Péter Magyar y su partido Tisza han logrado este domingo una victoria histórica en las elecciones parlamentarias de Hungría. Con el 87% de los votos escrutados, la formación opositora acumula 138 de los 199 escaños del Parlamento húngaro, frente a los 54 obtenidos por el Fidesz del actual primer ministro Viktor Orbán. El resultado supone el mayor vuelco político del país en más de una década y pone fin a la hegemonía que el mandatario ha ejercido desde 2010.
El tercer partido en alcanzar representación parlamentaria es Mi Hazánk (Nuestra Patria), formación de extrema derecha que se queda con siete escaños. El dato tiene una lectura clara: en el nuevo Parlamento húngaro no habrá ningún diputado procedente de partidos de izquierda, lo que convierte la cámara en un espacio dominado por el centroderecha proeuropeo de Magyar y los residuos del nacionalismo de Orbán en los flancos.
Un ascenso meteórico desde la oposición
Péter Magyar era hasta hace poco un nombre prácticamente desconocido fuera de Hungría. Exmarido de una exministra del Fidesz, saltó a la primera línea política en 2024 tras denunciar públicamente la corrupción y el funcionamiento interno del partido gobernante. En apenas dos años construyó un movimiento que ha conseguido lo que años de oposición fragmentada no lograron: desalojar a Orbán de su posición dominante en las instituciones del país.
Tisza se encuadra dentro del espectro del centroderecha y ha apostado por un discurso claramente proeuropeo, en contraste directo con la línea soberanista y crítica con Bruselas que ha definido al Fidesz durante los últimos años. La Unión Europea ha mantenido tensiones sostenidas con Budapest por cuestiones relacionadas con el Estado de derecho, la independencia judicial y el control de los medios de comunicación, lo que convierte este resultado en un cambio de escenario relevante también para las instituciones comunitarias.
Qué cambia para Europa y el Grupo de Visegrado
La derrota de Orbán tiene repercusiones que van más allá de las fronteras húngaras. El líder del Fidesz había sido uno de los principales impulsores del Grupo de Visegrado, la alianza informal que agrupa a Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia y que en determinados momentos actuó como contrapeso a las políticas de la Comisión Europea. Con Polonia ya gobernada por el proeuropeo Donald Tusk desde finales de 2023, la reorientación húngara deja esa arquitectura política en una situación muy distinta a la de hace apenas tres años.
Además, la posición de Hungría dentro del Partido Popular Europeo —del que el Fidesz fue expulsado en 2021— y su relación con Bruselas sobre fondos estructurales bloqueados por incumplimientos del Estado de derecho podrían renegociarse bajo un nuevo ejecutivo. Magyar ha señalado en repetidas ocasiones su intención de recomponer los vínculos con las instituciones europeas y desbloquear los recursos comunitarios que llevan años retenidos.
La izquierda, fuera del Parlamento
Uno de los datos más llamativos de la noche es la desaparición de los partidos de izquierda del hemiciclo húngaro. Las formaciones progresistas, que en el pasado llegaron a gobernar el país, no han alcanzado el umbral necesario para obtener representación. Este fenómeno no es exclusivo de Hungría: en varios países del centro y el este de Europa la izquierda tradicional lleva años en declive mientras el debate político se reorganiza en torno al eje europeísmo-soberanismo más que en la división clásica izquierda-derecha.
En ese esquema, Magyar representa la opción proeuropea y modernizadora, mientras que Mi Hazánk ocupa el espacio de la derecha identitaria y nacionalista que queda tras el hundimiento del Fidesz. La concentración del voto opositor en Tisza fue clave para evitar la dispersión que en elecciones anteriores había permitido a Orbán mantener su mayoría con porcentajes de voto relativamente modestos gracias al sistema electoral húngaro.
Las próximas semanas serán determinantes para conocer el ritmo de la transición y los primeros pasos de un eventual gobierno de Magyar. La formación de gabinete, la relación con las instituciones europeas y el manejo de una economía que acumula desequilibrios tras años de gestión del Fidesz marcarán los primeros compases de lo que, según los resultados del domingo, es el inicio de una nueva etapa política en Hungría.