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Muere Nadia Farès a los 57 años tras un accidente en una piscina de París

La actriz franco-marroquí, conocida por 'Los ríos de color púrpura', falleció tras una semana en coma después de sufrir un paro cardíaco mientras nadaba.

Por Carlos García·viernes, 24 de abril de 2026·4 min lectura·3 vistas
Ilustración: Muere Nadia Farès a los 57 años tras un accidente en una pis · El Diario Joven

El cine europeo ha perdido esta semana a una de sus figuras más reconocibles de los años noventa y dos mil. Nadia Farès, actriz de nacionalidad franco-marroquí, falleció el 23 de abril a los 57 años en París después de permanecer varios días en coma. Sus dos hijas confirmaron la noticia mediante un comunicado remitido a la agencia AFP. La causa que desencadenó todo fue un paro cardíaco que sufrió mientras nadaba en un complejo deportivo del distrito 9 de la capital francesa el pasado 11 de abril.

Según las primeras informaciones recogidas por medios franceses, otros usuarios de la instalación encontraron a la actriz inconsciente en el agua y procedieron a rescatarla antes de que llegaran los servicios de emergencia. Fue trasladada al hospital Pitié-Salpêtrière, uno de los centros de referencia de París, donde quedó ingresada en estado crítico. Durante una semana, los médicos trataron de revertir una situación que finalmente resultó irreversible. Las autoridades francesas abrieron una investigación para esclarecer las circunstancias exactas del suceso, aunque de momento no se ha detectado ninguna irregularidad en el funcionamiento de la instalación.

Nacida en Marrakech en 1968 y criada en Niza, Farès construyó durante más de tres décadas una carrera dentro del cine francés caracterizada por la intensidad de sus personajes y una presencia en pantalla muy difícil de ignorar. Su nombre llegó a un público internacional gracias a 'Los ríos de color púrpura', el thriller de suspense estrenado en el año 2000 y dirigido por Mathieu Kassovitz, en el que compartió reparto con Jean Reno y Vincent Cassel. La película, basada en la novela homónima de Jean-Christophe Grangé, fue un éxito comercial y de crítica en varios países europeos, y situó a Farès en un registro de thriller que sabía explotar con precisión.

Antes de ese salto internacional, la actriz había trabajado en producciones francesas que le habían dado visibilidad dentro del sector, combinando el cine con apariciones en televisión. Su perfil encajaba bien en papeles de mujeres complejas, con una capacidad para transmitir tensión contenida que la diferenciaba en los castings. No era una actriz de alfombras rojas constantes ni de presencia mediática permanente, pero dentro de la industria su nombre tenía peso.

Lo que hace especialmente duro el momento de su muerte es el contexto personal en el que se encontraba. Farès había superado en los últimos años una operación cerebral por un aneurisma y varias intervenciones cardíacas, un historial médico que había llevado con discreción pero que había compartido en una entrevista concedida a comienzos de 2026 en Francia. En esa conversación explicó cómo esos episodios habían transformado su relación con el trabajo y con la vida fuera de los platós. Lejos de retirarse, los había convertido en un punto de inflexión para reorientar su carrera.

Esa reorientación tenía forma concreta: Farès estaba preparando su debut como directora con un largometraje propio que tenía previsto comenzar a rodarse este otoño. El proyecto representaba una nueva etapa para ella, la de pasar al otro lado de la cámara y construir historias desde una posición diferente. No hay detalles públicos sobre el contenido del filme, pero quienes la conocían en el sector habían señalado que era un trabajo en el que llevaba tiempo volcada. Su muerte deja ese proyecto sin continuidad y trunca lo que habría sido un capítulo inédito en su trayectoria.

El mundo del cine francés ha reaccionado con mensajes de condolencia que subrayan tanto su talento como su discreción. Unifrance, el organismo que promueve el cine galo en el exterior, es uno de los espacios donde su figura ha sido recordada con regularidad a lo largo de los años. Dentro del sector, la noticia ha generado una respuesta amplia, con compañeros de profesión que han destacado su capacidad para construir personajes con pocos recursos narrativos.

Nadia Farès tenía 57 años y una carrera que, sin haber necesitado ocupar siempre el centro del plano, había dejado una huella clara en quienes la vieron trabajar. Su nombre está unido de forma definitiva a uno de los thrillers más recordados del cine europeo de principios de siglo, pero también a una forma de entender la actuación que antepone la verdad del personaje al impacto inmediato. El accidente del 11 de abril en aquella piscina parisina interrumpió de golpe un regreso que ya estaba en marcha.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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