El exgeneral y expresidente búlgaro Rumen Radev se alzó el domingo como gran vencedor de las elecciones legislativas en Bulgaria, con su recién creado partido, Bulgaria Progresista, acaparando alrededor del 44% de los sufragios cuando se había escrutado aproximadamente el 40% de los votos. De confirmarse ese resultado en el recuento definitivo, se trataría de una victoria contundente, aunque insuficiente para alcanzar una mayoría parlamentaria que le permita gobernar sin necesidad de socios.
Las encuestas a pie de urna publicadas al cierre de los colegios electorales ya anticipaban el triunfo de Radev, aunque con un margen algo más estrecho: los sondeos situaban a Bulgaria Progresista entre el 37,5% y el 39,2% de los apoyos. El dato provisional del 44% superaría por tanto las previsiones y reforzaría aún más la posición negociadora del exgeneral de cara a la formación de gobierno.
Radev, de 62 años, es una figura controvertida en el panorama político europeo. Fue comandante de la Fuerza Aérea búlgara antes de ejercer como jefe de Estado entre 2017 y enero de 2026, cuando presentó su dimisión para liderar su propio proyecto político. A lo largo de su mandato presidencial acumuló una imagen claramente euroescéptica y cercana a las posiciones de Moscú, lo que le granjeó críticas desde Bruselas y desde los sectores más atlantistas de la sociedad búlgara. Bulgaria lleva años ocupando uno de los últimos puestos en los índices de corrupción de la Unión Europea, un problema estructural que Radev colocó en el centro de su campaña electoral para diferenciarse del establishment tradicional.
El auge de Bulgaria Progresista se enmarca en un ciclo político que ya ha dado sorpresas similares en otros países del este europeo, donde partidos de nueva creación con discursos críticos hacia las élites y hacia la integración occidental han capitalizado el descontento ciudadano. En el caso búlgaro, el hartazgo con la inestabilidad política crónica —el país ha celebrado seis elecciones generales desde 2021 sin lograr un gobierno estable— parece haber impulsado el respaldo a una figura que se presenta como outsider pese a haber ocupado la jefatura del Estado durante casi una década.
La aritmética parlamentaria, el verdadero reto
Con los datos preliminares sobre la mesa, el principal desafío para Radev será construir una mayoría en la Asamblea Nacional. Ningún resultado conocido hasta el momento sugiere que Bulgaria Progresista vaya a obtener por sí sola los escaños necesarios para investir un presidente del Gobierno sin pactar con otras fuerzas. Los partidos tradicionales —incluyendo GERB, la formación del exprimer ministro Boyko Borisov, y la coalición preuropea— habrían quedado muy por detrás, pero su peso conjunto podría convertirlos en actores clave en las negociaciones de coalición.
La cuestión de con quién pactará Radev es precisamente la que más inquieta a los observadores internacionales. La Unión Europea sigue de cerca la evolución política de Bulgaria, Estado miembro desde 2007, ante el riesgo de que un eventual gobierno liderado por el exgeneral enfríe las relaciones con Bruselas o adopte posiciones más ambiguas respecto a las sanciones a Rusia y el apoyo a Ucrania. Bulgaria, que comparte frontera con Rumanía, Grecia, Turquía, Serbia y Macedonia del Norte, ocupa una posición estratégica en el flanco suroriental de la OTAN, lo que otorga especial relevancia geopolítica a cualquier cambio de orientación en su política exterior.
Un país agotado por la inestabilidad
Para entender el resultado del domingo conviene recordar el contexto que lo precede. Desde 2021, Bulgaria ha vivido en una espiral de elecciones anticipadas, gobiernos en funciones y acuerdos parlamentarios que se rompían antes de consolidarse. La economía búlgara, la más pequeña de la UE en términos de PIB per cápita, arrastra problemas estructurales de corrupción, fuga de talento y dependencia energética que ningún ejecutivo ha logrado abordar con solidez. En ese clima, el discurso de Radev —que combina la denuncia de la corrupción con un nacionalismo económico y una retórica crítica hacia las instituciones europeas— ha conectado con un electorado exhausto.
Los próximos días serán decisivos para conocer el mapa parlamentario completo y para que comiencen las primeras rondas de contactos entre fuerzas políticas. La formación de gobierno en Bulgaria nunca ha sido sencilla en los últimos años, y el escenario actual no apunta a que lo vaya a ser esta vez.