Los fabricantes europeos Volkswagen, Renault y BMW están impulsando el desarrollo de vehículos eléctricos de autonomía extendida (VEE) para captar a consumidores que prefieren no depender exclusivamente de la carga eléctrica. Esta tecnología mezcla un motor eléctrico potente con un pequeño motor de combustión que funciona solo para generar energía y recargar la batería.
Este formato sitúa a los VEE entre los híbridos enchufables tradicionales y los coches totalmente eléctricos, ofreciendo mayor autonomía sin las limitaciones habituales de los eléctricos puros. Así, según sus promotores, estas unidades reducen las emisiones más que los híbridos convencionales, al centrarse en la propulsión eléctrica en la mayoría de los trayectos.
Actualmente, Leapmotor, un fabricante chino, es el único que comercializa vehículos VEE en Europa. No obstante, grandes marcas europeas exploran su producción para ganar terreno en un mercado donde los eléctricos puros tienen dificultades debido a la dependencia de baterías y cadenas de suministro globales, dominadas en gran parte por China.
El CEO de Renault, François Provost, destacó que su empresa planea versiones de coches eléctricos con hasta 750 km de autonomía pura y hasta 1.400 km cuando se emplea el extensor de autonomía. Provost confía en que esta tecnología convencerá al 70% de los clientes para pasarse a vehículos eléctricos en 2030, resaltando que esta estrategia difiere de la de otras marcas que apuestan por grandes pick-ups y SUV híbridos principalmente en Norteamérica.
La política energética y climática también impulsa esta tecnología. Las regulaciones cambiantes en la Unión Europea y Estados Unidos, junto con la reciente escalada en los precios del combustible por conflictos geopolíticos, han aumentado el interés en vehículos que ofrecen mayor autonomía y flexibilidad para el usuario. Además, el hecho de que los VEE no estén sujetos a los aranceles más altos para eléctricos importados de China, como sucede con los eléctricos puros, los hace una opción atractiva para la industria europea.
Desde el punto de vista tecnológico, los VEE usan baterías más pequeñas para dejar espacio al depósito de combustible, reduciendo costes y aprovechando la experiencia de fabricantes occidentales en motores térmicos tradicionales. Esto permite una transición gradual hacia la electrificación completa sin dejar obsoleta la infraestructura y el conocimiento vigente en Europa.
El crecimiento de los VEE es actualmente modesto fuera de China, donde representan un 9% del mercado eléctrico e híbrido enchufable, mientras que en Europa y otras regiones no alcanzan el 1%. Sin embargo, analistas como George Whitcombe, de Benchmark Mineral Intelligence, prevén que esta gama de vehículos podría ganar una cuota considerable a principios de la próxima década, desplazando a los híbridos enchufables convencionales.
No obstante, esta tecnología también tiene detractores. Organizaciones medioambientales como Transport & Environment apuntan que los VEE son caros y consumen aproximadamente 6,4 litros de gasolina por cada 100 km cuando funciona el motor térmico, cifras comparables a un SUV tradicional. Además, expertos como Justin Lunny, CEO de Everrati, alertan que las mejoras en las baterías podrían hacer que el extensor de autonomía pierda relevancia a largo plazo.
En definitiva, aunque los vehículos eléctricos de autonomía extendida aún deben consolidarse en el mercado europeo, su desarrollo es un reflejo de la búsqueda de soluciones que permitan acortar el tiempo de transición hacia una movilidad más sostenible, mientras se afrontan las incertidumbres políticas y geopolíticas del sector. Para más información, puede consultarse el análisis original publicado por Financial Times y el seguimiento de las estrategias de Renault y Volkswagen en sus sitios oficiales.