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Trump borra una imagen en la que aparecía como Cristo

La publicación, que lo mostraba como figura mesiánica, generó un rechazo inusual entre creyentes y católicos conservadores.

Por Carlos García·martes, 14 de abril de 2026Actualizado hace 20 min·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Trump borra una imagen en la que aparecía como Cristo · El Diario Joven

Donald Trump ha borrado una publicación en redes sociales en la que aparecía vestido como Jesucristo, inclinado sobre un hombre enfermo en una escena de resonancias mesiánicas. El gesto es llamativo porque el presidente estadounidense rara vez retira contenido que él mismo comparte o avala. En este segundo mandato, las rectificaciones públicas han sido prácticamente inexistentes. Esta vez, sin embargo, algo forzó la marcha atrás: la incomodidad creciente entre votantes creyentes, y en particular entre católicos, que interpretaron la imagen como una trivialización de la figura central de su fe.

La publicación representaba a Trump con ropas blancas, en una postura que evocaba directamente iconografía cristiana. La escena situaba al presidente como redentor de una América en crisis, un relato que su campaña y su entorno han cultivado desde 2020, pero que en esta ocasión cruzó una línea que parte de su propia base electoral no estaba dispuesta a tolerar. La retirada llegó sin explicación oficial, sin comunicado y sin disculpa pública, algo coherente con el estilo del mandatario, pero que no impidió que la imagen circulara ampliamente antes de su eliminación.

El choque con el Vaticano

Este episodio no ocurre en el vacío. Las relaciones entre la administración Trump y la Santa Sede atraviesan uno de sus momentos más tensos en décadas. El Vaticano ha mantenido una posición crítica ante las políticas migratorias del gobierno estadounidense, la retórica sobre deportaciones masivas y el abandono de compromisos climáticos internacionales. El papa Francisco, antes de su fallecimiento, llegó a calificar públicamente las deportaciones de inmigrantes impulsadas por Washington como una "vergüenza" para quienes se dicen cristianos, palabras que resonaron con fuerza en una América donde los católicos representan aproximadamente el 20% del electorado.

La tensión con Roma no es un asunto menor para Trump. En las elecciones de 2024, el voto católico resultó determinante en varios estados bisagra, y parte de la estrategia republicana consistió en presentar al candidato como defensor de valores judeocristianos frente a lo que su campaña describía como una deriva cultural de la izquierda. Esa narrativa funciona mientras la Iglesia guarda silencio o matiza. Cuando Roma habla alto, el cálculo político se complica.

Una base electoral incómoda

Lo que diferencia a este incidente de otros roces entre Trump y distintas instituciones es que la presión vino, al menos en parte, desde dentro. Líderes religiosos conservadores, párrocos y fieles que en 2024 votaron republicano expresaron su malestar ante la imagen. No fue una crítica organizada ni una campaña coordinada, sino una incomodidad difusa pero perceptible en comunidades que habitualmente apoyan al presidente.

Esta dinámica resulta políticamente delicada. Trump ha construido gran parte de su capital electoral sobre la idea de ser un outsider dispuesto a enfrentarse a cualquier establishment, incluido el mediático, el académico o el político. Pero el establishment religioso, y en concreto la Iglesia católica, ocupa un lugar distinto en la percepción de millones de sus votantes. Provocar al New York Times tiene rédito entre su base. Provocar a Roma, menos.

El uso político de la iconografía religiosa

La utilización de simbolismo religioso en la política estadounidense no es nueva ni exclusiva de Trump. Candidatos de ambos partidos han apelado a la fe como parte de su imagen pública, y el lenguaje político en Estados Unidos está impregnado de referencias bíblicas desde los tiempos de los Padres Fundadores. Lo que distingue el caso concreto de esta imagen es su literalidad: no una cita evangélica, no una referencia velada, sino la identificación visual directa del presidente con la figura de Cristo.

Como señalan los analistas de religión y política del Pew Research Center, la relación entre identidad religiosa y comportamiento electoral en Estados Unidos es más compleja de lo que suelen reflejar los titulares. La mayoría de los votantes creyentes distinguen entre un político que apela a la fe y uno que se presenta como encarnación de lo sagrado. Esa línea, aparentemente, fue la que Trump cruzó esta vez.

La retirada de la imagen cierra el episodio en lo inmediato, pero deja abierta una pregunta de fondo: hasta qué punto puede la maquinaria de comunicación presidencial seguir escalando en provocación simbólica sin erosionar el apoyo de una base que, pese a su lealtad probada, tiene límites que no se negocian en términos electorales sino en términos de fe. La respuesta, por ahora, la ha dado el propio Trump con un gesto poco habitual en él: el silencio y el borrado.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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