España necesita 700.000 albañiles, encofradores, electricistas y pintores que no están. No es un titular exagerado: es la cifra que maneja la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) para cuantificar el déficit estructural de mano de obra en el sector, un agujero que no para de crecer y que tiene consecuencias muy directas sobre los precios de la vivienda, los plazos de entrega de obra y la competitividad de miles de empresas. El problema lleva años gestándose, pero ahora ha alcanzado una dimensión que ya no se puede ignorar.
El dato que mejor resume la magnitud del reto no es el de las vacantes sin cubrir, sino el que revela cuántos jóvenes hay en el sector. Según el informe de BBVA Research sobre escasez de mano de obra en construcción, más del 55% de los empleados supera los 45 años y solo un 9% tiene menos de 30. En 2008, ese porcentaje de jóvenes rozaba el 25%. Es decir, en menos de dos décadas, el sector ha perdido prácticamente toda su cantera de relevo. De las 1.530.002 personas ocupadas actualmente, apenas 164.898 tienen menos de 30 años, y el 22% restante supera los 55, lo que significa que podrían jubilarse en la próxima década. El envejecimiento no es una amenaza futura: ya está pasando.
Un déficit que se ha cuadruplicado desde 2016
Las cifras de vacantes sin cubrir en el sector se han multiplicado por cuatro entre 2016 y 2024, según el mismo informe de BBVA Research. La construcción es, de hecho, la actividad donde más han crecido los puestos que las empresas no logran cubrir. Un análisis elaborado por Randstad con datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) confirma que, pese al crecimiento del empleo en el sector —que cerró 2025 con 1,56 millones de trabajadores, un 5,4% más que el año anterior—, la demanda de perfiles cualificados supera con creces la oferta disponible. Los perfiles más demandados son albañiles, electricistas, fontaneros, pintores, montadores y encofradores, así como oficiales de primera y encargados de obra, posiciones cuya cobertura resulta cada vez más compleja.
Esta escasez no es solo un problema de las empresas: se traslada directamente a los bolsillos de quien quiere comprar o alquilar una vivienda. El Banco de España estima un déficit de 600.000 viviendas en el país, y en 2025 se finalizaron apenas 88.254, cerca de un tercio de las que se necesitan. La falta de manos para construir es una de las causas directas de ese bloqueo. Con menos trabajadores disponibles, los proyectos se alargan, los costes de mano de obra suben y ese incremento acaba repercutiendo en el precio final del inmueble. El número de vacantes en el sector ha experimentado un crecimiento del 89,6% en la última década, lo que genera tensiones salariales y retrasos en los proyectos que afectan a la competitividad global del sector.
Por qué los jóvenes no quieren ser albañiles
La pregunta incómoda es la que nadie quiere responder del todo: ¿por qué no entra gente joven al sector? La respuesta tiene varias capas. La primera, y más obvia, es la imagen. Durante años, la construcción ha arrastrado la mochila de la crisis de 2008, cuando el sector destruyó cientos de miles de empleos y muchos trabajadores abandonaron el oficio para no volver. Esa cicatriz todavía condiciona la percepción del sector entre los jóvenes, que lo asocian a inestabilidad y dureza física antes que a oportunidad profesional.
La segunda capa es la formativa. Según el análisis de BBVA Research, el porcentaje de alumnos matriculados en la familia de edificación y obra civil en Formación Profesional es muy bajo: apenas el 0,9% del alumnado total en grado básico y el 0,4% en grado medio. El propio informe del Ministerio de Trabajo sobre ajuste de oferta y demanda de empleo apunta que existe un desajuste real y persistente en la construcción: no hay tanto falta de demanda de empleo como falta de mano de obra cualificada que se ajuste a los perfiles que las empresas necesitan. Y las empresas, en su mayoría pymes con recursos limitados, no siempre están dispuestas a formar internamente a candidatos sin experiencia.
La tercera capa es salarial. El sueldo base de un peón de obra ronda los 1.300 euros mensuales según el convenio sectorial vigente, una cifra que ha ido mejorando por la presión del SMI y la escasez laboral, pero que sigue sin resultar suficientemente atractiva para una generación que compara opciones y valora la conciliación. Analistas como Gonzalo Bernardos, economista de la Universidad Autónoma de Barcelona, anticipan subidas salariales importantes en el sector precisamente como consecuencia de esta escasez, llegando a proyectar sueldos de entre 5.000 y 6.000 euros mensuales para perfiles especializados en un horizonte no muy lejano. Si esa tendencia se consolida, el atractivo del sector podría cambiar.
La inmigración como válvula de escape, no como solución definitiva
En este contexto, la llegada de trabajadores extranjeros ha funcionado como el principal amortiguador del déficit. Entre 2022 y 2024 se produjo un punto de inflexión: el peso de los trabajadores inmigrantes en las cinco principales ocupaciones del sector —albañiles, peones de obra, electricistas, fontaneros y pintores— ha aumentado de forma notable. Este fenómeno ha permitido un ligero rejuvenecimiento del sector y ha aliviado temporalmente la presión sobre las vacantes. Sin embargo, los propios datos advierten de que la llegada de mano de obra extranjera no resuelve el problema estructural: es un parche, necesario e importante, pero insuficiente si no va acompañado de formación y de relevo generacional local.
En este escenario, han ido surgiendo en el mercado plataformas especializadas en conectar empresas españolas con trabajadores internacionales cualificados. Es el caso de kontrata.es, que trabaja en la captación y gestión de perfiles de construcción, energía y sectores manuales procedentes de países hispanohablantes como Chile, Perú, Paraguay o Ecuador. Este tipo de iniciativas responde a una necesidad concreta: no solo encontrar trabajadores, sino acompañar el proceso de selección, documentación y llegada del profesional, algo que para muchas pymes resulta una barrera infranqueable si lo intentan por su cuenta.
Un reto estructural que va más allá del ladrillo
El problema del déficit de mano de obra en construcción no es exclusivo del sector. Un estudio del Observatorio de la Formación Profesional de CaixaBank Dualiza y Orkestra señala que en España existe un déficit de casi 3,5 millones de personas menores de 30 años en la población ocupada para compensar el peso de quienes se irán jubilando en los próximos años. La construcción es, simplemente, el sector donde ese desequilibrio se nota con más intensidad y tiene consecuencias más inmediatas y visibles.
La Plataforma Tecnológica Española de Construcción (PTEC) lo ha resumido con claridad en su informe sobre gestión del talento: sin una estrategia eficaz de incorporación de jóvenes, la construcción podría enfrentarse a una escasez de mano de obra sin precedentes. Y la falta de profesionales no solo afecta a la cantidad de proyectos, sino también a su calidad y a la capacidad del sector para adoptar nuevas tecnologías. La combinación de escasez de talento, transformación tecnológica y cambios demográficos obliga a actuar con rapidez en varios frentes a la vez: mejorar la imagen del sector, reforzar la FP vinculada a los oficios, agilizar los mecanismos de contratación internacional y, sobre todo, ofrecer condiciones laborales que compitan de verdad con otros sectores. Mientras tanto, las obras esperan.