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Empresas deben publicar rangos salariales y prohibir preguntar sueldos previos

La nueva Ley de Transparencia Salarial obliga a mostrar bandas retributivas y limita preguntas en procesos de selección desde junio de 2024

Por Redacción El Diario Joven·sábado, 13 de junio de 2026·6 min lectura·2 vistas
Ilustración: Empresas deben publicar rangos salariales y prohibir pregunt · El Diario Joven

El 7 de junio de 2024 entró en vigor la Ley de Transparencia Salarial, que transforma el panorama laboral en España al exigir a las empresas publicar rangos salariales claros en sus ofertas y prohibir preguntar a los candidatos cuánto ganaban en anteriores empleos. Esta normativa responde a la Directiva UE 2023/970, que busca combatir la opacidad y reducir la brecha salarial.

A partir de ahora, las compañías con más de 250 empleados deben presentar informes anuales sobre diferencias salariales entre hombres y mujeres, mientras que las de menor tamaño irán adaptándose progresivamente hasta 2031. Pero la ley va más allá de la obligación informativa: prohíbe a reclutadores y cazatalentos solicitar información sobre el salario previo del candidato, para evitar perpetuar desigualdades basadas en historiales previos.

Esta restricción obliga a las empresas a valorar a los profesionales por el valor real del puesto y las competencias, en lugar de basarse en negociaciones anteriores, según Carmen Cerdá, directora de RRHH de Cegid. Además, cualquier diferencia salarial superior al 5% debe justificarse explícitamente y ofrecer datos desglosados a quien los solicite. Quienes gestionen estos procesos con medios manuales se exponen a multas importantes, que pueden superar los 6.000 euros.

El estudio "Transparencia Salarial en España" de Mercer revela que muchas empresas desconocen las sanciones que conlleva incumplir la ley y que el 90% no publica el ratio de salario entre CEO y empleados, una métrica que pronto será obligatoria y crucial para la reputación corporativa. El 86% ya dispone de una arquitectura de puestos sólida, fundamental para analizar la equidad salarial con rigor.

Para abordar la brecha salarial, las empresas deben dejar de considerar la compensación como discrecional y aplicar matrices objetivas basadas en el valor del puesto y criterios de mérito. La evaluación conjunta del paquete retributivo debe incluir no solo el salario base sino también bonos, complementos y beneficios sociales, pues según Mercer, un 18% de las empresas ya detecta diferencias relevantes en estos últimos aspectos.

Uno de los errores habituales es analizar la brecha salarial de forma global sin segmentar por puestos de igual valor, lo que puede producir comparaciones injustas entre cargos distintos. Además, solo un 12% utiliza modelos matemáticos avanzados para calcular la brecha ajustada, es decir, la que queda tras eliminar variables legítimas como experiencia o formación, que es la que realmente debe corregirse según expertos.

La Directiva incorpora la inversión de la carga de la prueba: si una empleada denuncia discriminación salarial y existen indicios de brecha, la empresa debe demostrar que no ha habido trato desigual. Sin un sistema de valoración neutral de puestos, esto es casi imposible y puede acarrear indemnizaciones elevadas.

Los departamentos de recursos humanos deben adaptar sus metodologías para evitar sesgos de género en la valoración de puestos, especialmente en cargos tradicionalmente feminizados frente a masculinizados. Bonos y comisiones son los conceptos donde más brecha salarial se detecta en España, por lo que su auditoría se ha convertido en prioritaria.

La transparencia salarial se perfila como un factor clave de marca empleadora que atrae principalmente a generaciones jóvenes, como la Z y millennials, que valoran la claridad en retribución por encima de otros beneficios. Sin embargo, menos de la mitad de los directivos se sienten preparados para explicar las diferencias salariales a sus equipos, lo que demanda formación y comprensión profunda de la arquitectura de puestos.

El cambio también afecta a los procesos de reclutamiento: las empresas deben definir claramente las bandas salariales de los puestos antes de buscar candidatos y evitar basar la negociación en el historial salarial de los aspirantes. En este contexto, los cazatalentos ganan relevancia como mediadores para facilitar comunicaciones transparentes y ajustadas al mercado.

Uno de los retos más importantes que trae la norma es gestionar las expectativas internas, ya que al hacerse públicos los rangos, quienes perciban estar en la parte baja presionarán para subir su salario, mientras que el presupuesto es limitado. Esto puede conducir a una compresión salarial perjudicial para los empleados senior y de alto rendimiento.

El cumplimiento de la ley requiere cambiar tanto las estructuras retributivas como la cultura empresarial hacia modelos más objetivos y equitativos. Como advierten expertos, la transparencia debe entenderse no solo como un imperativo legal, sino como un compromiso para sostener una política salarial justa que fortalezca la reputación y la sostenibilidad corporativa.

Las dudas de los trabajadores sobre la ley son frecuentes. Por ejemplo, no se exige comunicar el sueldo exacto de cada empleado, sino rangos salariales por categoría y género. Tampoco está prohibido que los trabajadores compartan su salario entre ellos, aunque esto puede generar conflictos internos. Así, la ley busca equilibrar el derecho a la información con la gestión adecuada del clima laboral.

En definitiva, la Ley de Transparencia Salarial supone un cambio profundo en la gestión del talento y las compensaciones en España, abriendo el paso a entornos laborales más equitativos y claros, pero también plantea importantes desafíos técnicos y culturales para las empresas que deben afrontar esta transición.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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