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España y China: más dependencia, menos discurso

Las importaciones españolas desde China rozaron los 50.000 millones en 2025, mientras el déficit comercial bate récords históricos.

Por Carlos García·martes, 14 de abril de 2026·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: España y China: más dependencia, menos discurso · El Diario Joven

Pedro Sánchez visitó China por cuarta vez en cuatro años consecutivos, una frecuencia sin precedentes entre los líderes europeos. Durante el viaje se reunió con el presidente Xi Jinping, visitó la Universidad de Tsinghua —uno de los principales centros de desarrollo de inteligencia artificial del país— y se fotografió junto al CEO de Xiaomi. El simbolismo de la agenda es difícil de ignorar. Mientras el discurso político dominante en Europa habla de reducir la dependencia de Pekín, España lleva años haciendo exactamente lo contrario.

La narrativa del desacople lleva años instalada en los medios y en la agenda institucional. Líderes europeos y norteamericanos han repetido que Occidente está diversificando sus cadenas de suministro y reordenando el comercio global para no depender en exceso de China. Es un mensaje coherente, bien construido y políticamente conveniente. El problema es que los números no lo sostienen.

Lo que dicen los datos comerciales

Entre 2014 y 2024, las importaciones de la Unión Europea procedentes de China crecieron un 101,9%, según los datos de Eurostat. Las exportaciones europeas hacia China, en ese mismo periodo, avanzaron apenas un 47%. La relación entre ambas potencias no se está enfriando: se está intensificando y, al mismo tiempo, desequilibrando. En 2024, la UE exportó bienes por valor de 213.300 millones de euros a China e importó 517.800 millones, lo que dejó un déficit comercial de 304.500 millones de euros. China representa el 21,3% de todas las importaciones extracomunitarias, muy por delante de Estados Unidos, con un 13,7%, y del Reino Unido, con un 6,8%.

Los tres mayores importadores europeos de productos chinos en 2024 fueron Países Bajos, con 109.000 millones de euros, Alemania, con 96.000 millones, e Italia, con 50.000 millones. Solo Irlanda y Luxemburgo registraron superávit comercial con China dentro de la UE. El caso alemán es especialmente llamativo: Berlín encabeza el discurso de la autonomía estratégica, pero al mismo tiempo es el segundo mayor comprador europeo de productos chinos. El mensaje político y la realidad comercial van por caminos separados.

El caso español: déficit récord y sin intención de ocultarlo

España ocupa el cuarto puesto en volumen de importaciones desde China dentro de la UE. En 2024, esas importaciones alcanzaron los 45.174 millones de euros, mientras que las exportaciones españolas hacia el gigante asiático sumaron 7.467 millones. El resultado es un déficit comercial de 37.706 millones de euros: España compra a China casi siete veces más de lo que le vende. En 2025, las importaciones crecieron todavía más, hasta los 50.250 millones de euros.

Lo que distingue a España del resto de sus socios europeos no es tanto la magnitud del desequilibrio, sino la actitud con la que lo gestiona. Madrid no mantiene la ficción del alejamiento. Sánchez ha viajado a Pekín en 2023, 2024, 2025 y 2026, una cadencia que ningún otro presidente del Gobierno español había tenido, ni siquiera José Luis Rodríguez Zapatero, que también realizó cuatro viajes pero los distribuyó entre 2005 y 2011. Ningún líder europeo ha visitado China con esa frecuencia en el mismo periodo.

Qué advierte el Banco de España

Los productos que España importa desde China no son artículos de consumo prescindibles. Son maquinaria industrial, equipos de telecomunicaciones y motores: insumos que alimentan directamente la capacidad productiva española. El Banco de España advirtió en 2024 que China representa el principal punto débil comercial tanto para España como para el conjunto de la UE, no solo por el volumen de las importaciones, sino por su concentración y su naturaleza estratégica. El problema, señaló el organismo, no se resuelve con discursos: requiere cadenas de suministro alternativas que, por ahora, no están desarrollándose a la escala necesaria.

Mientras España le vende a China componentes de automoción, productos químicos y jamón serrano, China exporta a España bienes de alta tecnología con un valor añadido muy superior. No es solo una asimetría de volumen: es una asimetría estructural que afecta a la posición competitiva del país a largo plazo.

Europa también gira hacia Pekín

El acercamiento a China en 2025 y 2026 no es exclusivo de España. El canciller alemán Friedrich Merz, el primer ministro británico Keir Starmer y el presidente francés Emmanuel Macron han viajado a Pekín en los últimos meses. Todos estos movimientos tienen un denominador común: los aranceles activados por Donald Trump en 2025, que han acelerado el debate europeo sobre la conveniencia de reducir la dependencia de Washington y explorar otras vías comerciales. Lo que diferencia a España es que lleva años construyendo esa relación antes de que la presión arancelaria estadounidense lo pusiera de moda.

Cada visita de Sánchez a China genera acuerdos de cooperación y comunicados sobre inversiones en energías renovables. Lo que no genera, al menos de forma visible, es una corrección del desequilibrio comercial. El déficit lleva años en máximos históricos y las visitas no han servido para revertirlo. La pregunta que queda en el aire es si esa apuesta por el acercamiento acabará traduciendo alguna ventaja económica concreta para España, o si simplemente consolidará una dependencia que, según los propios datos de la Comisión Europea, no para de crecer.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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