Shenzhen, una ciudad que hace 40 años era un pueblo de pescadores, se ha convertido en un referente tecnológico de China. Allí, los taxis sin conductor y los drones que entregan comida forman parte de la experiencia urbana, aunque aún de modo limitado.
Esta transformación es palpable al viajar en un robotaxi de la empresa Pony.ai, que opera en Shenzhen con conducción autónoma de nivel 4, es decir, sin necesidad de conductor presente. El viaje, que dura alrededor de 30 minutos, se realiza con total suavidad y precisión, integrándose en el tráfico intenso de la ciudad. El vehículo respeta rigurosamente los límites de velocidad y mantiene una distancia de seguridad, sin recurrir a medidas agresivas que sí suelen verse en conductores humanos, como el uso del claxon.
El acceso al servicio requiere un número de teléfono chino y generalmente apoyo para gestionar la app, lo que evidenció que la tecnología está aún más orientada a usuarios locales. En el interior, los pasajeros pueden controlar aspectos como la climatización y el sonido, mientras una mampara separa el asiento del conductor para evitar interferencias.
El otro avance es el reparto con drones, ofrecido por la plataforma Meituan en varios puntos de Shenzhen mediante quioscos inteligentes o 'lockers'. Estos drones vuelan incluso bajo la lluvia, aunque el viento puede interrumpir el servicio. Los pedidos se realizan escaneando un código QR y, al igual que en el taxi autónomo, se requiere un número de teléfono chino para completar el proceso a través de aplicaciones como WeChat.
El dron deposita sus entregas en contenedores especiales con alta precisión, exigiendo un código PIN para liberar el pedido. Aunque el sistema es efectivo, la espera en días lluviosos fue considerable y en situaciones de más demanda los drones deben esperar a su turno. Esta modalidad no se ha convertido aún en un recurso masivo y sigue resultando más una novedad tecnológica que un servicio habitual.
La realidad tecnológica de Shenzhen refleja, por tanto, un uso temprano y experimental de estas innovaciones. En las calles, los repartidores en bicicleta y moto eléctrica siguen siendo los protagonistas del reparto, y los robotaxis son solo una pequeña parte de la flota comparados con los taxis tradicionales.
Se estima que en China se entregan unos 5.400 paquetes cada segundo y hay más de 6 millones de taxis. Esto implica que la adopción total de vehículos autónomos y drones será gradual, con impactos en el empleo y la logística aún por evaluar detenidamente.
Como experiencia, el coste de un taxi autónomo de media hora más tres bubble teas entregados por dron ascendió a 106 yuanes, cerca de 13,20 euros. Esto sitúa estos servicios en un rango accesible para usuarios interesados en probar tecnologías emergentes, pero no necesariamente listas para uso masivo.
Shenzhen, por tanto, se mantiene como laboratorio global de innovación urbana, mostrando una visión del futuro con vehículos autónomos y drones, aunque las calles todavía estén dominadas por métodos tradicionales de movilidad y reparto. Más información sobre estas iniciativas puede consultarse en Xataka, que cubrió el lanzamiento del OPPO Find X9 Ultra y la experiencia en Shenzhen.