegó a marcar un récord histórico de 144 dólares frente a los 119 del mercado de futuros, con una subida del 80% desde el inicio del conflicto frente al 65% del futuro. "El Brent del mercado de futuros no soluciona el problema de quien necesita petróleo hoy", explica Allen Good, director de análisis de renta variable de Morningstar.

Las refinerías son el verdadero cuello de botella. Son ellas, y no las bolsas, las que fabrican la gasolina y el diésel que llegan al surtidor, y sus costes de producción representan más de un tercio del precio final del combustible en España. Estas instalaciones operan con contratos a muy corto plazo, a menudo con el barril ya cargado en el buque. Y muchos de esos contratos incluyen cláusulas que permiten desviar un cargamento si durante el trayecto aparece un comprador dispuesto a pagar más, algo que se ha disparado en este contexto de escasez. "Cuando hay un riesgo, el precio sube rápidamente para asegurar el aprovisionamiento, pero la bajada es progresiva", explica Miguel Ángel Vicente González, director de Gestión de Energía en la consultora NTT DATA.

El problema se agrava porque el Golfo Pérsico no solo es una vía de tránsito para el crudo: es también una zona densamente poblada de refinerías. Con Ormuz cerrado, esas instalaciones tampoco pueden exportar sus productos refinados, lo que genera una escasez doble: menos petróleo crudo entra en las refinerías europeas y asiáticas, y al mismo tiempo menos gasolina y diésel sale de las refinerías del Golfo. "El precio en las refinerías refleja la dura aritmética de los cargamentos que deben asegurarse y trasladarse de inmediato", señala Carsten Brzeski, responsable global de análisis macro de ING Research.

Este desequilibrio explica también los movimientos de algunos petroleros en los últimos días. Los buques Aliai, Minerva Vaso y Grand Ace6 zarparon de Estados Unidos a principios de marzo con destino a Europa, pero han desviado su ruta y navegan ahora frente a la costa atlántica del sur de África, previsiblemente rumbo a Asia. Las refinerías chinas e indias, entre las más afectadas por el bloqueo, están pagando primas más altas para compensar la falta de suministro. "Las refinerías asiáticas están pujando de forma agresiva por barriles del Atlántico", apunta Good. Según Bloomberg Intelligence, el volumen de crudo acumulado en buques a la espera de cambiar de comprador está en niveles altísimos mientras las reservas de las refinerías se desploman.

La tregua anunciada entre Estados Unidos e Irán no ha despejado el horizonte. En las primeras horas del alto el fuego, apenas cuatro barcos cruzaron Ormuz. Uno llegó a zarpar desde la costa emiratí y dio media vuelta antes de entrar al estrecho. Mientras la reapertura real del paso no se consolide y los inventarios no se repongan, la lógica del mercado físico seguirá marcando el paso, y el ciudadano que para en la gasolinera tendrá que seguir esperando a que la bajada del crudo se traduzca, por fin, en céntimos reales en el surtidor.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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