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Magyar exige al presidente húngaro que dimita

El líder de Tisza, con mayoría de dos tercios, ya actúa como jefe del Gobierno antes del nombramiento oficial

Por Carlos García·miércoles, 15 de abril de 2026Actualizado hace 18 h·4 min lectura·2 vistas
Ilustración: Magyar exige al presidente húngaro que dimita · El Diario Joven

Peter Magyar no ha perdido el tiempo. El líder del partido Tisza, que el pasado domingo arrasó en las elecciones legislativas húngaras con una mayoría de dos tercios en el Parlamento, ya se mueve como jefe del Gobierno antes de recibir siquiera el nombramiento oficial. Y su primera exigencia pública ha apuntado directamente al presidente de la República, Tamás Sulyok: que presente su dimisión en cuanto Magyar asuma formalmente el poder ejecutivo.

La petición llegó en un momento que debía haber sido de pura formalidad. Sulyok convocó a los representantes de las tres formaciones con representación parlamentaria —Tisza, Fidesz y Nuestra Patria— para la primera ronda de consultas sobre la formación de Gobierno, un trámite habitual en los sistemas parlamentarios europeos. Sin embargo, Magyar convirtió ese encuentro en una declaración de intenciones: no tiene intención de construir una relación de convivencia institucional con el actual presidente.

La lógica política detrás del movimiento es clara. Sulyok fue elegido presidente de Hungría en febrero de 2024 por el Parlamento, en aquel momento dominado por Fidesz, el partido del hasta ahora primer ministro Viktor Orbán. Su perfil está vinculado al orbánismo: fue juez del Tribunal Constitucional y su nombramiento contó con el respaldo directo del partido que ha gobernado Hungría durante tres legislaturas consecutivas. Para Magyar, mantenerle en la jefatura del Estado mientras él dirige el Gobierno supondría una cohabitación incómoda con un presidente cuya legitimidad política considera incompatible con el nuevo ciclo que pretende inaugurar.

Un resultado histórico que reordena Hungría

La victoria de Tisza el domingo supone uno de los vuelcos políticos más significativos que ha vivido Hungría en la última década. Orbán había logrado mantener esa mayoría de dos tercios en tres elecciones consecutivas desde 2010, lo que le permitió reformar la Constitución, remodelar el sistema judicial y consolidar un modelo de concentración del poder que la Unión Europea ha cuestionado reiteradamente.

Magyar, que hasta hace poco era un nombre casi desconocido en la política húngara —saltó a la primera línea pública a través de denuncias sobre corrupción vinculadas al entorno de Orbán—, ha conseguido en tiempo récord construir una alternativa electoral capaz de desalojar a Fidesz de la mayoría parlamentaria reforzada. Con dos tercios de los escaños, Tisza no necesita pactar con nadie para gobernar ni para modificar la ley fundamental del país.

Esa aritmética parlamentaria es precisamente la que da a Magyar una posición de fuerza excepcional. En los sistemas donde el presidente es elegido por el Parlamento —como ocurre en Hungría—, una mayoría de dos tercios equivale también a la capacidad de elegir un nuevo jefe de Estado. El mandato de Sulyok no expira de forma inminente, pero Magyar puede acelerar los tiempos si cuenta con los votos necesarios para forzar una renovación institucional.

El peso de Orbán en el nuevo escenario

La derrota de Viktor Orbán cierra, al menos provisionalmente, una etapa política que había convertido a Hungría en el principal foco de tensión institucional dentro de la Unión Europea. Budapest bloqueó durante meses ayuda financiera a Ucrania, mantuvo relaciones fluidas con Moscú en plena guerra y fue el único Estado miembro que recibió visitas de Vladimir Putin después de que la Corte Penal Internacional emitiera una orden de arresto contra el presidente ruso. Esas posiciones aislaron a Hungría dentro del bloque europeo y generaron fricciones sostenidas con Bruselas.

Magyar ha prometido un giro en la política exterior y una normalización de las relaciones con las instituciones europeas. La Comisión Europea ha tenido congelados fondos de cohesión destinados a Hungría por incumplimientos del Estado de Derecho, y un cambio de Gobierno abre la puerta a negociaciones que estaban estancadas desde hace años.

Por ahora, sin embargo, lo urgente para Magyar es consolidar el control institucional interno. La exigencia de dimisión a Sulyok es el primer paso de una estrategia que busca evitar que los resortes del Estado sigan en manos de personas nombradas bajo el paraguas político de su predecesor. Lo que ocurra en las próximas semanas —si Sulyok cede, negocia o planta cara— marcará el tono de la transición política en uno de los países que más ha tensado los límites del modelo democrático europeo en los últimos quince años.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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