La filial española de Capgemini ha confirmado que pondrá en marcha un expediente de regulación de empleo (ERE) que afectará a parte de los 11.000 profesionales que tiene en plantilla en el país. La razón que esgrime la multinacional francesa no es una caída de ingresos ni un mal ejercicio fiscal, sino algo que muchos analistas venían anticipando desde hace meses: el impacto directo de la inteligencia artificial en la forma de trabajar de las grandes consultoras tecnológicas. La primera reunión formal entre empresa y representantes sindicales está prevista para el 23 de abril, momento en el que se conocerán los detalles concretos del alcance de los recortes.
Lo que convierte este anuncio en especialmente relevante para cualquier persona joven que trabaje o aspire a trabajar en el sector tecnológico es el mensaje que lo acompaña. Capgemini no habla de pérdidas ni de crisis de demanda. Habla de transformación. En su comunicado oficial, la compañía asegura que "la innovación tecnológica se está acelerando" y que las necesidades de sus clientes cambian a un ritmo que obliga a reconfigurar los perfiles profesionales de sus equipos. Traducido a lenguaje directo: algunas de las tareas que hasta ahora realizaban consultores humanos empiezan a ser asumidas, total o parcialmente, por herramientas de inteligencia artificial generativa.
El contexto de negocio de Capgemini en España no sugiere una empresa en apuros. Durante 2024, la consultora facturó 700 millones de euros en el mercado español, una cifra que la sitúa entre las principales firmas del sector en el país. Cuenta con oficinas repartidas por más de una decena de ciudades, incluyendo Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Vitoria, Valladolid, Oviedo, Murcia y Cádiz. Esa capilaridad geográfica significa que el impacto del ERE podría notarse en muchas comunidades autónomas, no solo en los grandes polos tecnológicos. Además, en enero de este año la compañía nombró a Laurent Perea como nuevo consejero delegado en España, en sustitución de Luis Abad, que había dirigido la operación durante un lustro. Un relevo que, visto ahora, parece estar vinculado precisamente a este giro estratégico.
Para entender el alcance de lo que está ocurriendo conviene mirar más allá de una sola empresa. Capgemini no es la primera gran consultora que vincula ajustes de plantilla a la automatización impulsada por IA. A nivel global, firmas como Accenture, IBM o Cognizant han realizado movimientos similares en los últimos dos años, reduciendo determinados perfiles mientras contratan especialistas en nuevas áreas como ingeniería de prompts, gobernanza de datos o integración de modelos de lenguaje. El patrón se repite: no desaparece el empleo tecnológico en términos absolutos, pero sí se transforma a una velocidad que deja fuera a quienes no se reciclan. Según datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), el sector de actividades informáticas y de servicios de información ha mantenido una tendencia positiva en contratación en España durante los últimos años, pero la composición de esas contrataciones está cambiando de forma significativa.
El caso Capgemini plantea preguntas incómodas para una generación que creció escuchando que formarse en tecnología era garantía de estabilidad laboral. La realidad es más matizada. Los perfiles más expuestos a la automatización por IA no son necesariamente los menos cualificados, sino aquellos cuyas tareas son más predecibles y estandarizables: testing de software, soporte técnico de primer nivel, desarrollo de código rutinario o generación de documentación técnica. Por el contrario, los roles que combinan conocimiento técnico con capacidad de análisis estratégico, gestión de clientes o diseño de soluciones complejas parecen más resilientes, al menos por ahora. La consultora insiste en su comunicado en que busca garantizar que sus equipos cuenten con "las competencias adecuadas para el futuro", lo que implica que parte de la reestructuración podría incluir programas de reciclaje profesional, aunque no ha concretado nada al respecto.
Desde el punto de vista legal, un ERE en España obliga a la empresa a negociar con los representantes de los trabajadores durante un periodo mínimo de 30 días en empresas de más de 50 empleados. Durante ese tiempo se discuten las condiciones de salida, las posibles indemnizaciones y las medidas de acompañamiento, como planes de recolocación o formación. La legislación laboral española, regulada en el Estatuto de los Trabajadores, exige que la empresa justifique las causas económicas, técnicas, organizativas o de producción que motivan los despidos. En este caso, Capgemini parece apoyarse en causas técnicas y organizativas, vinculadas directamente a la transformación que supone la adopción masiva de herramientas de inteligencia artificial en sus procesos de negocio.
Lo que resulta llamativo es la franqueza con la que la compañía vincula el ERE a la inteligencia artificial. Hasta ahora, la mayoría de empresas que ajustaban plantilla por motivos relacionados con la automatización preferían utilizar fórmulas más vagas, hablando de "optimización de procesos" o "adaptación al mercado". Que una firma del tamaño de Capgemini nombre directamente a la IA como factor desencadenante supone un cambio de narrativa que probablemente veremos replicado en otros sectores y otras empresas en los próximos meses. No es una cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo y con qué intensidad.
Para los miles de jóvenes profesionales que trabajan en consultoras tecnológicas en España, el mensaje es doble. Por un lado, la demanda de talento digital no va a desaparecer; de hecho, sigue creciendo en áreas como ciberseguridad, arquitectura cloud, análisis de datos avanzado o desarrollo de soluciones basadas en IA. Por otro lado, la formación continua deja de ser una opción y se convierte en una necesidad urgente. El mercado laboral tecnológico español ya no premia solo saber programar o gestionar sistemas: exige capacidad de adaptación permanente y disposición a reinventarse cada pocos años. El ERE de Capgemini no es el fin de una era, pero sí una señal inequívoca de que las reglas del juego están cambiando, y de que quienes no se preparen para el nuevo escenario corren el riesgo de quedarse fuera.