Proyecto Hombre lleva 39 años trabajando en Asturias contra las adicciones. Desde que la asociación echó a andar en la región, cerca de 18.000 personas han pasado por alguno de sus programas de tratamiento, una cifra que da la medida del alcance de su labor en la comunidad asturiana. Hoy, la entidad mantiene una estructura de 75 trabajadores y 100 socios voluntarios que sostienen la atención a aproximadamente 1.500 usuarios al año.
El mensaje que la organización quiere que cale en la sociedad es sencillo pero contundente: salir de una adicción es posible. Esa idea vertebra la filosofía de Proyecto Hombre, una asociación presente en toda España que combina tratamiento psicológico, acompañamiento social y apoyo familiar para guiar a las personas en proceso de recuperación.
El perfil de quien pide ayuda ha cambiado
Las adicciones no tienen un único rostro. Con el paso de las décadas, el perfil de las personas que acuden a Proyecto Hombre en Asturias se ha diversificado. Ya no se trata solo de dependencia al alcohol o a sustancias ilegales clásicas: los trastornos relacionados con el juego online, las pantallas o los videojuegos han ganado peso en las consultas, especialmente entre los más jóvenes. Este cambio refleja una tendencia reconocida también por organismos como la Organización Mundial de la Salud, que en los últimos años ha ampliado la definición de trastornos adictivos para incluir conductas no vinculadas a sustancias.
En paralelo, la entidad ha reforzado su atención a un colectivo históricamente invisibilizado dentro del mundo de las adicciones: las mujeres. Según la directora técnica de Proyecto Hombre Asturias, Heli Álvarez, las mujeres enfrentan una barrera adicional cuando buscan ayuda: el estigma social es más intenso y las responsabilidades familiares pesan más sobre ellas, lo que retrasa o dificulta que den el paso de pedir tratamiento.
Un estigma doble para las mujeres
Esta realidad no es exclusiva de Asturias. Diversos estudios sobre género y adicciones señalan que las mujeres tardan más en acceder a tratamiento precisamente porque el juicio social sobre su consumo resulta más severo que el que recae sobre los hombres. A eso se suma la carga del cuidado: hijos, personas mayores dependientes, gestión del hogar. Cuando una mujer decide ingresar en un programa de recuperación, a menudo tiene que resolver antes quién asume esas responsabilidades, algo que no ocurre con la misma frecuencia en el caso de los hombres.
El Plan Nacional sobre Drogas, dependiente del Ministerio de Sanidad, ha identificado esta brecha de género como uno de los retos pendientes en las políticas de atención a las adicciones en España. Las estadísticas oficiales reflejan que, aunque el número de mujeres con problemas de adicción es significativo, están infrarrepresentadas en los programas de tratamiento respecto a su peso real entre la población afectada.
Gijón Solidario, escaparate de la labor social
La aparición de Proyecto Hombre en el Ciclo Gijón Solidario, celebrado en el Ateneo Jovellanos de Gijón, sirve como altavoz para una causa que todavía arrastra prejuicios. Este tipo de foros permiten a las entidades del tercer sector explicar su trabajo a la ciudadanía, reclamar apoyo institucional y romper estereotipos sobre quién sufre una adicción y cómo se puede superar.
Gijón acoge con cierta regularidad iniciativas de este tipo que ponen en valor el tejido asociativo asturiano. La ciudad cuenta con una red de organizaciones sociales activa que cubre desde la atención a personas sin hogar hasta programas de salud mental, y Proyecto Hombre es una de las referencias más consolidadas dentro de ese ecosistema.
Recursos y voluntad política
Más allá de los logros acumulados en casi cuatro décadas, la entidad enfrenta retos estructurales. La financiación pública es uno de ellos: los programas de tratamiento de adicciones dependen en buena medida de subvenciones y conciertos con las administraciones, lo que genera cierta incertidumbre presupuestaria de un año para otro. Con 1.500 personas atendidas anualmente solo en Asturias, la escala del problema exige una respuesta sostenida y planificada a largo plazo.
La asociación también apuesta por la prevención como herramienta clave. Parte de su actividad se dirige a centros educativos y entornos juveniles, donde se trabaja la educación sobre consumo de sustancias y adicciones conductuales antes de que el problema aparezca. En un contexto en que el acceso a sustancias y a estímulos adictivos es más fácil que nunca para los jóvenes, la prevención temprana gana relevancia estratégica.
Tras 39 años de historia, el balance de Proyecto Hombre en Asturias es el de una organización que ha acompañado a miles de personas en uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Y que sigue insistiendo en un mensaje que, a veces, es lo que alguien necesita escuchar: se puede salir.