El cementerio de El Sucu de Gijón fue este martes el escenario central de los actos de conmemoración del 95 aniversario de la proclamación de la Segunda República Española, el régimen que nació el 14 de abril de 1931 tras la caída de la monarquía de Alfonso XIII y que marcó un punto de inflexión en la historia democrática del país. El lugar no fue elegido al azar: su carga simbólica lo convierte, año tras año, en punto de encuentro para quienes quieren rendir tributo a quienes perdieron la vida defendiendo las libertades que ese período histórico trató de consolidar.
La ofrenda floral fue el acto central de la jornada. Hugo Abad y Carmen Eva Pérez depositaron flores frente a las sepulturas de Eduardo Varela y Teresa Olaya, dos figuras representativas de quienes sufrieron la represión posterior al golpe de Estado de 1936. El gesto, sencillo pero cargado de significado, reunió a representantes del Partido Socialista Obrero Español, del Ateneo Obrero de Gijón y de la Sociedad Cultural Gijonesa, tres entidades con una larga tradición de vinculación a la memoria histórica y a los valores del republicanismo español.
Los organizadores enmarcaron el homenaje en un contexto que consideran especialmente relevante. Las referencias a «los vientos autoritarios» que soplan en distintos puntos del mundo occidentalsirvieron de telón de fondo para reivindicar los principios de libertad, igualdad y separación de poderes que, según los participantes, la Segunda República intentó poner en práctica por primera vez de forma efectiva en España. La efeméride, lejos de quedarse en un ejercicio nostálgico, se planteó como una llamada a la vigilancia democrática en el presente.
El significado del 14 de abril
La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 supuso una transformación profunda del sistema político español. En apenas cinco años de existencia, el nuevo régimen impulsó reformas que abarcaron desde la educación laica y pública hasta el reconocimiento del voto femenino en 1933, pasando por la autonomía de regiones como Cataluña o el País Vasco. Según la historiografía contemporánea, fue también el primer período en que se intentó articular un Estado moderno con separación real entre Iglesia y Estado, algo que generó una resistencia intensa en sectores conservadores y que contribuyó a la polarización que desembocó en la Guerra Civil.
Asturias ocupa un lugar especial en esa historia. La región protagonizó en octubre de 1934 una insurrección obrera que anticipó el enfrentamiento que se extendería por toda España dos años después. La represión que siguió a aquel levantamiento dejó una huella profunda en la memoria colectiva asturiana, y lugares como el cementerio de El Sucu custodian parte de ese legado. No es casual, por tanto, que Gijón sea una de las ciudades donde la conmemoración del 14 de abril mantiene más fuerza y continuidad.
Tres décadas de memoria organizada
La colaboración entre el PSOE local, el Ateneo Obrero y la Sociedad Cultural Gijonesa no es nueva. Las tres entidades llevan años organizando conjuntamente actos de memoria histórica en la ciudad, con el objetivo de mantener viva la conexión entre las generaciones más jóvenes y un período que, en muchos casos, sigue siendo desconocido o tergiversado. El Ateneo Obrero de Gijón, fundado en el siglo XIX, es una de las instituciones culturales con mayor raigambre de la ciudad y ha sido históricamente un espacio de debate político y cultural vinculado a la clase trabajadora.
Este tipo de actos se inscriben además en el marco de la Ley de Memoria Democrática aprobada en España en 2022, que obliga a las administraciones públicas a promover el conocimiento y el reconocimiento de las víctimas del franquismo y de quienes defendieron la democracia republicana. Aunque la aplicación de la norma ha generado debate político, su existencia ha dado un nuevo impulso institucional a iniciativas como la de este martes en Gijón.
La jornada del 14 de abril se repite en decenas de ciudades españolas con mayor o menor visibilidad pública. En Gijón, la convocatoria congregó a participantes de distintas generaciones, lo que los organizadores interpretan como una señal de que el interés por este período histórico no decae, sino que encuentra nuevos públicos entre quienes buscan en el pasado claves para entender el presente. La ofrenda floral en El Sucu cerró los actos oficiales, aunque la jornada incluyó también intervenciones de los representantes de las entidades convocantes, que insistieron en la vigencia de los valores republicanos ante lo que describieron como un momento de incertidumbre para las democracias europeas.