Donald Trump anunció este viernes a través de su red social Truth Social que la próxima semana subirá los aranceles aplicados a los automóviles y camiones europeos exportados a Estados Unidos hasta el 25%, desde el 15% que pagan actualmente. El motivo alegado por el presidente estadounidense es que la Unión Europea habría incumplido el acuerdo comercial alcanzado entre ambas partes el verano pasado, aunque Trump no ofreció ningún detalle sobre en qué consiste dicho supuesto incumplimiento. El arancel vigente del 15%, además, no es recíproco: los vehículos fabricados en EE UU no pagan ese mismo porcentaje al entrar en Europa.
El anuncio no tardó en trasladarse a los parqués. Con los mercados europeos cerrados por la festividad del Primero de Mayo, la reacción se concentró en Wall Street, donde los inversores respondieron con ventas en el sector del automóvil. A media sesión, Ford caía un 1,95%, General Motors un 1,22% y Ferrari un 2,08%, según los datos de cotización en tiempo real. La escalada arancelaria recuerda a los episodios más tensos del primer mandato de Trump, cuando los mensajes en redes sociales del presidente eran capaces de mover mercados en cuestión de minutos.
En el mismo mensaje, Trump dejó caer la alternativa que, a su juicio, tienen las marcas europeas para evitar el gravamen: instalar sus plantas de fabricación en suelo estadounidense. El presidente destacó que actualmente hay fábricas en construcción en el país con una inversión superior a los 100.000 millones de dólares y aseguró que se trata de una cifra récord en la historia de la industria automovilística. La estrategia de Trump combina así la presión arancelaria con un mensaje de atracción de inversión industrial al país.
Alemania, el gran damnificado en Europa
El mayor perjudicado por la medida en el bloque europeo es Alemania. Según los datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, el país germano exportó vehículos a EE UU por valor de casi 24.782 millones de dólares en 2024, lo que equivale a unos 21.100 millones de euros al cambio actual. Eso convierte a Alemania en el quinto mayor exportador de coches al mercado estadounidense, solo por detrás de México, Japón, Corea del Sur y Canadá. Marcas como Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz, con volúmenes de exportación significativos hacia Norteamérica, son las que más tienen que perder con esta subida.
El anuncio llega además en un momento especialmente delicado. El sector del automóvil europeo ya atravesó un año 2025 muy complicado, en parte como consecuencia de las distintas oleadas arancelarias impulsadas por la administración Trump desde el inicio de su segundo mandato. Las cuentas de los propios fabricantes estadounidenses también acusaron el golpe, lo que no impidió que el presidente insistiera en la misma política.
España: impacto mínimo en vehículos, pero no en componentes
En lo que respecta a España, la afectación directa sobre la industria del automóvil es prácticamente nula. El país no exporta vehículos a Estados Unidos desde 2023, último año en el que salieron coches desde las plantas de Ford en Almussafes (Valencia) y de Mercedes-Benz en Vitoria. Aquellos modelos eran las furgonetas Ford Transit Connect y Tourneo Connect, y la Mercedes Vito, que se comercializaba allí bajo el nombre Metris. Mercedes dejó de venderla en EE UU por un problema de homologación, mientras que Ford optó por retirar modelos de la planta valenciana, que hoy trabaja a mínimos con un único modelo, el Kuga.
Donde sí existe exposición es en la industria de componentes. Según los datos de Sernauto, la patronal del sector en España, las exportaciones directas de piezas a Estados Unidos representaron en 2024 el 4% de las ventas al exterior de los fabricantes de componentes nacionales, lo que equivale a unos 1.021 millones de euros. Pero el riesgo indirecto es mayor: España vende una parte importante de sus componentes a países europeos como Alemania, que sí exportan el vehículo terminado a EE UU y que ahora verán encarecer sus márgenes.
La medida anunciada por Trump se enmarca en una estrategia comercial que el presidente lleva aplicando desde su regreso a la Casa Blanca: presión arancelaria combinada con incentivos para relocalizar la producción en suelo estadounidense. La Comisión Europea aún no ha respondido oficialmente al anuncio, aunque Bruselas ha avisado en varias ocasiones de que responderá con medidas equivalentes si Washington eleva unilateralmente los gravámenes sobre productos europeos. El pulso entre las dos mayores economías del mundo está, de nuevo, servido.