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La hiperhidrosis afecta al 3% de la población y sigue sin diagnosticarse

Dermatólogos advierten de que el sudor excesivo no es una cuestión estética sino una enfermedad tratable con múltiples opciones terapéuticas

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026Actualizado hace 1 h·4 min lectura·1 vistas
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Sudar es una función corporal necesaria, un mecanismo que el organismo utiliza para regular su temperatura. Sin embargo, cuando esa sudoración se dispara sin motivo aparente —sin calor, sin esfuerzo físico— y alcanza un nivel que interfiere en las actividades más cotidianas, deja de ser algo normal para convertirse en un problema médico. Se llama hiperhidrosis, afecta a entre el 1% y el 3% de la población según las estimaciones más aceptadas, y los especialistas insisten en que sigue siendo un trastorno del que se habla demasiado poco.

La doctora Ángela Hernández, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), lo resume con claridad: no se trata de una manía ni de una cuestión meramente estética, sino de una enfermedad real que puede condicionar aspectos tan básicos como dar la mano, escribir, utilizar el teléfono móvil o elegir qué ropa ponerse. En el caso de los jóvenes y adolescentes, el impacto resulta especialmente severo, ya que puede derivar en problemas de autoestima, ansiedad social e incluso aislamiento, según apunta el doctor Rafael Serena, especialista en láser y medicina estética y director de Serena Clínic en Barcelona.

Qué ocurre en el cuerpo cuando se suda en exceso

La hiperhidrosis consiste en un aumento anormal de la sudoración producida por las glándulas ecrinas, las más abundantes del cuerpo humano y distribuidas por prácticamente toda la superficie cutánea. Estas glándulas están reguladas por el sistema nervioso simpático, la rama del sistema nervioso autónomo que prepara al organismo para situaciones de estrés, acción o emergencia. En las personas con hiperhidrosis, ese mecanismo nervioso está sobreactivado, lo que provoca una producción de sudor desproporcionada respecto a las necesidades reales del cuerpo.

La forma más común del trastorno es la hiperhidrosis focal primaria, localizada en zonas concretas como las axilas, las palmas de las manos, las plantas de los pies o la cara, aunque también puede manifestarse en la nuca, la zona lumbar o el cuero cabelludo. La dermatóloga Hernández, que ejerce en el Instituto de Medicina y Dermatología Avanzada (IMDA), precisa que no se debe a una mayor cantidad de glándulas sudoríparas, sino a su hiperactivación. Además, existe un probable componente genético detrás del trastorno, dado que es habitual encontrar a varios miembros de una misma familia afectados.

En España no existe un registro nacional de pacientes con hiperhidrosis, ni tampoco abundan las asociaciones de afectados. Esta falta de visibilidad contribuye a que muchas personas convivan durante años con el problema sin saber que tiene solución médica.

Cuándo el sudor señala otra enfermedad

No todas las formas de sudoración excesiva responden al mismo origen. Cuando la hiperhidrosis aparece de forma generalizada por primera vez en la edad adulta, es asimétrica —por ejemplo, afecta a una axila pero no a la otra— o persiste durante el sueño, los especialistas consideran que puede tratarse de una hiperhidrosis secundaria, es decir, vinculada a otra dolencia subyacente.

Entre las posibles causas se encuentran situaciones como el embarazo, la obesidad o la menopausia, trastornos endocrinos como el hipertiroidismo, cuadros de ansiedad, tumores endocrinos poco frecuentes o enfermedades neurológicas y medulares. El consumo de alcohol, opiáceos o determinados fármacos también puede desencadenar ese exceso de sudoración. En estos casos, según la doctora Hernández, lo prioritario no es solo abordar el síntoma, sino identificar y tratar la causa que lo origina.

Tratamientos disponibles: del antitranspirante a la toxina botulínica

El abanico terapéutico para la hiperhidrosis es más amplio de lo que muchos pacientes imaginan, aunque conviene señalar que la sanidad pública en España solo cubre su tratamiento en situaciones extremas. Para los casos leves, el punto de partida habitual son los antitranspirantes con sales de aluminio, una opción accesible y de primera línea.

Cuando la intensidad del problema requiere medidas más contundentes, entran en juego los fármacos anticolinérgicos, que pueden administrarse tanto por vía tópica como oral. En los últimos años han aparecido también técnicas basadas en microondas, radiofrecuencia y láser, especialmente indicadas para la hiperhidrosis axilar. Para manos y pies, la iontoforesis —una técnica que utiliza corrientes eléctricas de baja intensidad— ofrece resultados en la reducción de la sudoración localizada. La cirugía queda reservada como último recurso para los casos más severos, ya que, aunque puede ser eficaz, resulta más agresiva y no suele plantearse como primera opción.

Sin embargo, uno de los tratamientos con mayor respaldo clínico sigue siendo la toxina botulínica, administrada mediante microinyecciones en las zonas afectadas. El doctor Rafael Serena, con tres décadas de experiencia aplicando esta técnica en su clínica de Barcelona, detalla que el procedimiento bloquea temporalmente la actividad de las glándulas sudoríparas. El efecto comienza a percibirse a partir del cuarto día y, en la mayoría de los casos, reduce la sudoración en torno al 90%.

Serena explica que la eliminación total del sudor no es el objetivo, ya que una supresión completa —lo que se denomina anhidrosis— provocaría sequedad extrema y lesiones cutáneas. El tratamiento se realiza en una única sesión anual y, según la experiencia acumulada, muchos pacientes experimentan una mejoría progresiva que se mantiene durante tres o cuatro años.

Un problema que necesita más visibilidad

Pese a la variedad de opciones terapéuticas disponibles, el principal obstáculo sigue siendo el desconocimiento. El propio doctor Serena reconoce que, con frecuencia, al saludar a nuevos pacientes percibe una sudoración excesiva en sus manos y escucha la misma frase: "No sabía que esto se podía tratar". Esa falta de información, unida a la escasa cobertura pública del tratamiento, hace que muchas personas asuman la hiperhidrosis como algo inevitable con lo que simplemente hay que convivir.

Los dermatólogos consultados coinciden en que es necesario normalizar la conversación sobre este trastorno y facilitar el acceso al diagnóstico. La hiperhidrosis no es una rareza estadística, afecta potencialmente a cientos de miles de personas solo en España, y las herramientas para mejorar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen ya existen. El primer paso, insisten, es que tanto los pacientes como los profesionales de atención primaria dejen de restarle importancia.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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