El sector de la defensa en la Unión Europea atraviesa un proceso de cambio profundo en respuesta a un entorno global cada vez más volátil. La reciente invasión rusa a Ucrania, tensiones comerciales entre potencias y la evolución de la guerra híbrida y cibernética han obligado a replantear las estrategias y prioridades militares y tecnológicas.
Con la seguridad como telón de fondo, la UE trabaja para construir un mercado único de defensa que permita superar la fragmentación actual de su industria y avanzar hacia la autonomía estratégica. En este proceso, uno de los mayores obstáculos es la dependencia de China en materias primas críticas para la fabricación de tecnología militar avanzada, donde Pekín controla la mayoría de los recursos clave como el magnesio metálico.
Durante el VII Foro Internacional Expansión, expertos reunidos por el think tank The European House Ambrosetti detallaron que la industria europea de defensa debe aumentar su producción y consolidar esfuerzos. Sin embargo, la multiplicidad de sistemas —con 35 diferentes frente a los 12 de EE.UU.— complica su competitividad global. En lugar de fusiones directas entre grandes compañías, la propuesta apunta a coordinar programas conjuntos de compras para optimizar recursos y capacidades.
El debate sobre gasto también es crucial. La OTAN demanda que sus socios incrementen el gasto en defensa hasta el 5% del PIB para garantizar la capacidad de disuasión ante amenazas como Rusia. España, sin embargo, mantiene su aportación en torno al 2,1%, lo que genera preocupación entre expertos y se percibe como un riesgo colectivo. Rob Bauer, expresidente del Comité Militar de la OTAN, advirtió que sin cumplir estos compromisos, la defensa común se debilita y la paz queda en entredicho.
Además del gasto, la falta de talento cualificado en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) representa una barrera para la industria. Según fuentes oficiales, alcanzar un 3% de gasto militar en Europa requeriría incorporar 670.000 profesionales más en el sector. Incentivar la formación universitaria y profesional y romper viejas percepciones negativas sobre la industria de defensa han sido identificados como pasos imprescindibles para atraer a nuevos perfiles.
Desde la Secretaría de Estado de Defensa en España, Héctor Casado López destaca que el país cuenta con una base industrial sólida y un importante despliegue de tropas en misiones internacionales. Pero insiste en que la autonomía estratégica exige mayor integración y fortalecimiento tecnológico para evitar depender exclusivamente de Estados Unidos o China.
El control que ejerce China sobre tierras raras esenciales para la fabricación de armamento genera incertidumbre. Los expertos señalan que no es viable depender de sistemas extranjeros que requieren materiales críticos que solo Pekín suministra con flexibilidad limitada. Por ello, fortalecer la cadena de suministro europea es tan prioritario como modernizar las fuerzas armadas.
Este contexto marca el nuevo enfoque de la defensa europea, donde la cooperación, la inversión sostenida y la innovación tecnológica se convierten en factores esenciales para garantizar seguridad y soberanía a largo plazo. Continuar en la senda de la fragmentación o la dependencia podría comprometer la estabilidad regional y la capacidad de respuesta ante futuras amenazas, subrayan los analistas.
El desafío es mayúsculo, pero no inevitable. Europa debe encontrar el equilibrio entre gasto, industria, talento y materias primas para posicionarse como un actor estratégico capaz de defender su seguridad y sus intereses en un mundo cada vez más complejo.
Para profundizar en este tema pueden consultarse informes y análisis en The European House Ambrosetti, el comité militar de la OTAN y la Secretaría de Estado de Defensa española.