Bnext, la fintech española que en su momento fue considerada la gran alternativa a la banca tradicional, cerró sus cuentas y tarjetas el 13 de abril de 2025. Fundada en 2016 por Guillermo Vicandi, la empresa llegó a acumular más de 100.000 clientes activos en España y a cerrar una ronda de financiación de 22 millones de euros. Casi una década después, la app desaparece como producto de consumo tras una serie de tropiezos que incluyen una expansión fallida en México y el colapso de su propia criptomoneda.
Desde el principio, Bnext se presentó no como un banco sino como una entidad de dinero electrónico (EDE). La distinción era importante para sus fundadores: Bnext no guardaba el dinero de los usuarios ni asumía riesgos crediticios directos, sino que actuaba como intermediario entre el cliente y los mejores productos financieros del mercado. Cuenta, tarjeta VISA, préstamos, seguros, compra de divisas y planes de inversión, todo desde una sola aplicación y sin oficinas físicas. El modelo era atractivo y moderno, y el mercado lo recibió con entusiasmo.
El momento cumbre: 2019
En 2019, Bnext vivió su mejor época. Con más de 156.000 usuarios registrados y una alianza con MyInvestor para ampliar su oferta de productos, la empresa se convirtió en referencia del ecosistema fintech nacional. Ese año cerró su segunda ronda de financiación con 22 millones de euros, la mayor captación de capital en el sector en España desde que la valenciana Hawkers obtuviera 55 millones años antes. Todo apuntaba a que Bnext podía competir de tú a tú con rivales europeos como Revolut o N26.
Sin embargo, el crecimiento acelerado trajo consigo decisiones que a la larga resultaron costosas. En 2021, Bnext intentó aterrizar en Latinoamérica de la mano de Cacao Paycard. La operación no prosperó: la Comisión Nacional Bancaria y de Valores de México (CNBV) denegó la autorización para operar y sancionó a Bnext con 2,6 millones de pesos mexicanos —aproximadamente 150.000 euros al cambio actual— por incurrir en comunicación engañosa con sus clientes. La compañía tuvo que cerrar todas sus cuentas en el país y perder más de 230.000 usuarios que ya habían confiado en el servicio.
La apuesta por el blockchain que salió mal
Mientras Revolut consolidaba su posición en España y el resto de Europa, Bnext buscaba un nuevo camino. En 2021 anunció una alianza estratégica con Algorand, una firma especializada en tecnología blockchain que se convirtió en uno de sus principales accionistas. De esa unión nació B3X, el token propio de Bnext, lanzado al público el 1 de marzo de 2022 con un precio de salida de dos céntimos de euro.
La apuesta fue un fracaso. El token no generó la tracción esperada y su valor se desplomó hasta cotizar en fracciones ínfimas de dólar antes de que el servicio fuera desmantelado por completo. La criptomoneda, que se concibió como un elemento diferenciador y de fidelización, terminó siendo uno de los factores que aceleraron la pérdida de confianza en la plataforma.
Qué pasa ahora con los usuarios
El cierre de Bnext como producto de consumo tiene consecuencias directas para quienes todavía mantenían una cuenta activa. Las tarjetas están canceladas y no es posible realizar pagos, transferencias ni domiciliar recibos. Los usuarios disponen de un plazo de hasta 20 años para reclamar el saldo pendiente en sus cuentas. La gestión de los activos en criptomonedas se ha derivado a Onyze, aunque el proceso debe realizarse por correo electrónico. Los datos personales serán eliminados conforme al Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea.
La desaparición del marketplace integrado en la app es otro golpe para quienes usaban Bnext como punto de acceso a distintos productos financieros de terceros. Ese modelo, que fue el núcleo del proyecto original, desaparece sin sustituto directo.
Bnext no desaparece del todo: el pivote hacia empresas
A pesar del cierre al consumidor final, Bnext no cesa completamente su actividad. Guillermo Vicandi explicó en un comunicado que la empresa ha decidido reorientar su propuesta de valor hacia el segmento B2B, ayudando a otras compañías a lanzar sus propios productos de pago e infraestructura financiera. En sus palabras, el mercado fintech ha cambiado de forma considerable y el entorno regulatorio se ha vuelto más exigente, lo que hace insostenible el modelo dirigido al consumidor en las condiciones actuales.
Este tipo de pivote no es infrecuente en el sector. Algunas fintechs que no logran escalar lo suficiente en el negocio retail encuentran en la provisión de infraestructura financiera —lo que se conoce como Banking as a Service o BaaS— una vía de supervivencia con márgenes más predecibles. Si Bnext logrará consolidarse en ese nuevo rol es una incógnita, pero el camino que han elegido al menos tiene precedentes de éxito en otros mercados europeos.
Lo que sí queda claro es que el cierre de Bnext como neobanco marca el fin de una etapa para el fintech español. La empresa que en 2019 parecía capaz de plantar cara a los gigantes europeos del sector cierra su capítulo más visible después de una expansión fallida, una criptomoneda sin recorrido y una competencia que no dejó de crecer. El ecosistema fintech en España sigue vivo, pero uno de sus referentes más reconocidos ya forma parte de su historia.