Los vecinos de El Cristo, Montecerrao y Buenavista llevan catorce años conviviendo con la incertidumbre. Desde que el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) trasladó su actividad al nuevo complejo de La Cadellada, el enorme recinto que dejó atrás permanece en un limbo urbanístico que ninguna administración ha resuelto de forma definitiva. Para hacerse oír con más fuerza, estos barrios de Oviedo han dado un paso formal: la creación de la Unión Vecinal de El Cristo, Montecerrao y Buenavista, que este martes 14 de abril celebró su presentación oficial en el centro social de El Cristo.
La nueva entidad nace con un objetivo declarado: convertirse en «la voz reivindicativa» de una zona que, según sus propios impulsores, ha quedado al margen de las grandes decisiones urbanísticas de la ciudad durante más de una década. El acto de presentación contó con una presencia política destacada. Asistió el primer teniente de alcalde de Oviedo, Mario Arias, del Partido Popular, junto a concejales de Izquierda Unida y de VOX. El PSOE, por su parte, no pudo estar presente por compromisos previos de agenda.
El viejo HUCA ocupa una superficie considerable en uno de los accesos principales a Oviedo y su futuro lleva años siendo objeto de debate sin que haya cristalizado ningún proyecto concreto y consensuado. Las opciones que han circulado a lo largo del tiempo van desde usos universitarios hasta desarrollos residenciales o equipamientos públicos, pero ninguna ha avanzado lo suficiente como para ofrecer a los vecinos una hoja de ruta clara. Es precisamente ese vacío el que la nueva asociación quiere combatir, reclamando que las administraciones implicadas alcancen «un acuerdo definitivo» sobre el destino del solar y los edificios.
Un contexto urbanístico pendiente de resolución
El traslado del HUCA a La Cadellada se completó en torno a 2014, cuando el nuevo hospital, uno de los más modernos de España en su momento, empezó a absorber la actividad asistencial. La operación supuso una transformación sanitaria de gran calado para Asturias, pero dejó sin resolver qué hacer con las instalaciones anteriores, situadas en un enclave estratégico de la ciudad. El Ayuntamiento de Oviedo y el Principado de Asturias comparten competencias sobre el área, lo que ha complicado históricamente la toma de decisiones conjuntas.
En los últimos años, el nombre de la Universidad Alfonso X El Sabio (UAX) ha aparecido en conversaciones sobre un posible uso del espacio, aunque sin concreción pública suficiente. Los vecinos, mientras tanto, han visto cómo el deterioro de algunas estructuras avanzaba y cómo la zona perdía dinamismo comercial y social en comparación con otros barrios de la capital asturiana.
La Unión Vecinal surge, en ese contexto, como un interlocutor organizado que aspira a tener voz en las negociaciones. La presencia de representantes de distintos partidos en su acto fundacional —desde el PP hasta IU, pasando por VOX— sugiere que la demanda de una solución para el viejo HUCA concita un apoyo transversal en el consistorio, más allá de las divisiones ideológicas habituales.
Qué piden los vecinos
Más allá del viejo hospital, la nueva asociación pretende aglutinar las demandas cotidianas de tres barrios con problemáticas propias: movilidad, mantenimiento de espacios públicos, servicios y equipamientos. La figura de la asociación vecinal como canal de participación ciudadana está reconocida en la legislación española, y el reglamento de participación ciudadana del Ayuntamiento de Oviedo establece mecanismos formales para que estas entidades trasladen sus peticiones al pleno y a las distintas áreas municipales.
Con su constitución como realidad jurídica, la Unión Vecinal de El Cristo, Montecerrao y Buenavista puede ahora acceder a esos cauces oficiales y negociar en condiciones de mayor igualdad con la administración local. Sus responsables han dejado claro que la prioridad inmediata es acelerar una decisión sobre el antiguo recinto hospitalario, aunque la agenda vecinal no se agota ahí.
El debate sobre el viejo HUCA no es nuevo, pero la creación de una plataforma vecinal organizada introduce un actor que hasta ahora faltaba en la ecuación. Si las conversaciones entre el Ayuntamiento, el Principado y los posibles promotores privados o universitarios retoman impulso, los residentes de estos barrios tendrán por primera vez una estructura formal desde la que participar, exigir plazos y pedir cuentas. La pelota, como lleva siendo desde 2014, sigue en el tejado de las instituciones.