El bar, un formato emblemático de la gastronomía española, ha captado la atención de importantes chefs de alta cocina que buscan acercar su cocina a un público más amplio y en un ambiente relajado.
Los hermanos Roca ejemplifican esta tendencia. Con tres estrellas Michelin en El Celler de Can Roca, han optado por mantener el bar familiar Can Roca, fundado en 1967, y recientemente inauguraron Vii, una barra en Girona con una carta centrada en platos tradicionales y vinos con buena relación calidad-precio, todo ello en un entorno cómodo y con precios accesibles entre 25 y 30 euros.
Por otra parte, Bar Normal, también vinculado a la familia Roca, representa la supercasualización de su gastronomía. Este local ofrece tapas y raciones clásicas como croquetas o tortilla de patata por 15-25 euros. Su enfoque es democratizar el acceso a la alta cocina bajo la fórmula del bar, permitiendo disfrutar de calidad sin grandes formalidades.
En el País Vasco, Bittor Arguinzoniz combina alta cocina y barra en Etxebarri, considerado el segundo mejor restaurante del mundo según The World's 50 Best. Su bar abre exclusivamente los domingos para servir pintxos y una selección de platos tradicionales a precios asequibles, mientras el restaurante ofrece menús de parrilla de alta gama en la planta superior.
Elkano Txiki, en Getaria, es otro ejemplo de esta tendencia. Fundado por Aitor Arregui para recuperar el bar original de la familia, ofrece raciones y medias raciones de pescados a la parrilla y platos de la cocina vasca tradicional con precios que oscilan entre 20 y 70 euros.
Ricard Camarena, chef con dos estrellas Michelin, lanzó Central Bar en el Mercado Central de Valencia, un espacio que funciona durante el horario del mercado y ofrece platos tradicionales como ensaladilla o bravas por 15-30 euros. En la misma línea, su No Bar, inaugurado en marzo, busca recuperar la esencia del bar tradicional con una carta para todas las horas del día y precios entre 10 y 35 euros.
En Barcelona, los hermanos Torres estrenaron Parada Torres dentro del Mercado de Santa Caterina. Este bar rinde homenaje a la cocina popular con platos como croquetas, escalivada o pepito de ternera por 25-30 euros, ofreciendo una experiencia cercana y sin pretensiones, a la vez que mantiene un vínculo con la alta cocina que desarrollan en su restaurante triestrellado.
Jordi Cruz, reconocido por su trabajo en ABaC, ha redefinido el modelo de bar con Ten's en el Born barcelonés. Su carta incluye clásicos como patatas bravas y calamares a la andaluza, además de una selección de platos con un punto más elaborado, con precios entre 25 y 50 euros.
En Galicia, el chef Dani López ha cerrado su espacio gastronómico O Camiño do Inglés para recuperar un bar clásico de Ferrol con Bar Cobas. Su objetivo es rescatar las recetas tradicionales de su familia, ofreciendo una filosofía similar de acercar la cocina de calidad a un público más amplio.
Otros proyectos destacables incluyen Altorterete, de Pedro Aguilera, que tras ganar una estrella Michelin ofrece una carta dinámica en su bar de Alcalá del Valle, y Arrea!, en Álava, que combina cocina de pueblo con barra abierta solo algunos fines de semana, brindando pintxos, vinos y sidras a precios razonables.
Finalmente, Jordi Vilà, director gastronómico de la cervecería Fábrica Moritz en Barcelona, presenta Alkostat, un espacio informal donde se disfrutan tapas y platos como picantón y croquetas, a precios que varían entre 20 y 45 euros.
Esta corriente evidencia cómo los grandes chefs españoles están reinventando el bar tradicional, fusionando tradición y alta cocina en formatos accesibles que favorecen la socialización y el disfrute sin complejos. En un momento donde la gastronomía busca diversidad de públicos y experiencias, estos bares son un puente entre dos mundos con mucho sabor.
Para conocer más sobre el auge de los bares gastronómicos, se puede consultar la evolución de la oferta en locales como El Celler de Can Roca o la selección de The World's 50 Best Restaurants aquí.
Los precios moderados y la apuesta por productos tradicionales y técnicas cuidadas demuestran que la alta cocina puede ser disfrutable en formatos más sencillos y cotidianos, acercando las creaciones de chefs con estrellas Michelin a un público más amplio y diverso.