En plena crisis de acceso a la vivienda, donde recibir un legado familiar se ha convertido para muchos jóvenes en la única vía realista para comprar una casa, Galicia acaba de marcar un récord paradójico: cerca de 4.000 personas rechazaron sus herencias solo en el último año, según los datos del Colegio Notarial de Galicia. Es la cifra más alta jamás registrada en la comunidad y refleja una tendencia que, aunque no es exclusiva de esta región, resulta especialmente llamativa allí.
El fenómeno no se entiende sin mirar qué contienen realmente esas herencias. Frente a la imagen habitual de cuentas bancarias abultadas o pisos en zonas céntricas, buena parte de los legados gallegos incluyen fincas rústicas de difícil acceso, construcciones en ruinas, parcelas minúsculas fruto del histórico minifundismo de la región o propiedades fragmentadas entre múltiples familiares que ni siquiera se conocen entre sí. En definitiva, bienes que no tienen mercado, que no generan ingresos y que incluso acarrean obligaciones como el mantenimiento para prevenir incendios forestales.
Herencias que restan en lugar de sumar
Otro factor determinante son las deudas. No es raro que un legado llegue acompañado de hipotecas pendientes, préstamos sin cancelar o avales vigentes. Si la carga financiera supera al valor de lo heredado, aceptar se convierte en un mal negocio. Esto ocurre con especial frecuencia en herencias entre hermanos o de tíos a sobrinos, donde las bonificaciones fiscales son menores y los costes de notaría, registro y plusvalía municipal pueden no compensar.
Curiosamente, Galicia cuenta con uno de los marcos fiscales más favorables de España para herencias entre descendientes directos y cónyuges cuando el valor no supera el millón de euros, según recoge un informe reciente de ARAG. Así que la fiscalidad no parece ser el motor principal de las renuncias, sino la propia naturaleza de lo que se hereda.
Un problema que crece en toda España
El fenómeno es nacional. Según datos del Consejo General del Notariado, las renuncias puras de herencia han pasado de unas 19.000 en 2011 a casi 55.000 en 2024, con más de 46.000 registradas solo hasta octubre de 2025. Andalucía, Cataluña, Madrid y la Comunidad Valenciana encabezan las cifras absolutas, pero el crecimiento relativo en Galicia es de los más pronunciados: sus 3.859 renuncias de 2024 casi cuadruplican las 1.051 de 2011.
Al trasfondo económico se suma un componente demográfico ineludible. En una sociedad tan envejecida como la gallega, el aumento de fallecimientos genera mecánicamente más herencias y, con ellas, más posibilidades de rechazo. También influye el auge de los pactos sucesorios en vida, que permiten a las familias anticipar la transmisión de bienes para evitar conflictos o aprovechar ventajas fiscales.
El contraste con el boom de donaciones
Lo que hace este récord especialmente llamativo es el contexto inmobiliario. El propio Consejo General del Notariado constató a finales de 2025 que las donaciones y herencias desempeñan un papel cada vez más relevante en el acceso a la vivienda de las nuevas generaciones. En 2025 se tramitaron más de 225.300 donaciones en toda España, el máximo desde al menos 2011. Entre 2017 y 2024, las donaciones de viviendas crecieron casi un 68%, coincidiendo con la escalada de precios del mercado.
El resultado es una España partida en dos realidades. Por un lado, miles de jóvenes que solo pueden plantearse comprar una casa gracias a lo que reciben de sus familias. Por otro, miles de herederos que miran lo que les han dejado y concluyen que aceptarlo les saldría más caro que renunciar. En Galicia, esa segunda realidad acaba de alcanzar su punto más alto.