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Ucrania mira con recelo las elecciones de Hungría

Kiev no espera cambios significativos en su relación con Budapest independientemente del resultado electoral del domingo.

Por Carlos García·domingo, 12 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Ucrania mira con recelo las elecciones de Hungría · El Diario Joven

El pasado jueves, la cuenta oficial de Volodímir Zelenski publicó un mensaje en húngaro. No había ninguna referencia a las elecciones que Hungría celebra este domingo, pero el gesto no era casual. El presidente ucraniano se reunió con representantes de la minoría magiar de la región de Transcarpatia, una franja occidental de Ucrania que limita con Hungría y donde viven decenas de miles de ciudadanos de etnia húngara. Entre los asistentes había soldados en activo, civiles y líderes comunitarios locales.

En ese encuentro se trataron asuntos alejados de la diplomacia de alto nivel: los preparativos para el próximo invierno, la reubicación de negocios afectados por la guerra y la rehabilitación de veteranos de combate. Una agenda doméstica y pragmática que, sin embargo, refleja la complejidad de una relación bilateral que lleva casi una década deteriorándose. Porque en los frentes de guerra hay combatientes ucranianos de etnia húngara que pelean contra las fuerzas rusas, y sus comunidades de origen siguen mirando a Kiev con desconfianza.

Una fractura que viene de lejos

El origen del conflicto entre Budapest y Kiev no arranca con la invasión rusa a gran escala de 2022, sino varios años antes. En 2017, el Gobierno ucraniano aprobó una ley educativa que limitaba la enseñanza en lenguas minoritarias, incluido el húngaro. Hungría lo interpretó como una amenaza directa a los derechos de su diáspora en Transcarpatia y respondió bloqueando sistemáticamente las aspiraciones de integración euroatlántica de Ucrania en distintos foros internacionales.

Desde entonces, la tensión no ha hecho más que crecer. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha mantenido una posición singular dentro de la Unión Europea y la OTAN: ha obstaculizado paquetes de ayuda militar y financiera a Ucrania, ha mantenido contactos regulares con Moscú y ha evitado sumarse al consenso occidental de apoyo a Kiev. Una postura que le ha valido críticas constantes de sus socios europeos, pero que le ha resultado rentable en clave de política interior.

Tanto, que durante la campaña electoral de estas elecciones del domingo, el nombre y la imagen de Zelenski aparecieron en carteles de campaña del partido de Orbán, Fidesz. No como un aliado, sino como elemento de contraste: la figura del presidente ucraniano fue utilizada para movilizar a un electorado que, según los datos de encuestas internas, muestra escaso entusiasmo por implicarse en un conflicto armado en el país vecino.

¿Qué cambia con las elecciones?

La respuesta corta, según los analistas que siguen la región, es que poco o nada. La oposición húngara, encabezada por Péter Magyar y su partido Tisza, ha adoptado un perfil más proeuropeo que Fidesz y ha criticado la cercanía de Orbán con el Kremlin. Sin embargo, tampoco ha prometido un giro radical en la política hacia Ucrania ni ha asumido compromisos concretos sobre los derechos de la minoría magiar en Transcarpatia, un asunto que genera sensibilidades en ambos lados de la frontera.

Kiev lo sabe. Ucrania ha aprendido por las malas que las relaciones con Budapest dependen de factores que van más allá de quién ocupa el gobierno: la cuestión de la minoría húngara, los intereses energéticos —Hungría sigue siendo uno de los países más dependientes del gas ruso en Europa— y una tradición de política exterior que históricamente ha buscado espacios de autonomía respecto a los grandes bloques son elementos estructurales, no circunstanciales.

La Unión Europea ha intentado mediar en varias ocasiones, con resultados limitados. Bruselas ha vinculado parte de los fondos de cohesión destinados a Hungría al respeto del Estado de derecho, pero esa presión no se ha traducido en un cambio de posición de Budapest respecto a Ucrania. De hecho, Orbán ha utilizado esa tensión con la UE como argumento de campaña, presentándose como el defensor de la soberanía húngara frente a las imposiciones externas.

Una minoría en tierra de nadie

Mientras los políticos negocian, los húngaros de Transcarpatia viven una situación peculiar. Muchos han sido movilizados para combatir en un ejército cuyo idioma oficial no es el suyo y cuya legislación ha recortado el espacio de sus escuelas y sus tradiciones culturales. Algunos han cruzado la frontera para evitar el servicio militar, lo que ha generado fricciones adicionales entre los dos gobiernos.

La reunión de Zelenski con representantes de esta comunidad, discreta y sin declaraciones grandilocuentes, es en sí misma una señal. Kiev intenta gestionar la relación con una minoría que se siente atrapada entre dos Estados en conflicto, y al mismo tiempo no quiere que Budapest use esa comunidad como palanca de presión permanente. Es un equilibrio difícil que ningún resultado electoral del domingo va a resolver de forma inmediata.

Lo que sí está claro es que la guerra en Ucrania ha puesto en evidencia hasta qué punto las viejas disputas regionales, aparentemente menores, pueden convertirse en obstáculos de primer orden para la política exterior europea. Hungría y Ucrania comparten frontera, historia y tensiones que ninguna urna va a desactivar este domingo.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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