El fenómeno del sinhogarismo en Oviedo ha experimentado un cambio notable en los últimos años. Ya no solo afecta a personas con adicciones o problemas crónicos, sino que incluye a trabajadores con ingresos insuficientes para el alquiler, jóvenes inmigrantes que terminan los centros de menores y ancianos sin alternativas habitacionales. Esta nueva realidad se refleja en el centro de atención a personas sin hogar Cano Mata Vigil, gestionado por Cáritas Diocesana en San Lázaro.
Según los datos del centro, en 2025 un total de 1.261 personas han utilizado sus servicios, más del doble que en 2022, con un crecimiento cercano al 30%. De los usuarios, 300 son menores de 30 años, y 93 tienen más de 65 años. Además, 740 personas usaron este recurso por primera vez y 193 presentan un uso reiterado, por encima de tres ocasiones al año. La ocupación de las 65 camas disponibles ronda el 93%, y diariamente 57 personas acuden a la sala externa, que funciona como centro de día.
Patricia Balaña, coordinadora del Cano Mata, destaca que este incremento va acompañado de un cambio en el perfil de quienes acuden al albergue. Ahora hay una cantidad considerable de personas con empleo que no pueden cubrir los gastos de vivienda, jóvenes muy jóvenes que acaban de salir de centros tutelados y no tienen opciones de alojamiento, así como mayores que esperan una plaza en residencias públicas. "La dificultad para acceder a una vivienda digna es un factor crucial", indica Balaña.
El equipo del Cano Mata, formado por una veintena de profesionales y ayudado por 18 voluntarios, pone énfasis en la atención integral y personalizada de los usuarios. Trabajan con una metodología que prioriza la participación activa de las personas atendidas y el acompañamiento horizontal, fomentando la confianza, la autonomía y los vínculos sociales. El centro no solo ofrece un techo temporal, sino que también pretenden que sea un espacio de normalidad y convivencia, donde se desarrollen tareas cotidianas, se celebren momentos festivos y se mantenga el ánimo a través del humor.
Entre quienes colaboran está Goyo Pérez, el cocinero encargado de la alimentación diaria, quien subraya la demanda creciente y la importancia de su labor, especialmente ante la dificultad social que enfrentan estas personas. Carmen Baralda, voluntaria jubilada, dedica su tiempo a ayudar en distintos ámbitos, como la preparación de medicación para usuarios con problemas de salud mental, demostrando el compromiso comunitario que soporta este recurso.
Uno de los casos más destacados es el de "Javi" Molins, un hombre de 42 años de Cataluña que, tras seis meses en la calle en Oviedo, ha logrado una estancia prolongada en el albergue para recuperarse. Molins, que no consume alcohol ni drogas, relata la dureza del sinhogarismo: "La calle es la experiencia más dura; pasas frío y miedo, y no sabes si te vas a despertar al día siguiente". Tras buscar en decenas de pisos sin éxito y vivir en la calle, encontró en el Cano Mata un espacio para descansar, asearse y buscar empleo activamente.
Javi representa a un grupo cada vez más amplio que, a pesar de estar en paro o con bajos ingresos, lucha por salir adelante en una ciudad con un mercado inmobiliario inaccesible. El centro admite que algunos usuarios permanecen en estancias más largas debido a trabajo, formación o necesidades de salud, y que el acompañamiento está adaptado a cada circunstancia.
Entre los beneficiarios también se encuentran jóvenes como Danil, un ruso que espera la resolución de su asilo político, y otras personas con historias similares que encuentran en el Cano Mata un último recurso para no caer en la calle.
El albergue responde además a críticas y temores sociales señalando que sus usuarios son personas con objetivos y esperanzas, no un problema para la comunidad. La coordinadora insiste en que este centro forma parte de la solución al sinhogarismo y trabaja en red con distintos agentes sociales para evitar que nadie quede sin apoyo.
La situación descrita en Oviedo es un reflejo de un fenómeno nacional donde la inseguridad económica y la crisis de vivienda agravan la exclusión social. Según informes recientes, la falta de viviendas asequibles y la precariedad laboral contribuyen a que cada vez más personas se vean abocadas a vivir sin hogar, un escenario que exige respuestas contundentes desde las administraciones y la sociedad civil.
Para más información sobre el sinhogarismo y respuestas sociales consulte los datos del Instituto Nacional de Estadística y las políticas sociales locales de Cáritas Diocesana de Oviedo.
La situación del sinhogarismo en Oviedo, como en otras ciudades, es compleja y creciente, pero se trabaja para ofrecer oportunidades reales de recuperación y dignidad a quienes lo necesitan.